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Orquesta de Cámara San Miguel en UTEM

Asistimos a fines de mayo a un magnífico concierto ofrecido por la Orquesta de Cámara San Miguel en el Salón de Honor de la Universidad Tecnológica Metropolitana, en Santiago.

Bajo la batuta del Director Invitado Pablo Browne (cuyo padre, Eduardo, el prestigioso director, estaba entre el público), el programa comenzó con la «Sinfonía para cuerdas No. 3 en Mi Menor», de Félix Mendelssohn, obra que permitió enterarse de la sólida postura de una orquesta de dieciocho músicos donde destaca la diestra participación de cellos y contrabajos.

Creada en 2014 a partir de la Orquesta Sinfónica Juvenil de San Miguel, la Orquesta de Cámara San Miguel está conformada por jóvenes músicos que continuaron sus estudios en las principales escuelas de música del país.

Vino después el «Preludio, Tristán e Isolda», de Richard Wagner, en una adaptación para orquesta de cuerdas hecha por Sebastián Gürtler en 1970. Llamó la atención en este caso la forma con que la orquesta mostró un muy buen manejo del tempo, uno de los elementos decisivos a la hora de interpretar esa bellísima obra.

Escuchar estas dos obras de poco frecuente interpretación en nuestro país hizo pensar que valió la pena viajar desde Paine a Santiago para asistir a un concierto que se ofrecía un viernes en la tarde en medio de protestas y alteraciones del tránsito a pocas calles de la sala de concierto.

La presentación que siguió, el «Concierto para piano No. 1 en Mi Menor», de Frédéric Chopin, a cargo del pianista Felipe Latorre, superó toda expectativa para la tarde. Si bien Felipe Latorre no es un novato, puesto que lo hemos escuchado durante los últimos años en un intenso trabajo, llama la atención que se haya atrevido a abordar una obra interpretada habitualmente por pianistas muy experimentados.

A pesar de ser un pianista joven, la ejecución fue honda, seria y sin extravagancias, ajustada, pienso ahora, a su temperamento personal, lo que terminó engrandeciendo el segundo de los únicos dos conciertos para piano y orquesta que escribió Chopin.

Resulta inevitable en este caso referirse al entorno del concierto, donde destacan la sala y el piano que usó Latorre. El Salón de Honor de la Universidad Tecnológica Metropolitana fue originalmente una capilla de estilo neogótico encargada por la Congregación de las Hermanas de la Caridad al arquitecto de origen francés Eugène Joannon Crozier, quien realizó diversos proyectos en Chile, sobre todo iglesias. Terminada en 1903, la construcción tiene la categoría de “Inmueble de Interés Histórico y Artístico”. El piano, alojado en el Salón de Honor de la Universidad Tecnológica Metropolitana, fue construido, según su número de serie y diseño, entre 1880 y 1890, en la Casa Rönisch, creada por Carl Rönisch, proveedor oficial de la corte de los reinos de Sajonia, Suecia-Noruega y Austria-Hungría.

Rodolfo Silva
Paine, mayo de 2022

San Bernardo invita a su Concurso Provincial de Artes Visuales

Una vez más la Municipalidad de San Bernardo invita a los artistas de San Bernardo, Paine, Buin y Calera de Tango a participar en este importante y tradicional concurso.
Recordamos que han sido varios los paininos que han sido galardonados en los últimos años.
La recepción de las obra se extenderá hasta el día 9 de septiembre de 2022.

A continuación, las bases del Concurso.

BASES 12° CONCURSO PROVINCIAL DE ARTES VISUALES
– SAN BERNARDO 2022 –

 

La Ilustre Municipalidad de San Bernardo, a través de su Departamento de Cultura y Turismo de la Dirección de Desarrollo Comunitario, convoca al “12° PREMIO PROVINCIAL DE ARTES VISUALES” que involucra las comunas de San Bernardo, Calera de Tango, Buin y Paine.

 

INTRODUCCIÓN

La Ilustre Municipalidad de San Bernardo, a través del Departamento de Cultura y Turismo de la Dirección de Desarrollo Comunitario, con el objeto de reconocer la trayectoria de artistas y creadores que cultivan y comparten su arte a la comunidad, ha creado el “Premio Provincial de Artes Visuales”.

En esta 12° versión – año 2022 – las disciplinas son las siguientes: Pintura, escultura y fotografía.

