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«Das Kapital»: Comedia Negra de Banjamín Galemiri

En 1991 el denominado “dramaturgo de la transición”, Benjamín Galemiri (El Coordinador) escribió Das Kapital. Una simple metáfora sobre la vida contemporánea que presenta la cómica e imprevista historia de una concesionaria de autos, donde las relaciones y reacciones son tan humanas como el no reconocer nuestros errores.

En su trama, William es un empleado público que ansía la compra de un auto para poder pasear con su familia. Para ello, llega a la automotora de Brito, un vendedor de vasta experiencia y amor por los autos.

Son pocos los que acostumbran a leer obras de teatro. Se trata, sin embargo, de una atractiva manera de conocer otra faceta de este arte que forma parte de la literatura: la Dramaturgia.

DAS KAPITAL
De Benjamin GALEMIRI

 SECUENCIA 1. EXTERIOR AUTOMOTORA. NOCHE

PETULA es una joven intensa y ansiosa que masca su chicle con frenesí y presenta una sonrisa turbada en una noche tormentosa y con una lluvia persistente.

Delante de una muralla agrietada de la automotora, mira a cámara e inicia una narración.

PETULA: ¿Me imagina desnuda? le dije. ¿Qué le gusta mas de mí?… ¿Las piernas?… y él se puso tenso, rabioso, no sé, raro…

Se queda mirando un rato a cámara. Se ríe levemente y dice como para ella, casi susurrando:

PÉTULA: ¿Quiere homeopatía? Para la impotencia es genial. ¿Me imagina a mi desnuda? ¿Me ve corriendo desnuda por un campo del sur de Chile?

FUNDIDO AL NEGRO.

 

SECUENCIA 2. AUTOMORA. EXTERIOR DÍA

WILLIAM es un cuarentón ensimismado y horriblemente acomplejado que no se atreve a mirar a nadie.

En el patio de la automotora, entre los autos, mira a la cámara medio asustado. Cambia la mirada, empieza a silbar sin melodía, solo ruido y se mueve, se pasea, da un pasito y vuelve y mira y cambia la vista.

FUNDIDO AL NEGRO.

 
SECUENCIA 3. AUTOMÓVIL. INTERIOR DÍA

SIMÓN un setentón vanidoso y locuaz que maneja su viejo Peugeot de 1968.

La cámara va delante. Él mira a cámara y dice:

SIMÓN: Usted parece estar disfrutando de mi compañía. Me agrada…, le dije, podría estudiar un crédito para usted.

Yo tuve empresas en Nueva York, Roma, Paris…

 

FUNDIDO AL NEGRO. MÚSICA.

 

SECUENCIA 3. EXTERIOR CALLE. DÍA

La graciosa PETULA se aproxima a una Automotora en una abominable y ruidosa calle de Providencia.         

 

SECUENCIA 4. AUTOMÓVIL. INTERIOR DÍA

SIMÓN respira como un animal dentro del sofocante automóvil. Algo inquieta horriblemente a este hombre sospechosamente atlético.

SECUENCIA 5. AUTOMOTORA. EXTERIOR DÍA

PÉTULA ingresa a la automotora, cruza el patio repleto de autos y se dirige a las oficinas de recepción y ventas.

SECUENCIA 6. AUTOMOTORA. INTERIOR DÍA

Un joven vendedor ansioso y excitado, MARTÍN, abandona la ventana desde donde ha estado espiando la llegada de PÉTULA y corre hacia su escritorio, saca un espejo desde un cajón y lo instala en un punto estratégico desde donde puede ver el baño al que entrará pronto PÉTULA.

 

 

SECUENCIA 7. AUTOMOTORA. INTERIOR DÍA

PÉTULA ingresa a las oficinas donde se saluda con cierto ardor con Martín, que es el vendedor que la observaba por la ventana y que está esperando que entre al baño para mirarla por el espejo.

 

SECUENCIA 8. AUTOMÓVIL. INTERIOR DÍA

SIMÓN espía con una seriedad abismante la entrada de la chica a la automotora.

El amenazante hombre se baja del auto, dirigiéndose hacia las oficinas de la automotora.           

SECUENCIA 9. AUTOMOTORA. EXTERIOR DÍA

WILLIAM cruza la calle e ingresa también a la automotora.

 

SECUENCIA 10. AUTOMÓVIL. INTERIOR DÍA

SIMÓN, al ver entrar a WILLIAM a la automotora, se gira observándolo meticulosamente y se devuelve dirigiéndose a él.

SECUENCIA 11. AUTOMOTORA. EXTERIOR DÍA

PÉTULA en el baño, se cambia de ropa y se pone un delantal bajo la mirada obsesiva y libidinosa del joven vendedor que la observa a través del espejo que instaló sobre la puerta del baño.

SECUENCIA 12. AUTOMOTORA. EXTERIOR DÍA 

WILLIAM estudia a SIMÓN que ahora está muy cerca mirando los autos.

SIMÓN se acerca y WILLIAM se desplaza en la dirección contraria para evitarlo.

 

SECUENCIA 13. AUTOMOTORA. INTERIOR DÍA

PÉTULA se ubica para que MARTÍN la vea a través del espejo, realiza algunos gestos obscenos y luego sale del baño.

SECUENCIA 14. EXTERIOR AUTOMOTORA. DÍA

WILLIAM que se ha escapado hacia los autos que están más al fondo del patio, se da cuenta de que SIMÓN se acerca y que no tiene donde huir, pero su fascinación por los autos lo domina y lo detiene.

 

SECUENCIA 15. AUTOMOTORA. INTERIOR DÍA

PÉTULA se acerca al vidrio y se solaza espiando la llegada de WILLIAM a la automotora y como se desarrolla su atracción por los automóviles nuevos y relucientes.

 

SECUENCIA 16.  AUTOMOTORA. DIA

WILLIAM se desliza entre los automóviles como si flotara.

Los autos encendidos con sus luces, casi como en un comercial falso.

SIMÓN camina decidido hacia WILLIAM.

WILLIAM empapado de sudor observando un Toyota cerrado, inalcanzable.

SIMÓN (OFF): Noté que le tirita un ojo…

WILLIAM sale de su estúpido ensimismamiento enfrentando a SIMÓN que lo escruta con una amabilidad cruel. El muy vulnerable WILLIAM se observa el ojo en el espejo del retrovisor del Toyota.

WILLIAM: ¿Sí…?

SIMON: ¿Es astigmático?

WILLIAM: ¿Cómo lo supo?

SIMÓN extrae de su chaqueta un mágico spray.

SIMÓN: Este producto es extraordinario en estos casos… Abra el ojo…

SECUENCIA 17. AUTOMOTORA. INTERIOR DÍA

PÉTULA que extrae una botellita de whisky del cajón de WILLIAM, la guarda en su delantal y se acerca a observar la singular SECUENCIA entre WILLIAM Y SIMÓN.

SECUENCIA 18. AUTOMOTORA. EXTERIOR DÍA

El primer instinto de WILLIAM es alejarse lo más rápido posible de ese ser invasor y singular. Pero SIMÓN que parece no aceptar negativas, lo acoge y le rocía el iris con el producto. WILLIAM deja escapar un gemido pusilánime.

