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¿Una nueva guerra santa?

Desde entonces hemos aquilatado la importancia de la libertad de expresión, la tolerancia y el respeto a las diferencias. Ese ideal hoy se encuentra amenazado.

Thomas Aikenhead estudiaba en la Universidad de Edimburgo. En un pub, con un grupo de amigos -quizá con unas cervezas de más- se habría burlado de las Escrituras, llegando incluso a mofarse de Dios y negar la Trinidad. Sus compañeros lo delataron. Se le acusó de blasfemia. Fue enjuiciado. Y en 1697, a los 20 años, ahorcado. Esta fue la última ejecución por temas religiosos en Gran Bretaña. Algo muy simbólico en los albores de la Ilustración.

Voltaire, un célebre de la Ilustración, lamentó no estar de acuerdo con las ideas de otro, pero ofreció su vida por el derecho a defenderlas. Desde entonces hemos aquilatado la importancia de la libertad de expresión, la tolerancia y el respeto a las diferencias. Ese ideal hoy se encuentra amenazado.

La nueva cultura de la cancelación es un fenómeno inquietante. Ya hemos visto lo que sucedió en The New York Times, lo que ha pasado en Princeton con Woodrow Wilson y ahora en Yale (#CancelYale). Las estatuas caen y la película “Gone with the Wind” será transmitida con advertencias. Así avanza este coro de lo correcto. A veces me pregunto si terminaremos censurando o prohibiendo a Platón y Aristóteles por defender el infanticidio. ¿No será mejor entender el contexto con ánimo reflexivo, y no descalificar con ese espíritu inquisidor que solo ve el pasado con los ojos del presente?

Lectura de la tragedia «El huérfano de la China», de Voltaire, en el salón de madame Geoffrin en 1755 (1812), autor: Lemonnier. Este cuadro fue un encargo de la emperatriz Josefina. Entre los asistentes, en presencia de un busto de Voltaire, exiliado en el momento en que se desarrolla la escena, están entre otros Montesquieu, Rousseau y otros numerosos enciclopedistas y pensadores de la Ilustración francesa.

Además, las universidades se han ido convirtiendo en espacios protegidos. Las aulas, e incluso la enseñanza, han transitado de la riqueza de la espontaneidad a la restricción, del desorden del trial and error a un orden aséptico, de la honestidad intelectual a lo que se supone correcto. Hoy los profesores se controlan y se miden. Piensan cada palabra y cada gesto. Los polémicos chispazos, los atrevidos juicios como el de Aikenhead -remezones que nos obligan a pensar- son cada vez más escasos. Atrás quedaron esas conversaciones libres, esos seminarios en un bar o algún asado de fin de año con los estudiantes.

En una carta publicada en Harper’s, un grupo de 153 intelectuales y artistas reaccionaron ante la “sofocante e intolerante” atmósfera que vivimos. Argumentan que “nuestras instituciones culturales enfrentan un duro momento de prueba”. Acusan esta nueva intolerancia gatillada por “la moda de avergonzar al otro para excluirlo”. Esta práctica conduciría a una “perversa tendencia que reduce los problemas complejos a una certeza moral que nos ciega”. Concluyen que “el mejor camino para derrotar las malas ideas es exponerlas a los argumentos, a la persuasión”. No se trata de “silenciarlas o alejarlas”. Y lo que está en juego es, precisamente, la libertad. Ese fue el llamado de la Ilustración.

El debate o la encrucijada actual es parecido a lo que sucedió durante el siglo XVIII. David Hume y Adam Smith pensaban que la moral no obedece solo a la razón. Desarrollaron el concepto de empatía, de la importancia del otro y lo que piensan de nosotros. Buscamos el reconocimiento social en los demás. Con las nuevas herramientas tecnológicas, cuyo objetivo era promover la libertad y ahora parecen coartarla, ¿no será este impulso humano -buscar la aprobación o evitar la desaprobación- lo que nos lleva a estos extremos? Es posible que así sea. Recientes estudios muestran cómo ha aumentado la autocensura, sobre todo en las universidades. Nadie quiere ser víctima de algún tipo de “cancelación”. Es más fácil sumarse. O simplemente restarse. En su famoso ensayo “On the Liberty of the Press” (1742), David Hume nos recuerda que “muy rara vez la libertad de cualquier tipo se pierde por completo de una vez”. Es una reflexión atingente. Pero también defiende el “ejercicio ilimitado de la libertad de expresión”. No puedo estar más de acuerdo en su defensa de la libertad. Y de la tolerancia ante lo que nos incomoda.

Publicado originalmente por el Centro de Estudios Públicos (CEP), 15 de agosto de 2020

A los 91 años fallece el poeta y escritor Pablo Guiñez.

Partió uno de los últimos poetas vivos de la “Generación del 50”, profesor destacado y autor de una poesía que dio nueva vida a la literatura chilena.

Dejamos en la voz de su hijo Coke, amigo y colaborador de la CCNH Paine, un relato de la vida de don Pablo.