ARTÍCULO PRIMERO
“SOBRE LAS OBRAS”

 

Las obras para el “12° Premio Provincial de Artes Visuales” deberán ser originales, no haber sido expuestas ni haber concursado en otros certámenes similares. Esta condición debe ser respaldada con una declaración jurada simple, presentada por el participante.

Disciplinas: Pintura, Escultura, Fotografía

 

ARTÍCULO SEGUNDO
“FORMATO Y PRESENTACIÓN DE LAS OBRAS”

PINTURA

Formato: Desde 40 x 45 cm. hasta 1 m x 1 m, en cualquier soporte y preparados para ser expuestos. Técnicas: Óleo, mixta, acuarela, pastel, aguadas de tinta, dibujos. Estas últimas 4, debidamente enmarcadas con vidrio.

ESCULTURA

Dimensiones: Desde 30 x 30 x 30 cm. hasta 1m x 1m x 1m aproximado. Materiales definitivos: Madera, metal, piedra, acero o mixto, con sus debidos soportes o plintos.

FOTOGRAFÍA

Dimensiones: Formato mínimo 30 x 45 cm. en papel brillante o mate (enmarcadas para ser expuestas) Técnica: Digital- Análoga más respaldo digital en JPG.

 

ARTÍCULO TERCERO
“TEMA DE LA OBRA”

 

El tema para todas las disciplinas es libre.

ARTÍCULO CUARTO

“DE LOS Y LAS PARTICIPANTES”

 

Podrán postular al “12° PREMIO PROVINCIAL DE ARTES VISUALES” de la Ilustre Municipalidad de San Bernardo, aquellas personas que vivan, trabajen o estudien en la Provincia del Maipo.

El o la participante deberá acreditar su condición de tal, con un debido certificado original de residencia, trabajo o estudios de su respectivo lugar de trabajo o establecimiento educacional.

Las y los funcionarios municipales que trabajen en el Departamento Cultura y Turismo de la Ilustre Municipalidad de San Bernardo, o que estén vinculados laboralmente con dicho Departamento, no podrán participar del certamen. Esto incluye plantas, contrata y honorarios.

Las y los funcionarios de otras municipalidades podrán participar sin restricción de ninguna especie.

 

El autor podrá postular sólo una obra, en una sola disciplina, que podrá ser presentada por el autor o un representante.

 

CALENDARIO DEL CONCURSO

 

Entrega de bases:                                Desde el 10 de junio al 11 de julio 2022.

Recepción de obras:                           Desde el 10 de agosto al 09 de septiembre 2022.

Determinación de galardonados:        13 de octubre de 2022.

Publicación de galardonados:                         14 de octubre de 2022.

Premiación:                                        20 de octubre 2022.

 

“SOBRE LA RECEPCIÓN DE LAS OBRAS”

 

Las obras serán recibidas en el Departamento de Cultura y Turismo de la Ilustre Municipalidad de San Bernardo, ubicado en Avenida América, N° 504, San Bernardo – de lunes a viernes de 09:00 a 14:00 y de 15:00 a 17:00 horas.

Las obras participantes deberán ser acompañadas de un sobre donde deberá indicarse:

– En la parte exterior del sobre, el nombre de la obra y en la parte interior, debidamente cerrado, el nombre completo del autor o autora de la obra; su domicilio, correo electrónico, teléfono, breve reseña del artista (máximo 10 líneas), certificado que acredite que el autor vive, trabaja o estudia en la Provincia del Maipo. Dicha acreditación podrá realizarse mediante un certificado de residencia original, certificado de trabajo o certificado de estudios.

La no presentación de dicho certificado declarará inadmisible a la obra.

Nota: La obra concursante debe llevar el nombre de la obra al reverso

Las obras galardonadas pasarán a formar parte del patrimonio de la Casa de la Cultura de San Bernardo.

Las obras que no sean premiadas deberán ser retiradas en el lugar de recepción (Casa de la Cultura), dentro del plazo de 30 días, después de dirimir el resultado. Pasado ese plazo, el Departamento de Cultura y Turismo de la Ilustre Municipalidad de San Bernardo, no se hará responsable de las obras.

 

ARTÍCULO QUINTO
“DEL JURADO”

 

El jurado estará compuesto por:

– El alcalde de la comuna que lo presidirá. La autoridad podrá designar un representante en su lugar.

– Dos artistas pertenecientes a la Apech (Asociación de Pintores y Escultores de Chile) que dicha asociación designará.