SIMÓN: ¿Quiere dejar de gritar, amigo? Me avergüenza…

SIMÓN lo examina como un especialista renombrado, escrupulosamente, paternal.

SIMÓN: ¿Ve?… Dejó de gritar…

SIMÓN desbloquea la puerta del Toyota y la abre como quién desnuda a una dama, en ralenti y parece salir una aroma embriagador y venenoso del interior, adictivo para el pobre WILLIAM.

WILLIAM siente que le falta aire.

SECUENCIA 19. AUTOMOTORA. INTERIOR DÍA

PÉTULA bebe whisky maléficamente y lo observa. CORTE. PÉTULA sobre el automóvil como chica de concurso.

CORTE.

SECUENCIA  20. AUTOMOTORA. EXTERIOR DÍA

SIMÓN lo mete con fuerza dentro del automóvil.

SECUENCIA 21.  AUTOMÓVIL TOYOTA. INTERIOR DÍA

WILLIAM aturdido disfruta del atragantador interior del automóvil con olor a nuevo como un bebé recién nacido.

SIMÓN saca de su chaqueta una botellita de whisky y se zampa un trago, agitado.

WILLIAM lo ve acomodarse algo bajo el sobaco. Algo duro parecido a un revólver.

SIMON: ¿Renta líquida mensual?

WILLIAM: ¿Qué?… Eh… Trescientos cincuenta mil pesos…

SIMÓN pega una mirada hacia adentro, y sorprende a PÉTULA pegada al ventanal de la automotora.

SIMÓN saca su celular. PÉTULA corre al teléfono.

SIMÓN: Pétula, tráigame mi homeopatía, por favor…

SIMÓN que vuelve a consumir las pastillas compulsivamente, angustiado, se desabrocha la corbata, fatigoso. Observa con clara compasión a un atribulado WILLIAM.

SIMÓN: Trescientos cincuenta mil pesos… Mm… poco podemos hacer… ¿Avales?

WILLIAM: Bueno… no sé. Mi suegro…

SIMÓN se aproxima al William balbuceante.

SIMÓN: ¿Su suegro?

WILLIAM: Sí…

SIMÓN: ¿Tiene un suegro que lo avalaría, me está hablando absolutamente en serio?

CORTE.

SECUENCIA 22. AUTOMÓVIL. INTERIOR DÍA.

SIMÓN se echa para atrás en el asiento automático. Se relaja.

WILLIAM: Bueno… alguna vez mi suegro lo mencionó.

SIMÓN: ¿Alguna vez? ¿Podría ser más preciso por favor? ¿Cuándo alguna vez? ¿Hace un año? ¿Hace un mes? ¿Cuándo?

WILLIAM: Bueno no sé. Puede ser el año pasado.

SIMON: Mire amigo, hablemos con sinceridad… Esta línea de coches requiere de ingresos por sobre un millón y medio de pesos y avales expresados en Unidades de Fomento… No sé si me va siguiendo el razonamiento…

SIMÓN salta como un mono.

SIMÓN: ¡El spray! ¡Devuélvame el spray ahora mismo!

WILLIAM: Cae en la cuenta de que lo tiene en la mano. SIMÓN se lo arrebata y lo guarda como un tesoro en su chaqueta. Luego, bruscamente, lo toma del brazo, complaciente. Y lo saca del auto.

SECUENCIA 23 EXTERIOR AUTOMÓVIL. DÍA

SIMÓN camina cálidamente tomado del brazo de WILLIAM como si fueran dos viejos amigos.

SIMÓN: ¿Ve esa micro que va pasando allá afuera?

WILLIAM: Sí…

SIMÓN: Supongo que tiene en su bolsillo doscientos veinte pesos… Bueno, esa micrito lo llevará donde usted podrá encontrar autos que fueron de las “repúblicas socialistas” por cifras populares, muy convenientes en automotoras de reventa en Franklin…

No hablemos por cierto de la calidad… No es el caso naturalmente…

WILLIAM se distrae porque se acerca PÉTULA con un frasco en la mano.

SIMÓN con su mano agarrotada toma el frasco y se zampa inmediatamente diez capsulas de homeopatía o sea lo que sea. No hay ninguna presentación. Sencillamente ahora tiene a la chica frente a él.

WILLIAM no puede sacar la vista de ella, quién se le acerca perturbadoramente y tomándola el otro brazo le susurra al oído…

PÉTULA (AL OÍDO DE WILLIAM): ¿Cree que tengo buen cuerpo? ¿Qué le gusta más de mí? ¿Las tetas? ¿Las piernas? ¿Quiere homeopatía? Para la impotencia es genial… ¿Se imagina yo desnuda? ¿Me ve corriendo en un campo del Sur de Chile empelota?

WILLIAM perplejo ve alejarse a PÉTULA. SIMÓN no le da tiempo para nada, sigue su acoso a la presa.

SIMÓN: Usted parece estar disfrutando de mi compañía… Me agrada… Podría estudiar un crédito para usted…

WILLIAM: No, si yo estaba mirando… Cotejando, nada más…

WILLIAM le estira la mano a SIMÓN en ademán de despedirse.

SIMÓN lo estudia, un poco herido.

WILLIAM busca con la mirada a PÉTULA que ya no está a la vista, casi como pidiendo ayuda.

SIMÓN se acerca demasiado grato a WILLIAM.

SIMÓN: Espere un poquito… Déjeme verlo un momento… Me recuerda terriblemente a alguien… Esa cosa prístina, candorosa en su mirada…  Algo de debilidad…

SIMÓN se vuelve a meter un ginseng caro. Los ojos vidriosos, casi llorosos de SIMÓN impresionan a WILLIAM que le recuerdan a su atormentado padre.

Suena un trueno y comienza a llover torrencialmente. Simón y William, quedan perplejos observando el diluvio.

CORTE.

SECUENCIA 24. AUTOMOTORA. INTERIOR DÍA

SIMÓN, empapado, y que se ufana de su jovialidad a pesar de los años, y en cierta medida tiene razón al jactarse porque el viejo se mantiene muy bien, se sienta sobre la mesa del escritorio, suspirando hondo.

SIMÓN: Mire amigo, le puedo ofrecer algo a su medida…

PÉTULA revolotea como una mariposa pegote pasando por la oficina y viene seguida de Martín, vendedor joven obseso sexual.

A SIMÓN sencillamente le patea ese tipo, se solaza estudiándolo meticulosamente con mucho desprecio.

SIMÓN: No… No… Usted no quiere un auto… No lo necesita.

WILLIAM vence su horrible timidez, porque está hastiado de tanta incomprensión.

Se larga a hablar.

WILLIAM: ¿Y por qué me dice eso? Lo necesito mucho… Hace diez años que ahorro para comprar un auto… Años de anhelar mi propio coche para terminar con el sacrificio diario de llevar al colegio en micro a mis hijos… la vergüenza de salir con la señora en metro…

SIMÓN en el celular, que parece prestar poca atención a la confesión de WILLIAM.

SIMÓN: Pétula… Pétula… Hágase cargo de ese hombre inmediatamente…

WILLIAM pega la vista afuera, hay un cliente merodeando solo… PÉTULA se abalanza sobre él y le toma del brazo seductora.