El poeta y escritor Pablo Guiñez, mi padre, era oriundo de Purén, villorrio de la Araucanía, al que sus abuelos llegaron en 1880, y donde tenían un campo en el que él viviría algunos años conviviendo con lingues , pataguas, pumas y digüeñes, y donde el Mapudungun era una lengua compartida por los niños de la zona, cuyos abuelos venían de Italia, el País Vasco y Alemania, además de otras provincias de nuestro país, como mis antepasados paternos, por ejemplo, quienes también tenían campo en Chillán, de donde eran sus raíces ancestrales. Allí, en esa hacienda mi padre pasó también algunos años de su pubertad para ingresar luego al Regimiento de Caballería de Concepción, donde se distinguiría por sus dotes de jinete, y luego a la Escuela Normal de Victoria, de donde egresaría, con medianas calificaciones, con el título de Profesor Primario, en 1948. Atrás quedarían entonces, la casa y la familia compuesta por su padre, la madre, un tío músico y sus ocho primas con quienes convivió durante algunos años en la casa del pueblo, y donde tuvo la gracia de convivir además con el arte y la Literatura y principalmente con la música en las tertulias organizadas por los mayores, pues su tío tenía amistad con Claudio Arrau, y otras personalidades que frecuentaban su hogar. Mi abuela por su parte, mujer de carácter y de gran gusto por la lectura, y uno de sus tíos paternos ejercerían sobremanera una fuerte influencia en su formación de escritor, siendo mi abuelo un lector infatigable y voraz. Después vendría el tiempo de ejercer la Docencia, razón por la que se radicaría en Peñaflor, pueblo del antiguo Departamento de Talagante, donde conoce a mi madre, Titicita González Garrido, cuya familia, radicada en la capital desde 1940, era conocida en el lugar.

Fue así entonces, como mi padre, habiendo pasado sus primeros años en casa de Juvencio Valle, en la calle Eliecer Parada, en Ñuñoa, conoce a Ángel Cruchaga, Pablo Neruda y otras personalidades de la Literatura; estableciéndose luego, ya casado, junto a mi madre, en una antigua casa de la calle Marcoleta, donde en una noche de invierno recibe la visita de un joven poeta que venía llegando de Lautaro, del sur. Se llamaba Jorge Teillier. Hicieron muy buenas migas, y el poeta de los trenes fue durante esa época parte de la casa. También ocurrió lo mismo con otro joven poeta provinciano como mi padre, que traía la lluvia en sus manos. Se llamaba Pedro Lastra.

Después mis padres se radicarían por varios años en el pueblo natal de mi madre, donde con posterioridad nacerían parte de los hijos. Allí, en una antigua y hermosa quinta, se reunían varios de los escritores y artistas de la época, cómo Hugo Goldsack, y su mujer, Irma Astorga; Nicomedes Guzmán; Enrique Lihn, Luis Vulliamy; Jorge Teillier; Stella Díaz, Cristian Huneeus y su mujer ; Miguel Morales Fuentes, Mario Ferrero y varios otros.

En 1952 publica su primer libro de poemas titulado “Miraje Solitario”, para posteriormente, en medio de una fructífera labor poética, hacerse merecedor del reconocimiento de la crítica, que lo ubicó, con la desaprobación de mucho de sus pares que vieron en él, en su obra, una verdadera amenaza para conseguir un ascenso en la difícil y competitiva carrera del éxito, que reconozcámoslo o no, está íntimamente ligada a la política, a las camarillas literarias y culturales y a los poderes fácticos que levantan o silencian a un escritor. Fueron sin embargo, los más distinguidos críticos de entonces, entre ellos, Ricardo Latcham, Eleazar Huerta, Hernán Del Solar, Fidel Araneda Bravo y Homero Bascuñán, quienes dedicaron a su obra laureadas palabras en la prensa, siendo apadrinado por Nicomedes Guzmán, quien refiriéndose a su obra dijo:

Pablo tiene un valor conceptual único, ausencia de imágenes demasiado trabajadas, instinto lírico que trasciende en una expresión serena, transparente y cordial.

 

Aristóteles España dice de él:

Otra de las particularidades de su propuesta lírica es el juego. En todos sus poemas se siente un aire de alegría por conversar con las palabras. Los adjetivos, los adverbios, todo está donde debe estar. La misma construcción de los escenarios del poema. Es un artesano que conoce su oficio, lo domina, por lo tanto, las lecturas de su vida aparecen nítidas y resplandecientes, sin que se noten las influencias; al contrario, incorpora a su acervo la poesía nórdica, la poesía lárica, pero sin el hálito teilleriano. Aparecen otras cosmogonías, otros refugios, otros pueblos perdidos en otras latitudes. Junto a Gonzalo Rojas y Neruda, es el único autor chileno que tiene uno de los mejores poemas a las piedras reales y metafísicas;

las piedras rodeadas de hojas,
de ancianas con ojos de pajaritos,
con cáscaras y manos que sostienen el aire del universo.
dice en su poema “Transparencia”.

Dueño de una honda percepción, dotado de una luminosa capacidad lingüística, propias de los solitarios, la obra de mi padre, se hizo acreedora de varios premios y reconocimientos de algunos escritores y académicos que, no obstante el silencio en que lo catapultaron, vieron en él un recio protagonista de la gran Literatura del siglo XX.

En la década del Sesenta , ya casado con mi madre, Doña Carmen González Garrido, y radicado en Peñaflor, de donde ella era natural, mi padre ingresa al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, del que egresa para ejercer la docencia en aulas secundarias y en el claustro universitario, trabajando también en la Investigación y elaboración de proyectos educacionales.

 

Autor de una vasta obra, ha publicado:

Miraje Solitario
Afonía Total
Ocho Poemas para una Ventana
Fundación de las Aguas
Territorio Celeste
Canción Lenta en Tiempo de Balada
La Rosa Devorada.