– Una o un concejal, miembro de la “Comisión de Cultura”, propuesto por el Honorable Concejo Municipal.

– Un esteta o profesor universitario, nombrado por invitación del encargado o encargada del Departamento de Cultura y Turismo de la I. Municipalidad de San Bernardo.

 

ARTÍCULO SEXTO
“ELECCIÓN DE GANADORES O GANADORAS”

 

El jurado cumplirá su cometido día 13 de octubre de 2022 para lo siguiente:

  1. a) Celebrar su sesión constitutiva y revisión de obras.
  2. b) Para discernir los galardonados con el “Premio Provincial de Artes Visuales 2022”

 

ARTÍCULO SÉPTIMO
“SOBRE LA PREMIACIÓN”

 

LA PREMIACIÓN SERÁ EL DÍA: 20 de octubre de 2022 El Premio Provincial de Artes Visuales 2022 otorgará premios en cada una de las disciplinas establecidas y las o los ganadores serán acreedores a los siguientes estímulos.

  1. a) Primer lugar, 20 UTM, vigente al mes de octubre de 2022 más diploma.
  2. b) Segundo lugar, 10 UTM, vigente al mes de octubre de 2022 más diploma.
  3. c) Tercer lugar, 5 UTM, vigente al mes de octubre de 2022 más diploma.

El jurado podrá declarar premios desiertos si el nivel de las obras no es acorde a la búsqueda de excelencia del concurso.

También podrá declarar lugares desiertos si se presentaran menos de 3 obras.

Los resultados del concurso se darán a conocer el 14 de octubre 2022 en los medios de comunicación y difusión propios del municipio u otras entidades de la comuna.

Por el sólo hecho de participar en el certamen, los concursantes dan por aceptadas las presentes bases del “12° Concurso Premio Provincial de Artes Visuales 2022”, organizado por el Departamento de Cultura y Turismo de la Ilustre Municipalidad de San Bernardo.

Lo no establecido en las presentes bases será resuelto por el jurado del concurso.

Se Piensa en Paine: «El pensamiento geopolítico de Aleksander Dugin», por Jorge Fuentes, Historiador

En junio de 2022 retomamos «Se Piensa en Paine», un ciclo de charlas multi temáticas organizado por la Corporación Cultural Nuevo Horizonte de Paine con el que se espera crear un espacio de reflexión acerca de distintos temas de interés cultural.
En esta ocasión se presentó «El pensamiento geopolítico de Aleksander Dugin», a cargo del Historiador Jorge Fuentes.
Aleksander Dugin es en estos días un personaje de sumo interés, tanto por su supuesta relevancia en la guerra entre Rusia y Ucrania, como por su relevante propuesta de una cuarta teoría política, que propone la relevancia de la multipolaridad.
A continuación reproducimos íntegramente esta interesante conferencia.

Tres Guitarras Flamencas en el Concierto Dominical en Paine

Composiciones originales de músicos chilenos, tres estilos distintos del flamenco, tres experimentados músicos. Esos argumentos bastan para describir una cita musical de gran valor. Así fue el Concierto Dominical en Paine realizado el pasado 5 de junio.

FRANCISCO GARCIA, discípulo del Maestro Carlos Ledermann y estudios en España, GUSTAVO LOPEZ, guitarrista y compositor, con estudios formales en Centro de Estudios de Guitarra Flamenca de Carlos Ledermann, además de estudios de composición y armonía y ALEJANDRO CASTRO, guitarrista que ha recorrido la música desde la raíz española hacia una propuesta moderna de fusión que mezcla el rock, la improvisación y las influencias de la música del medio oriente.

Este concierto, el número 53 del ciclo, fue también el primer concierto en el que todos los instrumentos fueron amplificados. (Los instrumentos sinfónicos habituales en estos conciertos no requieren amplificación). El resultado fue muy bueno, inaugurándose así un nuevo recurso para el Concierto Dominical: la amplificación del sonido en el teatro de Paine. Agradecemos a Manuel Cortez, técnico del teatro, su profesionalismo y buena disposición.

El otro – Un cuento de Jorge Luis Borges

El otro

 

El hecho ocurrió en el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente porque mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso que si lo escribo, los otros lo leerán como un cuento y, con los años, lo será tal vez para mí.

Sé que fue casi atroz mientras duró y más aún durante las desveladas noches que lo siguieron. Ello no significa que su relato pueda conmover a un tercero.