WILLIAM que parece haber tomado demasiado cariño a la chica controla este encuentro y SIMÓN disfruta con sadismo. Ambos se ponen de pie frente al gran cristal y siguen la estratagema de PÉTULA con el incauto cliente en las sombras.

WILLIAM: ¿Sabe?… Una vez casi gané un auto en el Concurso de Sábado Gigante… Fue un instante extraordinario, faltaba muy poco, y llevaba la delantera… Don Francisco me hacía una y otra pregunta, y yo seguía avanzando en la escalera del éxito… Estaba muy inspirado aquel día, y me encaminaba a la gloria segura… De pronto el animador me hace esa pregunta: “Mueve la palanca usted o yo?” “Usted le dije” “¿Está seguro, señor?

“Lo puede perder todo”.

SIMÓN examina con piedad a un devastado WILLIAM. Parece haberle nacido verdadera curiosidad por el espeluznante relato de un perdedor nato, que tanto le gusta oír, como todo un sadomasoquista que es.

WILLIAM: “Estoy seguro”, le dije…

SIMÓN le estira un medicamento naturista. WILLIAM no se da cuenta de lo que hace totalmente, porque se lo bebe un sorbo, derrotado.

WILLIAM: Y fue el desastre. Cayó el humo… y la alarma me indicó que había perdido todo…

Por un segundo pude notar el rostro de frustración y odio de mi mujer… Yo había perdido una automóvil cero kilómetros delante de millones de personas… No me lo puedo perdonar…

WILLIAM se desploma en el asiento, abominándose.

WILLIAM: No sé por qué le estoy contándole estas cosas tan personales…

SIMÓN que se saca la chaqueta, victorioso.

SIMÓN: Porque hay una empatía natural entre usted y yo… Es químico, amigo. Pasa en forma esporádica. Una vez cada diecisiete años. Usted se quiere desahogar y yo quiero ayudarlo. Es algo natural, algo de piel.

SIMÓN se pega a WILLIAM desmedidamente.

SIMÓN: ¿Me va a dejar ayudarlo?

WILLIAM contrariado comprueba como PÉTULA sale con el cliente a probar el automóvil.

SIMÓN pega una mirada triunfal con la expresión de eso es compra segura.

SIMÓN: Una sola vez amé a una mujer… Mi historia de amor es repulsiva… Cuando seamos más amigos se la contaré… Esa muchacha es igual a esa joven… Por eso la contraté… Para odiarla todos los días…

WILLIAM suda ante las singulares confesiones de su vendedor.

SIMÓN: Acompáñeme…

SECUENCIA 25. AUTOMOTORA ESTACIONAMIENTO TRASERO. DÍA

SIMÓN extasiado frente a un PEUGEOT de los años setenta.

SIMÓN acaricia obscenamente las curvas del coche.

SIMÓN: Usted lo ve y debe pensar, qué repugnante ¿no es cierto?… Pero mire: es una auténtica y prodigiosa maravilla. Motor francés, legítimo…

Casi jadeando el inmoral SIMÓN le planta la pregunta como si fuera una transacción sexual.

SIMÓN: ¿Cuánto cree que cuesta esta joya de 1968?

WILLIAM: No sé… un millón.

SIMÓN: ¡Shtt! Por favor, no diga esa cifra ordinaria para una reliquia como ésta… ¿Valor?: Cuatro y medio millones de pesos. Sí, yo sé, usted está pensando por dentro, este tipo me está estafando. Y le encuentro toda la razón. Yo le estoy ofreciendo un coche de apariencia ruinosa, esperpéntica.¡Y le estoy cobrando casi siete mil dólares! Soy un timador, aparentemente. Dentro de poco usted estará deslumbrado y me encontrará toda la razón. Y será tan sencillo que lo obtenga. Usted me paga veinticinco por ciento ahora, y con un interés imperceptible, idiota, usted cancela las cuotas restantes…

WILLIAM: La verdad es que yo había pensado en un auto nuevo…

SIMÓN: ¡Un auto nuevo! Típico de nuestros tiempos… Lo nuevo, lo moderno, lo joven, la moda… lo efímero, la muerte, en síntesis mon cher ami… Helás…

Mire…

SIMÓN arrebatado entreabre las puertas del automóvil. WILLIAM trata de atisbar el interior lujurioso del automóvil.

SIMÓN: Mire, este auto con todo el uso que tiene, que no es mucho tampoco, es superior a ese Toyota 2004 que usted deseaba con tanta indecencia pornográfica hace solo un rato… y que está a la venta por más de quince millones de pesos… Se lo voy a demostrar…

SIMÓN hace piruetas indefinibles y mareadoras frente a un bombardeado WILLIAM.

SIMÓN: Abro el motor…

SIMÓN Abre el apestoso motor del auto.

SIMÓN: ¿Y qué encontramos?… Repuestos originales… sólidos… nobles…

SIMÓN: ¿Usted cree que no me doy cuenta de que estoy engañando a la gente cuando les vendo esos coches orientales? Venga para acá, se lo voy a demostrar…

SECUENCIA 26. AUTOMOTORA. TARDE

Un atragantador desfile de apetitosos automóviles japoneses o coreanos de última generación se ofrecen casi como prostitutas frente a los lastimosos ojos de WILLIAM.

SIMÓN: Mire esto… observe estos materiales provisorios, poco sólidos… Ahora mire lo que voy a hacer…

SIMÓN al oído de WILLIAM, que se acelera con el retorno de la traviesa PÉTULA.

SIMÓN: Voy a cerrar la tienda, sólo para enseñarle que todas estas supuestas maravillas del desarrollo neo-capitalista son solo bluff.

WILLIAM pegado a PÉTULA que cierra el trato con el cliente.

SIMÓN(OFF): Pero no… no… Lo veo inquieto… No quiere seguir adelante…

SIMÓN le habla dándole la espalda y supervisando a PÉTULA.

SIMÓN: De acuerdo, estoy yendo demasiado lejos, usted no está preparado… Prefiere dejarse llevar por lo habitual, lo obvio… Lo entiendo… Mire mi amigo…

SIMÓN se da vuelta sorpresivamente y se encamina letalmente contra WILLIAM.

SIMÓN: Fue un gusto.

SIMÓN aprieta sus manos con fiereza.

SIMÓN: Adiós.

WILLIAM desarmado no sabe como reaccionar.

SIMÓN vuelve a su oficina.

WILLIAM lo para en seco. SIMÓN le devuelve una mirada peligrosa, es prácticamente un duelo tipo western.

WILLIAM: Espere… por favor… demos esa vuelta…

SIMÓN: Cada vez me gusta usted más, mi amigo…

SECUENCIA 27. AUTOMÓVIL PEUGEOT. INTERIOR

PÉTULA al volante, pegada sospechosamente a WILLIAM, y atrás, cuál emperador, SIMÓN.

PÉTULA es una temeraria conductora, incluso se pasa algunas luces rojas, manteniendo entre alterado y excitado al disminuido WILLIAM.