 

En su condición de docente, fue creador del Instituto Bata, de Peñaflor, y fundador del Liceo Nocturno de Peñaflor, además del Liceo Politécnico de Rengo; desarrollando asimismo, en lo estrictamente literario una fructífera labor de creador de talleres y movimientos literarios, siendo fundador, en 1973, del Grupo Fraternidad del Agua, secundado por los poetas Paz Molina, Isabel Velasco, Fernando Zevallos y Francisco Medina Cárdenas; y Director de la Sociedad de Escritores de Chile, institución a la que ingreso en tiempos en que la Casa del Escritor era dirigida por los insignes Tomas Chazal y Jaime Eyzaguirre, en la década del Cincuenta, época en la que se granjeo la amistad de Juan Guzmán, Jacobo Danke, María Luisa Bombal, Luis Durand, Diego Duble, Pablo Neruda, Daniel Belmar, Irma Astorga, Hugo Goldsack , Rosa Cruchaga, Olga Acevedo, Luis Merino Reyes, Fernando Alegría, Teófilo Cid, Benjamín Subercaseaux, Angel Cruchaga, Nicomedes Guzmán, José Santos González Vera, Diego Muñoz y Juvencio Valle, en cuya casa, en calle Eliecer Parada, en Ñuñoa, conoció en un homenaje hecho a su promisoria creación, a Pablo Neruda, quien le apoda cariñosamente Purén, haciendo alusión a su pueblo de origen, y ofreciéndole una beca en Francia y la posibilidad de hospedarse en casa de Picasso, ofrecimiento que mi padre no considera puesto que en su calidad de maestro, le interesaba sobremanera enseñar a leer a los niños de la patria que tanto lo necesitaban.

El poeta Pablo Guiñez en uno de los últimos homenajes que se le brindó, en la Biblioteca Nacional.

Su obra, finalmente, fue reconocida al ser postulada, aunque sin éxito, en dos ocasiones, al Premio Nacional de Literatura.

Hoy, en medio de la soledad y el silencio, ha fallecido mi padre, poco después de cumplir 91 años.

Hasta ese día él y David Rosemann, eran los mayores de los poetas chilenos vivos, y los únicos sobrevivientes de su generación, y yo, en calidad de su hijo, doy gracias a Dios, por tenerlo a nuestro lado.

Coke Fernández de Guiñez González

Los conquistadores españoles, los primeros exploradores europeos del actual territorio de los Estados Unidos.

Los primeros europeos que pisaron Norteamérica eran españoles.

Como bien escribe García del Junco: «Antes de que los colonos ingleses y sus descendientes exterminaran a las tribus de los indios de las praderas, los exploradores españoles ya habían entrado en contacto con la mayoría de ellas y sin necesidad de exterminarlas.»

La conquista del Colorado

Los «western» nos pintan el oeste americano como una zona inexplorada habitada por tribus hostiles que jamás habían visto un hombre blanco. Más bien anglosajón. La realidad es que esos territorios habían sido explorados por españoles, había pueblos e incluso se hablaba español.

Cuadro al oleo de indios y caballos

Además, curiosamente, en los western los indios actúan como expertos jinetes. El caballo no existía en América antes de la llegada de los españoles. ¿Imaginan ustedes quienes les enseñaron a montar a caballo? Los españoles.

El primer europeo que pisó el actual Estados Unidos al mando de una expedición no iba en el May Flower. Se llamaba Juan Ponce de León y descubrió la Florida en 1513, 21 años después de la llegada de Cristóbal Colón. El May Flower llegó en 1620.

Explorador Juan Ponce de León descubre La Florida en Norteamérica (1513)

Pedro Méndez de Avilés fundó la ciudad más antigua de los actuales Estados Unidos: San Agustín de la Florida en 1565. Muchos esclavos negros que huían de los anglosajones lograban su libertad en la otrora ciudad española.

El famoso Gran Cañón del Colorado fue descubierto por una expedición enviada por Vázquez de Coronado al mando del español García López de Cárdenas y Figueroa. Lo descubrió en 1540.

García López de Cárdenas

No podemos olvidarnos de Núñez Cabeza de Vaca, que entre 1528 y 1536 exploró la costa sur de Norteamérica desde la actual Florida pasando por Alabama, Misisipi y Luisiana y se adentró en Texas, Nuevo México, Arizona y en el norte de México hasta llegar al Golfo de California.

Núñez Cabeza de Vaca

Publicado originalmente en http://dariomadrid.com/, en junio de 2020.

Santiago de Chile se fundó sobre una antigua ciudad inca

El equipo de Rubén Stehberg, jefe del Área de Antropología del Museo de Historia Natural de Chile, dio por finalizada en el año 2016 una nueva etapa de excavaciones autorizadas en Santiago, y el grupo de expertos ha concluido que los hallazgos permiten confirmar, una vez más, que Pedro de Valdivia fundó la ciudad “no sobre un terreno eriazo como dicen los textos históricos”, sino sobre un antiguo asentamiento o ciudad Inca.

“Hemos terminado la cuarta excavación sistemática en torno a la Plaza de Armas. La cuarta y última. El objetivo era llegar a ese eventual sustrato incaico. Había una hipótesis que nosotros publicamos en diciembre de 2012 en un artículo que se llama Mapocho Incaico, y ahí postulamos la existencia de un centro ceremonial Inca”, explica el arqueólogo al referirse al centro de la ciudad ocupada por Pedro de Valdivia y fundada con fecha 12 de febrero de 1542. El arqueólogo y antropólogo sostuvo que esto “dejó de ser hipótesis recién la semana pasada”.