Serían las diez de la mañana. Yo estaba recostado en un banco, frente al río Charles. A unos quinientos metros a mi derecha había un alto edificio, cuyo nombre no supe nunca. El agua gris acarreaba largos trozos de hielo. Inevitablemente, el río hizo que yo pensara en el tiempo. La milenaria imagen de Heráclito. Yo había dormido bien; mi clase de la tarde anterior había logrado, creo, interesar a los alumnos. No había un alma a la vista.

Sentí de golpe la impresión (que según los psicólogos corresponde a los estados de fatiga) de haber vivido ya aquel momento. En la otra punta de mi banco alguien se había sentado. Yo hubiera preferido estar solo, pero no quise levantarme en seguida, para no mostrarme incivil. El otro se había puesto a silbar. Fue entonces cuando ocurrió la primera de las muchas zozobras de esa mañana. Lo que silbaba, lo que trataba de silbar (nunca he sido muy entonado), era el estilo criollo de La tapera de Elías Regules. El estilo me retrajo a un patio, que ha desaparecido, y a la memoria de Álvaro Melián Lafinur, que hace tantos años ha muerto. Luego vinieron las palabras. Eran las de la décima del principio. La voz no era la de Álvaro, pero quería parecerse a la de Álvaro. La reconocí con horror.

Me le acerqué y le dije:

—Señor, ¿usted es oriental o argentino?

—Argentino, pero desde el catorce vivo en Ginebra—fue la contestación.

Hubo un silencio largo. Le pregunté:

—¿En el número diecisiete de Malagnou, frente a la iglesia rusa?

Me contestó que sí.

—En tal caso—le dije resueltamente—usted se llama Jorge Luis Borges. Yo también soy Jorge Luis Borges. Estamos en 1969, en la ciudad de Cambridge.

—No—me respondió con mi propia voz un poco lejana.

Al cabo de un tiempo insistió:

—Yo estoy aquí en Ginebra, en un banco, a unos pasos del Ródano. Lo raro es que nos parecemos, pero usted es mucho mayor, con la cabeza gris.

Yo le contesté:

—Puedo probarte que no miento. Voy a decirte cosas que no puede saber un desconocido. En casa hay un mate de plata con un pie de serpientes, que trajo del Perú nuestro bisabuelo. También hay una palangana de plata, que pendía del arzón. En el armario de tu cuarto hay dos filas de libros. Los tres volúmenes de Las mil y una noches de Lane con grabados en acero y notas en cuerpo menor entre capítulo y capítulo, el diccionario latino de Quicherat, la Germania de Tácito en latín y en la versión de Gordon, un Don Quijote de la casa Garnier, las Tablas de sangre de Rivera Indarte, con la dedicatoria del autor, el Sartor Resartus de Carlyle, una biografía de Amiel y, escondido detrás de los demás, un libro en rústica sobre las costumbres sexuales de los pueblos balkánicos. No he olvidado tampoco un atardecer en un primer piso de la plaza Dubourg.

—Dufour—corrigió.

—Está bien. Dufour. ¿Te basta con todo eso?

—No—respondió—. Esas pruebas no prueban nada. Si yo lo estoy soñando, es natural que sepa lo que yo sé. Su catálogo prolijo es del todo vano.

La objeción era justa. Le contesté:

—Si esta mañana y este encuentro son sueños, cada uno de los dos tiene que pensar que el soñador es él. Tal vez dejemos de soñar, tal vez no. Nuestra evidente obligación, mientras tanto, es aceptar el sueño, como hemos aceptado el universo y haber sido engendrados y mirar con los ojos y respirar.

—¿Y si el sueño durara?—dijo con ansiedad.

Para tranquilizarlo y tranquilizarme, fingí un aplomo que ciertamente no sentía. Le dije:

—Mi sueño ha durado ya setenta años. Al fin y al cabo, al recordarse, no hay persona que no se encuentre consigo misma. Es lo que nos está pasando ahora, salvo que somos dos. ¿No querés saber algo de mi pasado, que es el porvenir que te espera?

Asintió sin una palabra. Yo proseguí un poco perdido:

—Madre está sana y buena en su casa de Charcas y Maipú, en Buenos Aires, pero padre murió hace unos treinta años. Murió del corazón. Lo acabó una hemiplejia; la mano izquierda puesta sobre la mano derecha era como la mano de un niño sobre la mano de un gigante. Murió con impaciencia de morir, pero sin una queja. Nuestra abuela había muerto en la misma casa. Unos días antes del fin, nos llamó a todos y nos dijo: “Soy una mujer muy vieja, que está muriéndose muy despacio. Que nadie se alborote por una cosa tan común y corriente”. Norah, tu hermana, se casó y tiene dos hijos. A propósito, en casa, ¿cómo están?