SIMÓN: ¿Qué le parece? Mejor que un avión… ¿No es cierto?…

PÉTULA juguetea con su mano derecha con la entrepierna de WILLIAM que a estas alturas la tiene más dura que una roca. SIMÓN se hace el desentendido o no lo interesa, o está demasiado acelerado.

SIMÓN: Ya le dije, la maquinaria europea puede tener un siglo, pero se mantiene vigente… vigorosa…

LOS perversos deditos de PÉTULA en su órgano.

SIMÓN: Ahora en las curvas Del comportamiento es rotundo.

PÉTULA entra a una curva con audacia incorregible. SIMÓN se atora. WILLIAM desea lanzarse fuera del auto. EL automóvil comienza a dar sacudones.

SIMÓN: No, solo estaba probando el nivel de eyección por sobre el nivel de amortiguación versus estabilidad… ¿Ve?… La resistencia por fluido es óptima y eso es un hecho de la causa…

PÉTULA (AL OÍDO DE WILLIAM): Shtt… No tirite… ¿Qué signo es…? Sagitario y Leo, la unión sagrada… ¿Se masturba mucho?… Mi padre es terrible, pero el viejo tiene un mérito no se mete. No puedo evitar enamorarme de sus clientes. Quizá porque tengo debilidad por los acreedores… ¿cuánta plata le debe a mi papá? ¿Dos millones, tres? No es nada…

Conozco a unos que le deben hasta cincuenta…

SIMÓN: Se lo voy a explicar brevemente. Tomemos un engranaje de construcción sencilla, y apliquemos el bombeo por sacudidas irregulares, ¿qué obtenemos…? tracción superior al mil por ciento…

PÉTULA (QUE SIGUE SUSURRÁNDOLE): Mi padre es buena persona… Lo que pasa es que lo malinterpretan… No es celoso, pero es mejor que no nos sorprenda…

¿Tiene título profesional? Tuve un novio al que mi papá le permitía besarme dos veces al día con unas reglas que nunca entendí…

PÉTULA mete a fondo el acelerador.

SIMÓN: Bueno este maravilloso coche está por sobre esa nivelación y sin entrar a la norma digital, que la cumple por méritos igualmente…

SECUENCIA 28. AUTOMOTORA. EXTERIOR TARDE

WILLIAM lleno de pensamientos, abrumado. PÉTULA lo observa seria. SIMÓN respira como un búfalo. Han vuelto a la automotora, el automóvil hirviente.

WILLIAM: ¿Quiere que le diga una cosa? Necesito un auto hoy mismo. Usted no sabe lo miserable que es la vida de un peatón. El desprestigio constante.

SIMÓN pone cara “eso ya lo he oído antes”.

WILLIAM: No podría volver al trabajo o a la casa sin auto. Yo percibo la reprobación, el sarcasmo en el ambiente, por mi condición cuasi-proletaria… Necesito subir mis status rápidamente, amigo, usted debe entenderme, soy un hombre preparado, no cualquier persona…

SIMÓN: Cuando volvamos a mi oficina le voy a regalar un pequeño libro muy conveniente titulado: “Yo necesito lo que necesito”. A mí ese libro me cambió la vida. ¿Me entiende? Yo llevaba una vida ansiosa, y el libro me enseñó las cosas sencillas… ¿Me capta?

Abra esa ventana… me da asco su perfume…

WILLIAM: Disculpe…

SIMÓN: Sí, claro, me pide disculpas, pero el olor lo tengo adherido a las fosas nasales. Espero que no lo haya dejado pegado en el auto… ¿Sabía que soy capaz de vomitar encima suyo a causa de ese perfume pestilente? ¿Qué edad tiene, amigo?

WILLIAM: Cuarenta y ocho años…

SIMÓN: ¿No se siente un poco presionado?

WILLIAM: Bueno yo…

SIMÓN: Sí, definitivamente ese libro lo va liberar de muchas cosas…Ahora volvamos…

SIMÓN se baja del automóvil atolondrado. PÉTULA frena la bajada de WILLIAM.

PÉTULA: ¿Sabía que mi padre es abogado?

WILLIAM: ¿Por qué dice que es su padre?

PÉTULA: Mi padre siempre negará que soy su hija. ¿Le habló ya de la historia de que soy igual a mi madre? Es verdad. Eso lo descompone. ¿Le contó la historia macabra de mi madre?

WILLIAM: No quiero seguir oyendo. Usted me tiene secuestrado aquí. Es ilegal.

PÉTULA: Mi padre fue un gran abogado. Después vino su descalabro. Estafó a los mismos que defendía con la ley por delante. ¿No es apasionante? Nunca me he topado con nadie más estremecedor que mi papá. ¿No es lindo?

PÉTULA lo acerca candentemente.

PÉTULA: Me gusta su cara.

WILLIAM: ¿La de su padre?

PÉTULA: La suya tiene perplejidad…

PÉTULA besa a WILLIAM, quien queda como después de un tsunami.

PÉTULA: ¿En qué está pensando? Hace un mes me habría ido con usted hasta el fin del mundo. Ahora no. Ahora soy otra. ¿No me va a preguntar qué pasó?

No dice nada. Nunca dice nada. Nunca opina. Quiero oír su discurso. Mi padre tuvo un cliente parecido a usted. Lo que pasó después no me está permitido contarlo.

WILLIAM abraza con ardor a PÉTULA y la acaricia con impericia.

PÉTULA: En este auto he atracado con senadores y ministros. Son todos iguales. Las cosas que yo sé.

SUENA EL CELULAR DE PÉTULA.

PÉTULA: Ese es mi padre… ¿Si fui su amante? Ya no me acuerdo… Todos los hombres son niños… Como usted…

SIMÓN los observa desde la oficina con un catalejo.

SECUENCIA 28. AUTOMOTORA. ANOCHECIENDO

PÉTULA TRAE café y coñac. Prepara un batido mortal.

SIMÓN: ¿Quiere que le diga algo? Usted me cayó demasiado bien… No es usual… En general detesto a mis clientes… Los encuentro… ¿Cómo formularlo brevemente?… Fútiles, frívolos, fascistas… Pero tiene usted cierta fineza que cuesta bastante no reconocerla… ¿No es cierto, Pétula?

PÉTULA se sienta en el sillón de cuero con las piernas en exhibición y bebe, lo que la tranquiliza a la pobre.

SIMÓN: ¿Ha viajado mucho amigo?

WILLIAM: Bueno sí, me mandaron del trabajo a Estados Unidos una vez…

SIMÓN: Sí, eso se ve muy claramente en los modales… En ese toque connaisseur… Mire, quiero sincerarme con usted… El auto que estoy tratando de venderle es mío…

WILLIAM queda de una sola pieza.

SIMÓN: Sí, así es. Y la verdad es que me apena mucho, muchísimo venderlo.

PÉTULA disfruta histéricamente todo.

SIMÓN: Perteneció a mi honorable abuelo, que lo cuidó como hueso santo, y luego me lo regaló…

SIMÓN estruja un par de lágrimas de cocodrilo. Pero WILLIAM que tiene el corazón como chocolate, se emociona con él. PÉTULA que agradece convivir con sentimentales, se pone de pie y acaricia un instante a WILLIAM compasiva y luego harta de todo, sale.