Para comprobarla, destacó que lo que se hizo fue contrastar esta postulación del 2012 en un proyecto de investigación junto al historiador Gonzalo Sotomayor −fallecido en 2016− y los demás integrantes del equipo. La idea era que, si en la Plaza de Armas de Santiago hubo un centro administrativo incaico antes de la llegada de Pedro de Valdivia, al excavar en sus alrededores debían encontrarse restos de la cultura inca.

Retrato del explorador y conquistador español Pedro de Valdivia (siglo XIX), fundador de Santiago de Chile, obra del pintor Federico de Madrazo (1815-1894). Biblioteca Nacional de Chile.

“Si no encontrábamos nada incaico, entonces esa hipótesis no se sostenía y habría que desecharla. Hemos encontrado fragmentos de cerámica inca”, apunta Rubén Stehberg.

Por ejemplo, bajo la gran Catedral, al costado de la plaza, los restos incas se hallaron a dos metros de profundidad.

“En esos estratos profundos, entre los 2 y 2,70 metros −explica Rubén Stehberg a través del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) en su reciente informe− se halló un cimiento de muro formado por bloques rocosos de color rosado (provenientes de la cantera del cerro San Cristóbal), que descansaba sobre una base de piedras rodadas (guijarros), rasgo que se encuentra con frecuencia en algunas construcciones incas del Perú. Nuestra hipótesis es que correspondió a parte de un muro prehispánico, el cual siguió en uso durante los primeros años del arribo español”. Además, en dicho estrato no se encontraron restos de ocupación colonial.

Fragmento de cerámica con diseño incaico de Cuzco, encontrado durante las excavaciones en torno a la Plaza de Armas de Santiago de Chile, en un estrato situado bajo la Catedral de Santiago (Fotografía: La Gran Época-MNHN)

Bajo el Museo Histórico Nacional, en cambio, se encontraron restos a una profundidad de entre 1,40 y 1,60 metros. En esta profundidad, el arqueólogo ha destacado que se descubrió un gran lecho del río Mapocho, con una capa plana de grandes bolones.

“Hace más o menos 600 años pasaba el río Mapocho por donde está la actual Plaza de Armas. No se podía habitar ahí y pasaba con mucha energía”, añade Stehberg.

Además ha comentado que se encontraron muchos restos de fauna, que ahora están en estudio, para determinar si se trata de fauna incorporada por los españoles o autóctona de Chile.

Mapa de Santiago de Chile realizado en 1712

El Camino Inca
Otro dato importante que incide sobre la presencia inca se encuentra en los textos históricos. Por ejemplo, en 1905 el español Luis Thayer Ojeda reveló una información que permitió a su equipo crear un mapa de la ciudad a partir del año 1552: 12 años después de la llegada de Pedro de Valdivia. Thayer Ojeda señaló las primeras propiedades asignadas a los españoles e identificadas como “solares”, a partir del centro de Santiago, alrededor de la plaza. Una de las calles mencionadas en relación a algunas propiedades era “el Camino Inca”, que llegaba a la plaza desde el Norte. Donde está hoy la Catedral, los solares se asignaron a la iglesia.

Muro incaico bajo Santiago de Chile. Excavaciones en el Patio Los Naranjos de la Catedral Metropolitana. Se observa el cimiento del muro, posiblemente incaico, con su base de piedras rodadas (guijarros).

Lo interesante, explica Stehberg, es que en un lado de la plaza no se repartieron solares a los españoles, lo que no es común en sus planos tradicionales.

«Esto es costumbre incaica. En general las plazas están abiertas en un lado para permitir el libre acceso de la gente a las principales ceremonias religiosas.»

Según su equipo, Pedro de Valdivia se adaptó a las otras construcciones que ya existían por entonces en la zona. Además, hay que recordar que, en torno a la plaza estaban, originalmente, los edificios públicos incaicos.

Ciudad desviada 5 grados
Otro dato curioso, que permite afirmar que la ciudad fue construida sobre un plano incaico, es que el plano de la ciudad está desviado cinco grados del norte.

“¿Ustedes creen que Pedro de Valdivia, que era un estratega militar, era un artillero, sabía geometría, andaba con un alarife, se puede haber equivocado en cinco grados? Es imposible. La ciudad de Santiago está desorientada. No está orientada al Norte en cinco grados. Eso indica que este plano no es español. Las ciudades españolas se tratan según el Norte geográfico”, afirma Stehberg, destacando además que “ya hay muchas evidencias de que los españoles se instalaron en un plano de ciudad que ya existía, y que lo único que hicieron fue ampliarlo”.

Fundación de Santiago de Chile, óleo de Pedro Lira (1888)

El Santiago incaico estaba rodeado de caminos y colinas, una red que le permitió fortalecerse, y su dominio se extendía con ciertos límites, señalan estudios anteriores del autor. La ocupación de los Incas se realizó sobre un territorio Mapuche.

Autor: Anastasia Gubin – La Gran Época

Este artículo fue publicado originalmente en La Gran Época y, en julio de 2016, por Ancient-Origins.es.

La música atonal puede producir más placer del que creemos.

Una de las cuestiones que las disciplinas relacionadas con el arte y la música han intentado responder es por qué la música puede provocarnos emociones tan intensas. De hecho, filósofos como Eduard Hanslick conceden a la música una superioridad emocional sobre el resto de las artes, quizás por su influencia fisiológica sobre nuestro sistema nervioso.

Parece imposible que alguien no se emocione escuchando el aria Nessun Dorma de la ópera de Turandot, de Giacomo Puccini, o una sinfonía de Beethoven.

