Conversaba hace algunos días con la cantante lírica Carla Moraga antes de su presentación en el Concierto Dominical en Paine. Hablábamos, de su interés por incluir el canto popular en sus presentaciones, algo poco frecuente entre los intérpretes de música lírica. Quise entonces conocer su opinión sobre el canto popular en los niños de colegio.
—¡Entre los niños hay voces muy lindas! —me dijo.
Sus palabras me hicieron pensar en los festivales escolares de la voz que me ha tocado presenciar. En ellos predominan canciones que poco tienen que ver con la realidad de un niño: temas cargados de erotismo y mensajes propios del mundo adulto. Recordé entonces una columna que el escritor chileno Enrique Lafourcade publicó a mediados de los años noventa, donde afirmaba que en estos festivales se escuchan canciones “que parecen carnicerías, verdaderas transfusiones de sangre”. A ello se suma la tendencia a imitar las versiones más famosas de cada tema, con resultados que muchas veces obligan al grito más que al canto natural. Sin embargo, pese a esas deficiencias, siempre es posible descubrir el talento que hay detrás de muchas de esas voces.
La pregunta surge de manera natural: ¿qué podemos hacer para encaminar adecuadamente esos talentos? La respuesta no es nueva: contar con la guía de un buen profesor, de un maestro que ayude a desarrollar la técnica vocal y el criterio musical.
Pero Carla Moraga agregó una valiosa alternativa: la participación en coros. Se trata de un excelente camino para aprender técnica vocal, desarrollar la escucha y adquirir experiencia musical de manera gradual, me dijo.

Claro. Los beneficios que recibe un niño al participar en un coro son múltiples. El canto coral favorece la afinación, el sentido rítmico y la percepción auditiva; introduce a los niños en el lenguaje musical y fortalece habilidades comunicativas como la dicción, la pronunciación y la expresión verbal. Al mismo tiempo, fomenta el trabajo en equipo, la cooperación y el respeto mutuo. También contribuye al desarrollo de la autoestima y de la confianza personal, permitiendo que los niños expresen emociones de manera positiva.
Los profesores de música cuentan hoy con suficientes recursos para poner en marcha coros de distintas características dentro de los establecimientos educacionales. Entonces cabe preguntarse: ¿qué falta para verlos con mayor frecuencia sobre los escenarios?
Probablemente, liderazgo y decisión institucional.
Lo primero es reconocer el coro como una herramienta educativa de gran impacto, capaz de generar importantes beneficios cognitivos, artísticos y sociales. En segundo lugar, los coros no deberían ser considerados una actividad meramente complementaria; parte de su trabajo podría desarrollarse dentro del horario escolar. También será necesario contrarrestar una tendencia creciente: la de escuchar música de forma exclusivamente individual a través de dispositivos y plataformas digitales, en desmedro de las experiencias musicales compartidas.
Paradójicamente, los coros escolares son una de las actividades artísticas más accesibles. No requieren instrumentos costosos y permiten la participación simultánea de un gran número de estudiantes. Además, constituyen una excelente escuela para futuros solistas, quienes podrán llegar a los festivales con una formación técnica más sólida y con repertorios acordes a su edad.
Vale la pena, se puede concluir, que en la Provincia del Maipo se plantee como meta la formación de numerosos coros infantiles y juveniles. Sería una inversión cultural de largo plazo, capaz de enriquecer la vida musical de nuestras comunidades y de ofrecer a muchos niños un espacio de aprendizaje, crecimiento y expresión artística.
Rodolfo Silva
Corporación Cultural Nuevo Horizonte de Paine.
Paine, julio de 2026
(Publicado originalmente en la edición de julio 2026 de la revista Todo Paine)