SIMÓN: Déjela… ¿Qué le dijo? ¿Qué era mi hija? No le crea ni una sola gota. Esa mujercita se pegó a mí como si fuera su padre… No quisiera destrozar su extraño corazón, por eso la acepto…

SIMÓN sigue bebiendo.

SIMÓN: ¿Se fijó? Dos dueños del auto en casi treinta años Pensándolo bien, y perdóneme que lo haya entusiasmado, pero no…

SIMÓN SE encamina hacia la puerta. Le indica salir a WILLIAM.

La verdad es que no puedo vendérselo… Es una joya, es el mejor carro que he tenido en mis manos en los años que llevo en este negocio del automóvil…

SIMÓN: Y escúcheme bien. Tuve una automotora en Nueva York, otra en Alemania y en Temuco, las verdaderas pruebas de fuego en este rubro… Me vine un poco por debilidad insular, en busca de esa cosa que llaman sentimiento, afecto, amigos… Hoy me doy cuenta que esas cosas, y permítame decirlo, son pura mierda…

SIMÓN ESTALLA EN UN LLANTERÍO de difícil comprensión para WILLIAM, que se aproxima apiadándose del dolor de SIMÓN, pero este se pone frío repentinamente.

WILLIAM: Bueno, yo jamás pensé llevarme su auto…

SIMÓN: No por favor, no insista… se lo ruego… Siento haberlo entusiasmado y me doy perfecta cuenta de que se trata de un coche estupendo, inigualable, pero entiéndame, se trata de un auto que significa mucho para mí y tres millones y tanto, no…, no reflejan su verdadero valor…

¿Cuánto cree que vale entonces?

SIMÓN: No, francamente no quiero negociar mi auto… ni por todo el oro del mundo… Mire amigo, le voy a dar un consejo gratis, con mucho afecto, cómprese uno de esos coreanos de última moda, consígase un verdadero aval, plata prestada, en fin, hay mil maneras, déle un gusto a su familia ya que es lo único que cuenta para usted, parece…

FUNDIDO AL NEGRO.

SECUENCIA 29. AUTOMOTORA. DÍA

WILLIAM atraviesa la automotora, y para su completa desgracia, sorprende a PÉTULA coqueteando con MARTÍN.

PÉTULA se abalanza hacia él.

WILLIAM: ¿Qué estaba haciendo con ese sujeto?

PÉTULA: Hasta que sus ojos no saquen su filosa vista de mis nalgas, no le diré nada.

WILLIAM: Presuntuosa.

PÉTULA: Sé que soy muy hermosa y pervierto hasta el más abominable pensamiento con mi mirada siniestra y ardiente. ¿Le gustan mis manos? A mí, sí.

WILLIAM: Es bella. Punto. ¿Está contenta? Era lo que quería oír. Ahora responda por sus actos.

PÉTULA: ¿Se agota fácilmente en el acto sexual, William? ¿O debo decir Willy? ¿Su mujer lo mimó anoche? ¿Se lo succionó suavecito? ¿Quiere que se lo succione yo, ahora mismo? ¿Está celosito?

WILLIAM: Arrogante. Me irrita el tono de su conversación. Podría hacer todo más sencillo.

¿Está su padre?

PÉTULA: ¿Mi padre? Déjeme pensar. Usted me deja pensando, pero sobre todo malas cosas. ¿Mi papi? ¿Por qué le tiene tanto miedo? Usted quiere su auto. Es igual a todos esos otros. ¿Sigo siendo tan sexy como ayer? ¿Quiere ver mi pubis hirsuto y teñido?

WILLIAM: Déme con su padre.

PÉTULA: Usted es un niño. Arrastra este penoso juego hasta el final. ¿No se cansará? Debería. Aún puede salirse. Usted puede liberarse de ese viejo de mierda llamado “mi padre” o “concha de su madre”.

WILLIAM: Su voz es más triste cuando está cansada, me agrada.

PÉTULA: Desaparezca de mi vista, William.

WILLIAM queda helado con la respuesta abrupta de la joven.

SECUENCIA 30. OFICINA. INTERIOR DÍA

WILLIAM intenta abrir la puerta de la oficina de SIMÓN.

WILLIAM: Usted me ha hecho remeditar el asunto, SIMON… Tiene razón… Esos coches nuevos no me convencen…

SIMÓN(OFF): Bueno, esos autitos al menos tienen sus virtudes, amigo. Al menos no andará por allí exhibiendo esas formas rococó y llenas de luces de otros autos… Cumplirá su objetivo, mantener a la familia unida… ¿No es eso lo que busca?

SIMÓN entreabre la puerta, y presenta una apariencia diferente, impactante, sin peluca, que rápidamente se pone antes de enfrentarse a WILLIAM.

SIMÓN: Déjeme prepararle un plan de pago conveniente… Ya verá…

WILLIAM entra en la oficina invadido de una extraña felicidad.

SIMÓN: ¿Nombre completo?

WILLIAM: William O´ckinney Sanhueza.

SIMÓN: ¿Tiene mail en su oficina? ¿Tiene celular? Yo le mando una cotización lo más modesta posible, digamos un carro coreano última generación, dólar acuerdo…

SIMÓN no lo mira, se lo dice con arrogancia.

SIMÓN: ¿Tiene hijos?

WILLIAM que no se esperaba la pregunta, reacciona mal.

WILLIAM: Sí…

SIMÓN: ¿Y los disfruta?

WILLIAM: Supongo.

SIMÓN: ¿Supone?

SIMÓN se acerca al ventanal que da a la automotora y se queda examinando largamente a PÉTULA, que consume su colación sentada frente al sol.

SIMÓN: Disfrute de sus hijos al máximo, no me haga perder la fe en usted… Yo…nunca pude tener hijos, soy estéril… ¿Sabe lo que es eso?… Trabajar por nada es como caminar sobre piedras…juegue con sus hijos, tolérelos, cómpreles un station 2004, sea generoso…

SIMÓN camina amenazante hacia WILLIAM, aterrado porque se le ve el arma colgar del brazo.

SIMÓN: Me molesta que haya dicho eso… ¿sabe?

WILLIAM: ¿Qué cosa?

SIMÓN: Que no disfrutaba a sus hijos.

WILLIAM: Yo no dije eso… ¿Por qué siempre está poniendo palabras en mi boca?… Me estoy comenzando a cansar de sus monsergas… ¿Qué se imagina? Yo me saco la cresta trabajando por mis hijos y…

SIMÓN que le detiene el paso ante el intento de salir de WILLIAM.

SIMÓN: ¿Se siente culpable? ¿Es por eso que me grita en esa forma despiadada? Pensé que me estaba tomando cariño, William… Vamos, usted no es un anciano, aún puede cambiar un poquito… ¿Cómo trata a su esposa, a su madre, a su padre?

WILLIAM: ¿Pero qué le importa?

SIMÓN cierra con llave la oficina.

SIMÓN: ¿Por qué evade su responsabilidad? No sea pusilánime… dignifique su vida, confiese…

WILLIAM: ¿Qué?