Pero ¿qué sucede con la música contemporánea?

Una de las cuestiones que las disciplinas relacionadas con el arte y la música han intentado responder es por qué la música puede provocarnos emociones tan intensas. De hecho, filósofos como Eduard Hanslick conceden a la música una superioridad emocional sobre el resto de las artes, quizás por su influencia fisiológica sobre nuestro sistema nervioso.

Máximos niveles de emoción

La música integra experiencias físicas, cognitivas y afectivas, siendo la emoción una de las características más salientes; y así lo revelan diferentes investigaciones, que han mostrado que por medio de la música se alcanzan los máximos niveles de emoción, por delante de las actividades deportivas, la gastronomía o la actividad sexual.

La música siempre ha estado, y está, presente en nuestras vidas, especialmente en aquellos momentos más emotivos y socialmente relevantes. No hay duda de que la música refuerza e intensifica las emociones que sentimos no solo en la vida ficticia, sino también en la realidad. ¿Cómo sería una película sin música?

Es indiscutible la relación entre la música y la emoción y podemos decir que su estudio es interdisciplinar, ya que en él confluyen los campos de la psicología, la música, la filosofía, la educación, las neurociencias y, por tanto, es desde esta dimensión multidisciplinar desde donde debemos explorar y abordar el emocionante mundo de la música.

Mi experiencia como intérprete de flauta travesera me llevó a interesarme, hace ya varios años, en la emoción y el placer que nos produce la música. El hecho de poder tocar dentro de una orquesta sinfónica me ha dado la oportunidad de experimentar una intensa respuesta emocional, muchas veces indescriptible, y me surgían interrogantes en torno a esos momentos concretos de la música que nos hacen estremecernos.

Rechazo a la música atonal

Pero estas cuestiones adquieren especial relevancia con la música atonal, más comúnmente conocida como música contemporánea, y que socialmente provoca cierto rechazo.

Antes de adentrarnos en el tema de las emociones en la música contemporánea, consideramos importante y necesario explicar, de manera sintetizada, los conceptos de música contemporánea, atonalidad y su diferencia con la tonalidad.

Con el término música contemporánea solemos referirnos a un tipo de música concreto, de tradición “clásica”, que no responde de manera exacta al vocablo contemporáneo, que incluiría cualquier estilo de música del tiempo actual. De ahí que prefiramos la utilización de la expresión música atonal para hacer referencia al estilo musical que surge como ruptura con el sistema de la tonalidad reinante durante casi cuatro siglos.

Diferencia entre tonalidad y atonalidad

El sistema tonal o tonalidad es el predominante en la música occidental desde 1650 hasta principios del siglo XX, y está basado en la organización jerárquica de los sonidos de la escala. Aunque la escala del sistema occidental está compuesta por doce sonidos, el sistema tonal utiliza principalmente siete sonidos (Escala básica: do-re-mi-fa-sol-la-si-do).

Dentro de esta escala, unos sonidos son más importantes que otros, existiendo una nota central de atracción denominada tónica (de ahí, el término tonalidad), en torno a la cual giran el resto de los sonidos de la escala, cada uno de ellos con funciones diferentes (de reposo, energía…). Así, un oyente puede intuir o predecir cuándo la música llega a su fin o qué sonido sigue a otro, como se muestra en este vídeo:

En esta charla (Ted Talks) de Benjamin Zander podemos ver un ejemplo del fenómeno que hemos comentado de adivinar (predecir) el final de una frase musical, independientemente de nuestro conocimiento musical.

Sin embargo, la atonalidad (a=negación; sin tonalidad) implica la ruptura con este sistema jerarquizado. De manera que todos los sonidos tienen la misma importancia, no existiendo relaciones funcionales entre ellos. De ahí que pueda resultarnos un estilo caótico. Arnold Schönberg fue uno de los primeros compositores en abandonar la tonalidad.

Para comprender mejor estos conceptos musicales podemos establecer una similitud con la gramática del lenguaje. Dentro de una frase, las palabras tienen un orden (o jerarquía) de manera que, si lo alteramos no siguiendo las leyes gramaticales de nuestro idioma, podremos reconocer las palabras, pero nos resultará difícil la comprensión y el significado del discurso.

Una investigación aún escasa

La mayoría de los estudios sobre música y emoción se han centrado en la llamada popularmente música “clásica”, y más concretamente en la música tonal. Sin embargo, la investigación con música atonal es escasa y más todavía en el campo de las emociones.

Este tipo de música, que tal y como comenta Ross en su libro El ruido eterno “a muchos les suena a ruido”, parece entrañar una mayor dificultad para provocar emociones positivas tanto entre el público como entre los intérpretes.

La música atonal nació a principios del siglo XX y se caracteriza por la ruptura con el sistema tonal en el que estamos enculturizados (del inglés inculturation= enculturación/inculturación). Son varios los autores que advierten la complejidad de esta música para su audición, su comprensión e interpretación. De ahí quizás la tendencia a calificar esta nueva música de más cerebral y menos emocional.

¿Es emocionalmente incomprensible?

Y, aunque algunas corrientes filosóficas han llegado a considerarla como una música incapaz de expresar emociones y, por tanto, emocionalmente incomprensible, no por ello podemos afirmar que la música contemporánea (o música atonal) se haya desinteresado por el aspecto emocional.