—Bien. Padre siempre con sus bromas contra la fe. Anoche dijo que Jesús era como los gauchos, que no quieren comprometerse, y que por eso predicaba en parábolas.

Vaciló y me dijo:

—¿Y usted?

—No sé la cifra de los libros que escribirás, pero sé que son demasiados. Escribirás poesías que te darán un agrado no compartido y cuentos de índole fantástica. Darás clases como tu padre y como tantos otros de nuestra sangre.

Me agradó que nada me preguntara sobre el fracaso o éxito de los libros. Cambié de tono y proseguí:

—En lo que se refiere a la historia… Hubo otra guerra, casi entre los mismos antagonistas. Francia no tardó en capitular; Inglaterra y América libraron contra un dictador alemán, que se llamaba Hitler, la cíclica batalla de Waterloo. Buenos Aires, hacia mil novecientos cuarenta y seis, engendró otro Rosas, bastante parecido a nuestro pariente. El cincuenta y cinco, la provincia de Córdoba nos salvó, como antes Entre Ríos. Ahora, las cosas andan mal. Rusia está apoderándose del planeta; América, trabada por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio. Cada día que pasa nuestro país es más provinciano. Más provinciano y más engreído, como si cerrara los ojos. No me sorprendería que la enseñanza del latín fuera reemplazada por la del guaraní.

Noté que apenas me prestaba atención. El miedo elemental de lo imposible y sin embargo cierto lo amilanaba. Yo, que no he sido padre, sentí por ese pobre muchacho, más íntimo que un hijo de mi carne, una oleada de amor. Vi que apretaba entre las manos un libro. Le pregunté qué era.

—Los poseídos o, según creo, Los demonios de Fyodor Dostoievski—me replicó no sin vanidad.

—Se me ha desdibujado. ¿Qué tal es?

No bien lo dije, sentí que la pregunta era una blasfemia.

—El maestro ruso—dictaminó—ha penetrado más que nadie en los laberintos del alma eslava.

Esa tentativa retórica me pareció una prueba de que se había serenado.

Le pregunté qué otros volúmenes del maestro había recorrido. Enumeró dos o tres, entre ellos El doble.

Le pregunté si al leerlos distinguía bien los personajes, como en el caso de Joseph Conrad, y si pensaba proseguir el examen de la obra completa.

—La verdad es que no—me respondió con cierta sorpresa.

Le pregunté qué estaba escribiendo y me dijo que preparaba un libro de versos que se titularía Los himnos rojos. También había pensado en Los ritmos rojos.

—¿Por qué no?—le dije—. Podés alegar buenos antecedentes. El verso azul de Rubén Darío y la canción gris de Verlaine.

Sin hacerme caso, me aclaró que su libro cantaría la fraternidad de todos los hombres.

El poeta de nuestro tiempo no puede dar la espalda a su época.

Me quedé pensando y le pregunté si verdaderamente se sentía hermano de todos. Por ejemplo, de todos los empresarios de pompas fúnebres, de todos los carteros, de todos los buzos, de todos los que viven en la acera de los números pares, de todos los afónicos, etcétera. Me dijo que su libro se refería a la gran masa de los oprimidos y parias.

—Tu masa de oprimidos y de parias—le contesté—no es más que una abstracción.

Sólo los individuos existen, si es que existe alguien. El hombre de ayer no es el hombre de hoy sentenció algún griego. Nosotros dos, en este banco de Ginebra o de Cambridge, somos tal vez la prueba.

Salvo en las severas páginas de la Historia, los hechos memorables prescinden de frases memorables. Un hombre a punto de morir quiere acordarse de un grabado entrevisto en la infancia; los soldados que están por entrar en la batalla hablan del barro o del sargento. Nuestra situación era única y, francamente, no estábamos preparados. Hablamos, fatalmente, de letras; temo no haber dicho otras cosas que las que suelo decir a los periodistas. Mi alter ego creía en la invención o descubrimiento de metáforas nuevas; yo en las que corresponden a afinidades íntimas y notorias y que nuestra imaginación ya ha aceptado. La vejez de los hombres y el ocaso, los sueños y la vida, el correr del tiempo y del agua. Le expuse esta opinión, que expondría en un libro años después.