SIMÓN toma las manos de WILLIAM con inusitada fuerza, y lo obliga a arrodillarse. WILLIAM no puede evitar despegar la vista del arma.

SIMÓN entra en un trance ritual.

SIMÓN: Diga conmigo: soy un padre mediocre.

WILLIAM: Soy un…

WILLIAM empuja a SIMÓN y se echa dos pasos atrás.

¿Pero porqué tengo que decir estas estupideces?

SIMÓN, amenazante, se abalanza sobre WILLIAM lo obliga a arrodillarse.

SIMÓN: ¡Dígalo William, dígalo! ¡Suelte sus prejuicios, lo puede hacer! ¡Dígalo!

WILLIAM: Soy un padre mediocre.

SIMÓN: Soy un hijo desafectado.

WILLIAM: Soy un hijo desafectado. No tengo porque seguir oyendo sus asquerosos comentarios. Yo sé muy bien lo que hago con mi vida…

SIMÓN: Liza Darmoet Urzúa…

WILLIAM entra en pánico.

WILLIAM: ¿Cómo lo supo?

SIMÓN: ¿Pero quién mierda cree que soy? ¿Le dije o no lo dije que era un profesional? Conozco bien a mis clientes, los intuyo fácilmente. Lo predecible y volubles que pueden llegar a ser… Detesto sus debilidades, su afán de consumo, su falta permanente de integridad…

SIMÓN se estira en el sofá de cuero.

SIMÓN: Me está comenzando a desilusionar, William, había depositado demasiada confianza en usted…

WILLIAM intenta recomponerse. Se sienta frente a SIMÓN.

WILLIAM: ¿De dónde sacó toda esa información?

SIMÓN: ¿Cuál de todas?

WILLIAM: Lo que dijo recién…

SIMÓN: ¿Por qué no se atreve a decirlo con sus palabras?… Nadie se atreve a reconocer sus errores y sus cochinadas hoy en día… Todo es eufemismo, me da náuseas. Su amante Liza, William… Eso es la pura y santa verdad…

WILLIAM: No. No es cierto…  No es mi amante… No tiene pruebas…

SIMÓN extrae unos papeles de su chaqueta.

SIMÓN: Que conste que usted está haciendo esta historia más vulgar de lo que es…

SIMÓN se pone sus lentes.

SIMÓN: “Jueves veinticinco de Noviembre, Hotel Toi et Moi, comprobante de tarjeta de crédito del señor William O´ckinney Urzúa, valor treinta y siete mil pesos, habitación doble tipo cabaña, más alimentos. Lunes dos de Diciembre, Motel Huracán…

SIMÓN sonríe, plácido.

WILLIAM: Córtela, ¿quiere? ¿Y si se metiera en sus asuntos? ¿Acaso usted no tiene amantes?

SIMÓN: Sí, claro…

WILLIAM: ¿Entonces?

SIMÓN: Pero tengo auto propio, William…

WILLIAM: Tiene razón…

SIMÓN se pone de pie atacado por un golpe energético repentino. Se peina.

SIMÓN: Usted ya lo ve, las cosas están así entre usted y yo… y no puede reprocharme nada…

WILLIAM: Pero me acosa mucho…

SIMÓN: ¿Cómo que lo acoso?… Es usted el que vino hacia mí, reconózcalo, estoy dedicándole demasiado tiempo…

SIMÓN exhibe una fotografía con socarronería.

Sin embargo, su mujer es guapa.

WILLIAM siente que se va a desmayar.

WILLIAM: ¿De dónde sacó esa foto?

SIMÓN: ¿Qué importancia tiene?

SIMÓN observa de una manera perturbadora a WILLIAM.

SIMÓN: Lo he estado observando en el jardín de su casa, como se comporta con su mujer… y debo anunciarle que el mismísimo ciudadano Kane era más cariñoso con su mujer que usted…

WILLIAN: ¿Usted cree…?

SIMÓN: Definitivamente. Es rudo con ella. Insensible… ¿Cómo decirlo en una sola palabra? Usted la desprecia…

WILLIAM: ¿De verdad?

SIMÓN: Sí, así es… es porque no es complaciente… ¿No es cierto?…

Su mujer lo critica, lo pone en su lugar, y eso usted lo detesta con todo su corazón…

WILLIAM: Me llevo bien con Liza en el sexo…

SIMÓN: ¿Es por eso? ¡Bah! ¡Basura! Las mujeres le hacen creer a uno que es viril… Sin embargo, están simulando, mire…

EXTRAE DE UN CAJÓN UN RECORTE.

Un estudio de una universidad americana prueba que el ochenta por ciento de las mujeres prefieren que los hombres las lleven de compras a las grandes tiendas antes de hacer el amor con ellos… Al menos su mujer tiene un poco de ternura, de humanidad… Piénselo William, se lo digo con conocimiento de causa…

SIMÓN otra vez consume sus medicamentos.

SIMÓN alterado.

SIMÓN: Yo perdí a mi mujer por bruto… ¿quiere que le muestre unas fotos? ¿Qué desodorante usa, William? No se sienta ofendido, pero usted definitivamente no huele bien…

WILLIAM se huele los sobacos.

SIMÓN: Está demasiado nervioso… y aún no decide lo del auto… No le va a dar el gusto a su familia, jamás lo hace, por eso suda… Pero ¿sabe?… Ahora es demasiado tarde… Adiós William… Me esperan misiones otras misiones, otros clientes, otros momentos…

Adiós amigo… Déjeme presentarme. Soy Simón Aldonati Guzmán… Adiós.

SIMÓN le da un caluroso aunque humillante apretón de manos.

 

SECUENCIA 31. EXTERIOR AUTOMOTORA. DÍA

PÉTULA se cruza con WILLIAM y le coge del brazo, con agitación lo lleva a una oficina vacía, llena de retratos.

PÉTULA cierra con llave el lugar.

Se le pega fuerte, y lo arrastra hasta un sillón.

PÉTULA: Esos retratos que usted mira con tanta avidez son todos los clientes deudores de mi padre… Pronto usted estará al final de ellos… A menos que resista con hombría, William…

William, me pica todo… ¿Me puede rascar la espalda? Más abajo… más al centro… más a la izquierda…

¿Me disculpa un instante? Tengo que sacarme la blusa… ¿Tiene asco? ¿Tiene miedo? No me gusta quedarme a solas con mi padre…  Empieza usted a intrigarme mucho… Tienes unos ojos admirables, William… está temblando caballero… Obedézcame en todo… No deje me mirarme… estaré siempre vigilándolo… Me ocuparé de usted, totalmente… No tendrá tiempo de angustiarse de nada… ¿cómo penetra a su mujer? ¿Es tempestuoso?… Responda lo primero que se le ocurra… Acabe con mi angustia…

Por favor… Sáqueme esta amargura… No puede ayudarme… Lave mis pecados…

PÉTULA baja hasta el miembro de WILLIAM y se lo succiona de lo lindo.

LA PUERTA ESTÁ ABIERTA, y SIMÓN echa una mirada de soslayo. Respira hondo, abrumado por sus propios recuerdos. Vuelve a cerrar, con extraña gentileza. Como protegiendo el momento.

FUNDIDO AL NEGRO.