De hecho, no debemos olvidar que la atonalidad nació como ingrediente esencial de la música expresionista, estilo surgido a partir del expresionismo en literatura y pintura, que pretendía ser una nueva forma de expresión y de lenguaje por medio de los cuales plasmar a través del arte las realidades humanas de una manera más expresiva.

De ahí nuestro interés en realizar una investigación en la que abordáramos la evolución de los aspectos emocionales durante el estudio de una pieza atonal para instrumento solo (entre otras obras, Sequenza I para flauta travesera, de Luciano Berio; In Freundschaft, de Karlheinz Stockhausen; De profundis para acordeón, de Sofiya Gubaidulina; Variation über das thema eSACHERe para violoncehlo, de Cristóbal Halffter) con 58 estudiantes de diferentes especialidades instrumentales de conservatorios superiores de todo España.

En este estudio pudimos comprobar que los sentimientos iniciales de incomodidad y frustración entre el alumnado durante la primera fase de la investigación se transforman en emociones más positivas hacia esta música una vez estudiada la obra.

Se sabe que las reacciones a la música son el resultado de un proceso cognitivo y que la música contemporánea necesitará de un proceso de asimilación y acomodación a nuestros esquemas mentales (es decir, a nuestra mente enculturada y “educada” en el sistema tonal) que se consigue gracias al estudio.

Quizás también estos son los motivos por los que, en esta misma investigación, encontramos que los estudiantes prefieren ser intérpretes y no oyentes de este tipo de música. El hecho de escuchar la pieza sucesivamente durante el estudio les permite familiarizarse con la obra y conseguir una mayor comprensión, además de una respuesta emocional positiva.

Música y sentimientos positivos

Sin embargo, aunque en general la música se relaciona con los sentimientos positivos, no debemos olvidar que las emociones tienen una doble valencia –positiva y negativa– y que, por tanto, las emociones de valencia negativa hacia la música también implican una respuesta emocional.

De hecho, es difícil que cualquier tipo de música que escuchamos por primera vez pueda conmovernos o provocarnos una intensa respuesta emocional, ya que esta está configurada por la cognición o conocimiento de la obra. De ahí que la audición continuada aumente la familiaridad y, por tanto, una emoción más intensa y positiva.

Los resultados de nuestra investigación pueden ayudarnos a mostrarnos más receptivos hacia otro tipo de gramáticas musicales a las que no estamos tan acostumbrados y que no por ello deben calificarse de incomprensibles emocionalmente.

No debemos olvidar las reacciones de los oyentes en estrenos de obras de Beethoven, Rossini o La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky, compositores, todos ellos, contemporáneos de su tiempo.

Quizás, realizando sucesivas audiciones de una misma pieza contemporánea consigamos una mayor comprensión y una emoción más positiva hacia este tipo de música, tal y como nos ha sucedido con la música de nuestros antepasados y como refieren los estudiantes de nuestro estudio.

Pero, independientemente de la emoción y del tipo de melodía, disfruten del apasionante mundo de la música.

Arantza Almoguera Martón
Profesora Ayudante Doctora en Didáctica de la Expresión Musical, Universidad Pública de Navarra

Publicado originalmente en el sitio web theconversation.com

Una disciplina en el arte que atrae a las mujeres

Si puedo rendir un homenaje a la mujer ahora que se avecina un nuevo “Día de la Mujer” es recordando con estos escritos a quienes se han dedicado a una disciplina aparentemente ruda (por la imagen que se tiene al trabajar con herramientas que usualmente es de los hombres).

¿Pero quién más que una artista y también madre que, debiendo moldear caracteres de sus hijos, entre tantos deberes como mujer, se enfrenta a un material, que opone resistencia liberando formas? ¿Quién más que una mujer?

Escultura de Olga Disi

Los materiales favoritos son los tradicionales: piedra, gres, madera, bronce, aluminio, hierro. En estos momentos aventurándose en materiales plásticos, pero en están las más jóvenes. El desarrollo con herramientas eléctricas o neumáticas facilitan la labor, así mismo tecles, esmeriles angulares y martillos. Trabajan en lenguajes de la abstracción con toda libertad, expresándose en la tridimensionalidad y escuchando con atención lo que le dictan los materiales.

Hoy recuerdo a las artistas que marcaron un camino en el tratamiento de las ideas y los materiales. Por ello, no dejo de nombrar y reconocer a Lily Garafulic, Marta Colvin, que personalmente alcancé a conocer, Rebeca Matte, Rosa Vicuña, Ana Lagarrigue, María Fuentealba, Lidia Berroeta, Laura Rodig, Juana Miller, Blanca Merino o María Teresa Pinto.

Lily Garafulic

Mujeres que rompieron con lo establecido, pues querían desarrollar su creatividad a costa de perder familia, como Marta Colvin, dejar a un lado oportunidades en pos de un sueño, como Lily Garafulic, una gran Maestra.

Imposible dejar de recordar en estas letras a una mujer de mi ciudad, San Bernardo, que si bien es cierto no fue escultora, ni artista visual, igual moldeó el corazón de los niños, una artista de las letras, de la música, pedagoga y compositora. Me refiero a Clarita Solovera, mujer talentosa, autora de “Mi Banderita Chilena”, “Mata de Arrayán Florido”, “ Álamo Guacho”, Volantín tin tin (ronda Infantil ) . Ella entregó su mundo creativo a las letras y a la música.