Casi no me escuchaba. De pronto dijo:

—Si usted ha sido yo, ¿cómo explicar que haya olvidado su encuentro con un señor de edad que en 1918 le dijo que él también era Borges?

No había pensado en esa dificultad. Le respondí sin convicción:

—Tal vez el hecho fue tan extraño que traté de olvidarlo.

Aventuró una tímida pregunta:

—¿Cómo anda su memoria? Comprendí que para un muchacho que no había cumplido veinte años, un hombre de más de setenta era casi un muerto. Le contesté:

—Suele parecerse al olvido, pero todavía encuentra lo que le encargan. Estudio anglosajón y no soy el último de la clase.

Nuestra conversación ya había durado demasiado para ser la de un sueño.

Una brusca idea se me ocurrió.

—Yo te puedo probar inmediatamente—le dije—que no estás soñando conmigo. Oí bien este verso, que no has leído nunca, que yo recuerde.

Lentamente entoné la famosa línea:

L’hydre—univers tordant son corps écaillé d’astres.

Sentí su casi temeroso estupor. Lo repitió en voz baja, saboreando cada resplandeciente palabra.

—Es verdad—balbuceó—. Yo no podré nunca escribir una línea como ésa. Hugo nos había unido.

Antes, él había repetido con fervor, ahora lo recuerdo, aquella breve pieza en que Walt Whitman rememora una compartida noche ante el mar, en que fue realmente feliz.

—Si Whitman la ha cantado—observé—es porque la deseaba y no sucedió. El poema gana si adivinamos que es la manifestación de un anhelo, no la historia de un hecho.

Se quedó mirándome.

—Usted no lo conoce—exclamó—. Whitman es incapaz de mentir.

Medio siglo no pasa en vano. Bajo nuestra conversación de personas de miscelánea lectura y gustos diversos, comprendí que no podíamos entendernos. Éramos demasiado distintos y demasiado parecidos. No podíamos engañarnos, lo cual hace difícil el diálogo. Cada uno de los dos era el remedo caricaturesco del otro. La situación era harto anormal para durar mucho más tiempo. Aconsejar o discutir era inútil, porque su inevitable destino era ser el que soy.

De pronto recordé una fantasía de Coleridge. Alguien sueña que cruza el paraíso y le dan como prueba una flor. Al despertarse, ahí está la flor.

Se me ocurrió un artificio análogo.

—Oí—le dije—, ¿tenés algún dinero?

—Sí—me replicó—. Tengo unos veinte francos. Esta noche lo convidé a Simón Jichlinski en el Crocodile.

—Dile a Simón que ejercerá la medicina en Carouge y que hará mucho bien… ahora, me das una de tus monedas.

Sacó tres escudos de plata y unas piezas menores. Sin comprender me ofreció uno de los primeros.

Yo le tendí uno de esos imprudentes billetes americanos que tienen muy diverso valor y el mismo tamaño. Lo examinó con avidez.

—No puede ser—gritó—. Lleva la fecha de mil novecientos setenta y cuatro.

(Meses después alguien me dijo que los billetes de banco no llevan fecha.)

—Todo esto es un milagro—alcanzó a decir—y lo milagroso da miedo. Quienes fueron testigos de la resurrección de Lázaro habrán quedado horrorizados.

No hemos cambiado nada, pensé. Siempre las referencias librescas.

Hizo pedazos el billete y guardó la moneda.

Yo resolví tirarla al río. El arco del escudo de plata perdiéndose en el río de plata hubiera conferido a mi historia una imagen vívida, pero la suerte no lo quiso.

Respondí que lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador. Le propuse que nos viéramos al día siguiente, en ese mismo banco que está en dos tiempos y en dos
sitios.

Asintió en el acto y me dijo, sin mirar el reloj, que se le había hecho tarde. Los dos mentíamos y cada cual sabía que su interlocutor estaba mintiendo. Le dije que iban a venir a buscarme.

—¿A buscarlo?—me interrogó.

—Sí. Cuando alcances mi edad habrás perdido casi por completo la vista. Verás el color amarillo y sombras y luces. No te preocupes. La ceguera gradual no es una cosa trágica. Es como un lento atardecer de verano.

Nos despedimos sin habernos tocado. Al día siguiente no fui. El otro tampoco habrá ido.