SECUENCIA 32. CASA. INTERIOR NOCHE

WILLIAM con su MUJER ven televisión, anuncios de automóviles.

FUNDIDO AL NEGRO

SECUENCIA 33. CASA. INTERIOR NOCHE

SIMÓN con su MAMÁ comen tomados de la mano frente al televisor viendo un filme de Glenn Ford.

FUNDIDO AL NEGRO

SECUENCIA 34. AUTOMOTORA. EXTERIOR DÍA

WILLIAM está acariciando el viejo automóvil de SIMÓN.

SIMÓN(OFF): ¿Recibió mi mail?

WILLIAM se sobresalta.

WILLIAM: Sí, gracias, pero ¿sabe?… Me quedé meditando y no quiero llevarme el auto coreano… Pienso que tiene razón, no me voy a dejar llevar por el consumismo y esas majaderías… Y quiero hacerle una oferta por su coche…

SIMÓN: No. Imposible. Pensé que le había quedado claro la otra vez.

WILLIAM: Pero déjeme hacerle una oferta…

SIMÓN: Imposible mi buen amigo… Ya lo vendí…

WILLIAM se afirma en el auto, el mundo le pesa.

WILLIAM: ¿Qué?

SIMÓN: Bueno… ”casi lo vendí”, lo lamento… Tengo un cliente de la política, que prefiere mantener su anonimato y que es un fan de mi auto y finalmente, tuve que acceder… el hombre puede llegar a ser ministro de Estado… No pude negarme…

SIMÓN que goza especialmente el momento.

SIMÓN: Pero y que le quede claro, nosotros no teníamos ninguna clase de compromiso, yo fui prístino al respecto…

WILLIAM: Le ofrezco más que el ministro…

SIMÓN: No insista mi amigo… Mire, aquí tengo el pre-contrato con mi cliente clasificado… Lea la cifra…

WILLIAM: ¡seis millones y medio de pesos!

SIMÓN: Así es… fue una oferta tan buena que no pude resistirme… Reconozco que está por sobre el plus promedio el precio… Nosotros habíamos hablado de cuatro y medio millón de pesos… Pero en fin, era un precio justo… yo… bueno, es cierto que se trataba de un recuerdo familiar, pero finalmente vencí mis escrúpulos, sobre todo pensando en la importancia de aquella amistad…

WILLIAM: ¡siete millones!

SIMÓN: ¿Perdón?

WILLIAM: ¡Le ofrezco siete millones!

SIMÓN: Inútil discutir…

Se toma su clásico medicamento.

SIMÓN: ¿De dónde va a sacar esa plata?

WILLIAM: Mi mujer…

SIMÓN: ¿Su mujer?

WILLIAM: Mi mujer tiene un departamento…

SIMÓN: ¿Venderá el departamento de su mujer?

SIMÓN hace amago de retirarse, enrabiado.

SIMÓN: No, mire, no quiero perjudicarlo… Francamente yo veo que usted es una persona esforzada, un buen funcionario público, el país necesita gente como usted, pero esa cifra es una fortuna para usted, y luego usted quiere vender el departamento de su mujer… ella nunca lo va aceptar…

WILLIAM: Ya lo vendí.

SIMÓN vuelve a cargarse con dos ginseng. Está feliz, radiante con las noticias, pero mantiene la dignidad del vendedor.

SIMÓN: ¿Ya lo vendió? ¿Sin preguntarle a ella?

WILLIAM: ¿Le molesta? ¿Qué le importa? Usted quiere siete millones por ese auto ¿no?

SIMÓN: El auto lo vale… pero dejemos todo como estaba… lo más importante ya está consumado, y es el hecho de que hemos llegado a ser buenos amigos… y eso vale más que todo el oro del mundo…

WILLIAM: Espere un poco… En toda mi vida jamás he tenido nada de valor, que valga la pena, trascendente… Mi vida afectiva, y usted me lo probó, es pobre… a causa mía, seguramente, pero mire, yo veo a mis padres, quizá ya no se quieren, pero tienen su casa… ¿qué tengo yo?… Nada. Nada.

Quiero darle distinción a mi vida Simón… Y usted puede ayudarme… ¿No me prometió ayuda?… Usted empeñó su palabra amigo, no escamotee su promesa, se lo ruego…

WILLIAM se aproxima sobrecalentado al automóvil.

WILLIAM: Si yo tuviera ese auto, me sentiría tan orgulloso…

SIMÓN: Me emociona que haya captado mi mensaje, William… Pero para serle franco, me da mucha pena haberlo inmiscuido en este asunto, olvídese ahora, se lo imploro, cómprese es station a precio razonable y pagadero en cuatro años con bajo interés…

SIMÓN detiene a WILLIAM que quiere entrar al auto.

WILLIAM: ¡siete millones y medio!

SIMÓN respira agitado.

SIMÓN: Tómelo de la manera siguiente. Usted y yo ahora somos buenos amigos. Usted ha aprendido cosas fundamentales y yo me siento orgulloso de haberlo ayudado…

WILLIAM: ¡Ocho millones, ocho y medio millón, nueve, diez millones de pesos, Simón!

SIMÓN se sienta dentro del automóvil, enciende un puro.

SIMÓN: Me ofende… ¿Qué cree que soy? Le dije que no deseaba perjudicarlo… Modérese, William… Ya vio lo que produce la codicia, que todo lo quema y todo lo devora. Usted es un empleado público solamente, tome en cuenta eso, resígnese… Acéptelo…

SIMÓN sale del auto y lo cierra con llave.

SIMÓN: Ahora si me disculpa.

SIMÓN entra a su oficina.

WILLIAM se queda tembloroso, frente a su objeto amado. No puede resistir y lo acaricia. Aferrado sin poder alejarse. WILLIAM solloza, avergonzado.

SIMÓN(off): Mire, me da no se qué verlo así… Voy a proponerle lo siguiente. A título de simple amistad… Solo porque ha comenzado a encariñarme con usted… Se lo voy a prestar todo el fin de semana, aquí tiene las llaves y los documentos…

WILLIAM: ¿Está seguro?

SIMON: No. Mire. Voy a proponerle algo mejor aún. Se lo presto para que vaya a sus vacaciones. Quiero que lo disfrute, que haga feliz a su familia, pero lo quiero aquí de vuelta en un mes exactamente. ¿De acuerdo? No queremos enojar a nuestro amigo ministro ¿no cierto?…

WILLIAM corre dentro del auto. Como un niño con su Go-Kart de diez años, lo enciende, mientras SIMÓN lo ayuda a salir.

PÉTULA sale a encontrarse con WILLIAM, y le habla al oído por el costado del conductor.

PÉTULA: No me deje sola con mi padre William… Tengo una bola de angustia en el estómago… ¿No me quiere? ¿Por qué no me lleva con usted? ¿Capituló William? Le dije que no lo hiciera… Si me deja sola lo voy a matar…

POR EL OTRO LADO DEL AUTO, SIMÓN

SIMÓN: Una última condición: Luego que me devuelva el coche, nunca más se vuelva a hablar del asunto ¿ok?

WILLIAM SALE DISPARADO DEL LUGAR COMO EN BUSCA DE LA CÓMICA LIBERTAD.