Una piedra de granito tallada con un verso dedicado a la comuna la recuerda solitaria y triste en nuestra plaza de San Bernardo. Sueño, algún día, poder moldear o tallar una escultura en su honor. ¡Ella sí se la merece!
Olga Disi Rojas / Artista Visual U. de Chile. U de Concepción /Encargada de Biblioteca Municipal y Artes Visuales Departamento de Cultura y Turismo Municipalidad de San Bernardo

Publicado originalmente en Revista AKI

Expertos advierten del riesgo de la erotización infantil

(12 años atrás, esta nota de prensa hablaba de un asunto que se mantiene vigente y cada vez requiere más atención)

La publicidad, los bailes, los juguetes e incluso los padres presionan hoy a sus niños a ser precoces, lo que genera problemas en su desarrollo futuro, sobre todo sexual.
Marzo de 2007

Tangas, sostenes, petos y hasta colaless infantiles. Muñecas exageradamente pintadas, en minifalda y con unos labios imposibles de tener sin silicona. Programas musicales juveniles donde se baila a cadera suelta y escote abultado. Letras de canciones como las del ídolo juvenil que mañana se presenta en el Estadio Nacional, Don Omar: «Dale, cuchi-cuchi, que esta noche es de lujuria / Pégate a mi cuerpo que te voy a sacar la furia».

Este es el mundo «infantil» que hoy rodea a muchos niños y que ha llevado a los especialistas a alzar su voz de alerta.

La Asociación Americana de Psicología (APA) difundió un informe en el que explican cómo la sociedad está bombardeando a los menores con mensajes que tienden a erotizarlos precozmente, especialmente a las niñas. Un claro ejemplo, afirman, es la publicidad. Como la de «las zapatillas Skechers, donde Cristina Aguilera viste como colegiala con su blusa desabotonada y lamiendo un lolipop».

 Incluso cirugía
La postura de la APA es clara: «Si las niñas compran productos y ropa diseñada para lucir físicamente atractiva y sexy, y si moldean sus identidades siguiendo a las sexy celebridades, están en efecto sexualizándose».

Sin embargo, agrega el informe, los mensajes que contribuyen a la erotización infantil no vienen sólo de los medios o del mercado, también de los padres, quienes, a veces sin notarlo, insisten en que mantener una apariencia física atractiva es una meta esencial para las niñas. «Algunos (papás) incluso permiten y fomentan la cirugía plástica».

El problema, dicen los expertos, es que la sobreexposición a este entorno genera claras alteraciones físicas y psíquicas a mediano y largo plazo.

Esta erotización a través de los juguetes, vestuario, publicidad es una influencia insidiosa. Así opina la psicóloga infanto-juvenil y docente de la Universidad Católica Josefina Martínez, porque se va insertando en nuestras vidas de manera casi imperceptible. «A las niñas se les insta a disfrazarse de pequeñas mujeres, a que bailen meneándose y eso es motivo de orgullo para los adultos».

El riesgo, agrega, es que las niñas aprenden a darle una importancia tremenda al cuerpo y a la apariencia a una edad que no es esperable. «Si estos temas adquieren relevancia en la adolescencia es porque hay un desarrollo de la identidad y cambios físicos. Pero los niños no cuentan con todos los recursos cognitivos y emocionales para manejarlos bien». Y al adelantarse esta fase comienzan a restarles energías psicológicas a las grandes tareas que deben enfrentar en su infancia, como es jugar, desarrollar habilidades sociales, dominar el entorno…

Un niño que imita bailes provocativos no lo hace con intención erótica, no obstante, si está expuesto constantemente a este tipo de estímulos, comienza a desarrollar movimientos pélvicos en un baile y los hace propios, opina Carolina Navarro, psicóloga infanto-juvenil de la U. de Chile y del Centro de Atención de Víctimas de Abuso Sexual (Cavas).

«El niño, entonces, puede aprender que en la medida en que se comporta erotizadamente recibe atención y aprobación. Y un menor compensado por su conducta sexual está aprendiendo que su cuerpo y el comportarse o moverse de una determinada manera es, por ejemplo, una herramienta en la vida».

Y lo que es peor: «Una niña de 7 años con una minifalda y un peto, por el solo hecho de tener esa apariencia, está más expuesta al abuso que otra vestida realmente como niña».

Precisamente el abuso sexual es uno de los peligros de vivir absorto en este entorno sexualizado, dice el informe de APA.

Otras consecuencias negativas que van de la mano, dice el informe, son los trastornos alimentarios, la baja autoestima, las depresiones y la dificultad de desarrollar luego en la adolescencia una sexualidad sana.

  • Cómo disuadirlos
    Atender a lo que los niños están viendo, oyendo o a lo que están jugando. Por ejemplo, conversar sobre las letras de las canciones.

    Revisar los límites y ser claro en lo que no les parece adecuado, pero sin demonizar ni descalificar. Por ejemplo, pedirle que no se maquille todos los días o que no vea cierto programa.

    Mostrar facetas alternativas de la realidad, para que vean que el único destino de una mujer no es ser regia y popular entre los hombres. Motivarlos a que desarrollen intereses.

    Fomentar que se muevan en espacios infantiles. Y si se sienten muy presionadas, ayudarlas a escoger bien dentro de las tendencias.

    Responder y contextualizar las dudas naturales que les surgirán precozmente a los niños por vivir en una sociedad más erotizada.