He cavilado mucho sobre este encuentro, que no he contado a nadie. Creo haber descubierto la clave. El encuentro fue real, pero el otro conversó conmigo en un sueño y fue así que pudo olvidarme; yo conversé con él en la vigilia y todavía me atormenta el recuerdo.

El otro me soñó, pero no me soñó rigurosamente. Soñó, ahora lo entiendo, la imposible fecha en el dólar.


Jorge Francisco Isidoro Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899-Ginebra, 14 de junio de 1986), más conocido como Jorge Luis Borges, fue un destacado escritor de cuentos, poemas y ensayos argentino, extensamente considerado una figura clave tanto para la literatura en habla hispana como para la literatura universal.​

También fue bibliotecario, profesor, conferencista y traductor. Sus dos libros más conocidos, Ficciones y El Aleph, publicados en los años cuarenta, son recopilaciones de cuentos conectados por temas comunes de forma fantástica, como los sueños, los laberintos, las bibliotecas, los espejos, los autores ficticios y las mitologías europeas (como la griega y la nórdica), con argumentos que exploran ideas filosóficas relacionadas, por ejemplo, con la memoria, la eternidad, la posmodernidad y la metaficción.​ Las obras de Borges han contribuido ampliamente a la literatura filosófica, al género fantástico y al posestructuralismo.
Según numerosos críticos, el comienzo del realismo mágico en la literatura hispanoamericana del siglo XX se debe en gran parte a su obra.

 

EN EL FONDO DEL LAGO – Poema de Diego Dublé Urrutia

Soñé que era muy niño, que estaba en la cocina
escuchando los cuentos de la vieja Paulina.
Nada había cambiado: el candil en el muro,
el brasero en el suelo y en un rincón oscuro
el gato, dormitando. La noche estaba fría
y el tiempo tan revuelto, que la casa crujía…
Se escuchaba a lo lejos ese rumor de pena
que sollozan las olas al morir en la arena,
y a intervalos más largos esos vagos aullidos
con que piden auxilio los vapores perdidos.
Nosotros, los chiquillos, oíamos el cuento
sentados junto al fuego, y como entrara el viento
por unos vidrios rotos, su frente medio cana,
la vieja se cubría con su charlón de lana.

Era un cuento muy bello:
Tres príncipes hermanos
que se fueron por mares y países lejanos
tras la bella princesa que la mano de una hada
en un lago sin fondo mantenía encantada.
El mayor, que fue al norte, no regresó en su vida;
el otro, que era un loco, pereció en la partida;
y el menor, que era un ángel por lo adorable y bello,
llegó al fondo del lago sin perder un cabello…
Allá abajo, en el fondo, vio paisajes divinos,
castillos encantados de muros cristalinos
y en un palacio inmenso, de infinita belleza,
encerrada y llorando, vio a la pobre princesa.
Se encontraron sus ojos, se adoraron al punto
y lo demás fue cosa de poquísimo asunto,
pues al verlos tan bellos como el sol y la aurora,
el hada, que era buena, los casó sin demora.

-Así acabó la historia de aquella noche… El gato
se despertó gruñendo, desperezose un rato
y se durmió de nuevo. Zumbó la ventolina
en el cañón, ya frío, de la vieja cocina…
Se levantó un chicuelo y sin hacer ruido
enhollinó la cara de otro chico dormido…
Yo, me quedé soñando con el príncipe amado
por la bella princesa, con el lago encantado
y también con los tristes y apartados desiertos
donde duermen los huesos de los príncipes muertos.


Diego Dublé Urrutia


Hijo de Baldomero Dublé Almeyda, ingeniero y teniente coronel del Ejército, y de Teodorinda Urrutia Anguita. Su abuelo materno fue Basilio Urrutia, general de División y ministro de Guerra y Marina de Chile. Se casó con Mercedes García-Huidobro Fernández, hermana del poeta Vicente Huidobro.

Realizó sus primeros estudios en varios colegios privados de Angol, para luego viajar a Santiago a terminar sus estudios en el Instituto Nacional. En 1895, con 18 años de edad, recibió una mención honrosa en el Certamen Varela de Valparaíso, por su libro de poemas Pensamientos en la tarde. Sus estudios universitarios los realizó en la Escuela de Leyes de la Universidad de Chile. Durante este periodo colaboró en los diarios La Ley de Santiago y El Sur de Concepción. Su carrera de Leyes se vio interrumpida por su nombramiento en el Servicio Diplomático Chileno.