Publicado originalmente en El Mercurio

Arte y moral

Por Jorge Peña (*)

A propósito de la censura a una obra de teatro, hubo columnas que abordaron el tema de las relaciones entre ética y estética. El tema es complejo y con frecuencia se aborda de modo simplista. Se incurre en dos extremos erróneos: ya sea moralismos excluyentes o esteticismos amorales. Se requiere idoneidad en ambos campos, sensibilidad poética y moral, para hacer justicia tanto a la dignidad humana como a la libertad del arte y la poesía. Quizás puede ser útil distinguir -sin afán peyorativo- entre arte con minúscula, que alude a la perfección técnica y formal, a la forma lograda, condición de toda obra de arte, y al Arte con mayúscula, que dando por supuesta la perfección del «poema» y unido indiscerniblemente a la forma, también tiene en cuenta el logos, la imagen del hombre y del mundo que se irradia desde la obra. La perspectiva puramente estética es parcial, abstracta y separada, como lo son también una exclusiva perspectiva física, biológica, psíquica o económica. Ninguna de ellas se da sola y aislada, en una pureza del todo autónoma.

En la obra de arte late un misterio de conjunción y mutua imbricación de lo sensible y de lo inteligible, de la materia y el espíritu, de cuerpo y alma, de forma y contenido. Cuando con nuestros análisis intentamos separar lo que en la realidad se encuentra indisolublemente unido, atentamos contra su complejidad y misterio. La virtud del arte en manos del artista, cualquiera sea el fin que posteriormente quiera dársele, apunta solamente a la perfección de la obra y no admite ninguna regulación que no venga de ella misma. En esto llevan razón los defensores del arte por el arte frente a las diversas finalidades apologéticas, morales o cívicas que se quisiera que la obra favoreciera o promoviera. La obra no debe ser regulada por nada ajeno a la legalidad inherente a la realización de la obra misma. Sus exigencias son ferozmente celosas de cualquier otra motivación que no esté sometida ni subordinada.

En las sociedades modernas han sido decisivos los procesos de autonomización de las diversas ciencias y artes; la dignidad del arte lo requería, pues era pasada a llevar por criterios extrínsecos y, asimismo, la principal damnificada de estos desbordes etocráticos era la misma ética. Sin embargo el poco respeto a la legítima autonomía del arte puede ser considerado como un error del pasado afortunadamente ya superado. Hoy el peligro es justamente el contrario: consiste en que el arte se cierre herméticamente en su propia esfera, se torne autorreferente y absoluto, sordo a cualquier instancia de verdad y responsabilidad política o cultural. La dimensión moral no es adjetiva ni extrínseca al acto creador mismo, sino que todo acto artístico viene marcado desde dentro por una finalidad y un propósito ético. Ningún escritor serio ha dudado nunca, incluso en momentos de esteticismo estratégico, de que su obra versaba sobre el bien y el mal, sobre el incremento o la disminución de la suma de humanidad en el hombre y la sociedad. Lograr una forma con expresión significante, es probar en profundidad esas potencialidades de comprensión y de conducta que son la sustancia vital de lo ético. Así lo reconoce Steiner: «Se envía un mensaje, éste tiene un propósito. El estilo, las figuraciones explícitas de ese mensaje pueden ser perversas, pueden tener por objeto la subyugación, incluso la ruina del receptor. Quizá reivindiquen para sí, como en Sade, en o en la danza de la muerte de Artaud, la sombría licencia de lo suicida; pero su pertenencia a las preguntas y las consecuencias de orden ético es manifiesto».

Santiago, febrero de 2008

Jorge Peña
Licenciado en Filosofía, Universidad de Navarra, España
Doctor en Filosofía, Universidad de Navarra, España.
Director del Instituto de Filosofía, Universidad de Los Andes. Profesor de Antropología Filosófica en la misma casa de estudios.
Autor de numerosas publicaciones: Imaginación, símbolo y realidad; Poética del tiempo: ética y estética de la narración, entre otras.

II Taller Internacional de Tango en Paine

Por segundo año consecutivo se realizó en el Centro Cultural de Paine y organizado por la Corporación Cultural Nuevo Horizonte un taller de tango impartido por los profesores Alicia Mendoza del Salvo y Raúl Cruz Icaza, venidos directa y especialmente desde Buenos Aires a Paine para estos efectos. Paine se perfila así como uno de los nuevos centros de difusión en Chile del baile rioplatense.

El último día culminó con una «Milonga» en el frontis del Teatro de Paine. (Además del baile, por «milonga» se entiende un evento en el que varias personas se reúnen para bailar tangos.)

Paine, enero de 2020

SUBJETIVA, la prestigiosa consultora de comunicación y opinión pública, donó instrumentos musicales a la CCNH Paine.

Con la aspiración de marcar una nueva tendencia, más ajustada a los tiempos actuales, la oficina de comunicaciones quiso dar un giro a su forma de celebrar la Navidad. Para ello, escogió a la Corporación Cultural Nuevo Horizonte de Paine, para donar violines destinados a la enseñanza del solicitado instrumento.

La idea surgió en sus directivos, Sergio España y Charles Rothery, luego de seguir la trayectoria del Concierto Dominical en Paine, dedicado a mostrar el trabajo de orquestas juveniles.

La Corporación Cultural Nuevo Horizonte es una institución sin fines de lucro, conformada por voluntarios, orientada a reforzar la identidad cultural y estimular el desarrollo cultural en la comuna de Paine.

Los Conciertos Dominicales se presentan en el Teatro de Paine una vez al mes con el fin de ofrecer a la comunidad painina un concierto gratuito de música de buena calidad y complementar la formación de los jóvenes músicos que participan en la Orquesta Juvenil Nuevo Horizonte y en su Escuela de Música.

¡Muchas gracias, SUBJETIVA!