Su producción literaria comenzó en 1898, con la publicación de su libro de poemas llamado Veinte años que incluyó poemas de Pensamientos de la tarde (1895-1896), de Reminiscencias (1897-1898) y de Melancolía, de 1898. Más tarde publicó Profesión de fe (1928) y Memoria genealógica de la familia Dublé (1942), únicos libros publicados que no correspondían al género lírico. En 1953 publicó Fontana cándida, una antología de toda su producción poética.

En 1903 fue destinado en misión diplomática a Francia. Desde ese entonces, su carrera diplomática lo llevó por 17 países distintos, entre ellos, Austria, Brasil y Ecuador, donde se le otorgó el cargo de Ministro Plenipotenciario de Chile.

Fue miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española.

Por su destacada trayectoria, en 1958 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura.

Semana Santa se conmemoró en Paine con la obra BACH TEATRAL

Este acercamiento a las Pasiones Según San Mateo y según San Juan, escritas por Johann Sebastian Bach, puede ser considerado una de las mejores ediciones del Concierto Dominical en Paine, no solo por su oportuno contenido, sino también por el profesionalismo del montaje. Dirigido por la Mezzo Soprano Constanza Dörr, este contó con la música del Ensemble Bach y la prestigiosa agrupación de música barroca Harmonices Mvndi.
Bach teatral es una obra que propone un acercamiento innovador e interdisciplinario a las Pasiones Según San Mateo y según San Juan, escritas por Johann Sebastian Bach. Inspirado en la versión que hizo la Filarmónica de Berlín bajo la dirección de sir Simon Rattle y la puesta en escena de Peter Sellars el año 2014, BACH TEATRAL busca situar este arte atemporal en el siglo XXI, a la vez que comunicar un mensaje de humanidad, un mensaje de esperanza en los momentos de mayor dolor.

Con la orquesta y coro del maestro Sergio Miranda volvió el Concierto Dominical en Paine

Luego del largo receso impuesto por la pandemia del Covid, el 27 de marzo de 2022 volvió el ciclo Concierto Dominical en Paine, esta vez con la orquesta «Monseñor Romero» y el «Coro Católico de Chile», ambos creados y dirigidos por el maestro Sergio Miranda.
El maestro Miranda llegó a la ciudad de Carora, en Venezuela, en 1974, donde fundó la primera orquesta sinfónica juvenil de Venezuela. Dos años después se dio inició a El Sistema, nombre con que se conoce el programa nacional de orquestas en ese país, donde el maestro Miranda sostuvo un estrecho trabajó con el maestro Abreu, director de El Sistema. A su regreso a Chile, hace poco más de 20 años, el maestro Miranda fundó el Coro Católico de Chile. Su primera sede fue el Santuario María Auxiliadora en La Gratitud Nacional. Poco después de iniciado el coro, el maestro Miranda fundó la Orquesta Monseñor Romero (llamada así en homenaje al santo Salvadoreño), que busca entregar enseñanza para la iniciación a la orquesta sinfónica.

Con poco más de 30 músicos, la orquesta y coro abordaron música dedicada a la familia, aquella que es de fácil identificación entre el público no especialista en música.

Se cumplieron así 51 ediciones de este concierto que la Corporación Cultural Nuevo Horizonte ofrece cada mes.

«Buscando caminos», composición musical de la profesora painina Ruth Gaete

Compartimos con ustedes un trabajo que ha estado en nuestros archivos por más de una década.

Se trata de una composición musical que Ruth Gaete compuso para sus alumnos cuando ejercía como profesora en una escuela painina.

El músico Sergio Reyes, también painino, se encargó hacer una bella orquestación con rasgos minimalistas.

Hemos decorado los sonidos con imágenes del paisaje invernal painino.

Paine, junio de 2022

Lecciones sobre la existencia de Dios. P. Osvaldo Lira

El estudio de la Filosofía se concentra cada día más en solo unos pocos. Dentro de este, la Filosofía Tomista es aún más rara de estudiar, a pesar de que ha sido la base del pensamiento humado durante siglos.
Reproducimos a continuación dos clases donde, desde la perspectiva tomista, se reflexiona acerca de la existencia de Dios.
Quien las ofrece es uno de los más destacados pensadores chilenos del siglo XX, el sacerdote y religioso católico Osvaldo Lira, SS.CC.

Clase I, Santiago de Chile, agosto de 1982

Clase II, Santiago de Chile, agosto de 1982

 

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