FUNDIDO AL NEGRO.

SECUENCIA 35.  PLAYA. EXTERIOR DÍA

WILLIAM EN EL AUTO CON LA FAMILIA EN LA PLAYA

FUNDIDO AL NEGRO.

 

SECUENCIA 36.INTERIOR. TARDE

SIMÓN CON SU MADRE

FUNDIDO AL NEGRO.

SECUENCIA 37.BAÑO AUTOMOTORA. INTERIOR DÍA

PÉTULA CON MARTÍN, DROGADA, EN EL BAÑO

DE LA AUTOMOTORA.

MARTÍN: Ayer la vi hablando con ese inepto. Me apenó.

PÉTULA: ¿Me espía?

MARTÍN: Desde el primer día que entré a trabajar a esta automotora, Pétula. ¿Ya ha reflexionado sobre lo que le dije el otro día?

PÉTULA: He pensado en ello.

MARTÍN: ¿Y qué ha decidido?

PÉTULA: ¿Necesita saberlo?

MARTÍN: Evidentemente.

PÉTULA: No soy una máquina.

MARTÍN: No me ha respondido nada.

PÉTULA: No me ha hecho ninguna pregunta decente.

MARTÍN: No me gusta su tono.

PÉTULA: Ni siquiera sé quién es usted.

MARTÍN: Yo en cambio, sé todo sobre usted.

PÉTULA: Quisiera estar sola.

MARTÍN: Nunca más estará sola.

PÉTULA: Usted mantenga sus manos fuera de mí.

MARTÍN: Usted manténgase lejos de ese atorrante.

¿Para qué llevaba esa vida? ¿Tiene un comentario?

PÉTULA: Todo es personal.

MARTÍN: ¿Para qué siente todo ese odio contra su padre, usted lo sabe?

PÉTULA: Está completamente equivocado ¿le gustan mis respuestas?

MARTÍN: La ayudaré a zafarse de su padre. Me apena, porque el viejo me cae bien. Pero es hora de ordenar este lugar. Usted y yo, pura dinamita. ¿No lo cree?

 

MARTÍN SE ABALANZA FUERTEMENTE Y MUY IMPERTINENTE A BESAR A PÉTULA, LA MUY COQUETA, SE DEJA.

LUEGO LO ESCUPE, Y SALE.

FUNDIDO AL NEGRO.

 

SECUENCIA 39.INTERIOR AUTOMOTORA. DIA

SIMÓN se asombra al observar a un WILLIAM bronceado y hasta buen mozo entrando a la automotora.

SIMÓN: ¿Lo disfrutó?

WILLIAM: Mucho.

SIMÓN: ¿Hizo feliz a su familia?

WILLIAM: Inmensamente.

SIMÓN: Bien, ahora promesas son promesas…

WILLIAM: Sí, aquí están las llaves…

SIMON: Ahora despidámonos de una vez…

WILLIAM le mantiene agarrada la mano.

SIMÓN: No crea que no me afecta este asunto…

Comenzaba a acostumbrarme a usted…

WILLIAM: Yo también… sentía cómo…

SIMÓN: Con… un hijo…

WILLIAM: y su padre…

SIMÓN: Es una lástima…

WILLIAM: No es justo…

SIMÓN: Pero tenemos que actuar conforme… Nada nos ata ahora…

WILLIAM: A menos que…

SIMÓN: A menos que… ¿qué?

WILLIAM: Usted me venda su coche…

SIMÓN: guarda un largo silencio.

WILLIAM: Sería la única manera de conservar la amistad.

SIMÓN: Que ya es una cofradía… Un sitio donde podemos desahogarnos… comprendernos…

WILLIAM: En medio de tanta imbecilidad…

SIMÓN: Y de inmoralidad…

WILLIAM: Piénselo SIMÓN… Sin el auto no habrá ninguna razón para vernos…

SIMÓN: Tiene razón…

OTRO LARGO E INTENSO SILENCIO.

WILLIAM: ¿Lo va a hacer?

SIMÓN: ¿Qué cosa?

WILLIAM: Romper el trato con su ministro…

SIMÓN: No hay ningún trato, William…

WILLIAM: Sí, no hay ningún trato…

SIMÓN: ¿Cómo lo sabía?

WILLIAM: Porque soy un profesional… como usted…

WILLIAM saca un papel de su bolsillo. Lee.

WILLIAM: Helena Straasky Ramírez.

SIMÓN: ¿Cómo lo sabe?

WILLIAM: 40 años, morena, hija de refugiados judíos polacos, su mujer… lo abandonó por acusaciones de “crueldad física y mental”.

SIMÓN: ¿De dónde sacó eso?

WILLIAM: Fraude y estafa al fisco año 1991-1995 por ciento quince millones de pesos…

SIMÓN: Estuvo en Dicom…

WILLIAM: Tenía que defenderme de usted, Simón.

SIMÓN: Entonces… ¿ya sabe?…

WILLIAM: Sí… qué me está timando…

SIMÓN: ¿Por qué quiere el auto entonces?

WILLIAM: Porque “deseo” su auto. Quiero que cambie mi vida. De hecho, ya cambió ¿lo notó?… Y es cierto que le tomé cariño, Simón…

SIMÓN: Sí, yo también…

WILLIAM: Un millón…

SIMÓN: ¿Un millón?

WILLIAM: Un millón…

SIMÓN: ¿Un millón por mi auto? Ofrézcame algo que no me haga sentir el peor vendedor del mundo… No me humille más, William…

WILLIAM: De acuerdo… un millón y la posibilidad de nuestra amistad en la forma que lo estipule…

SIMÓN: Es un trato…

WILLIAM se sube al auto. SIMÓN besa el auto, como despedida, muy sentimental.

WILLIAM: ¿Qué quiere amigo?

SIMÓN: No, nada…

WILLIAM: ¿Cómo que nada? Si se viera en el espejo retrovisor se daría cuenta de la mirada repugnante que tiene, de perro faldero que se despide de su amo…

SIMÓN: Sí, es cierto, me estaba despidiendo…

WILLIAM: ¿De mí?

SIMÓN: No me haga sufrir, William.

WILLIAM: ¿Lo va a echar de menos, demasiado?

SIMON. Será difícil separarse… Después de todo estos años juntos… Yo lo cuidaba mucho… como un padre con su único hijo…

SIMÓN que está al borde del colapso.

SIMÓN: ¿Y si deshiciéramos el trato? Se lo imploro William…

WILLIAM: ¿Me dijo, William? ¿En qué momento le autoricé a usar mi nombre? ¿Sabía que aborrezco su exceso de emotividad? Usted me recuerda a alguien, desesperadamente…

SIMÓN ARRODILLADO, SE ABRAZA A WILLIAM, SIN COMPOSTURA, WILLIAM COMIENZA A ARRASTRARLO EN SU MARCHA HACIA EL AUTO.

SIMÓN: William, se lo ruego… Yo soy capaz de cualquier cosa si usted…

WILLIAM: ¿Qué hace? ¡No lo toque! No soporto verlo degradarse de esa forma… Usted me recuerda a alguien, definitivamente…

SIMÓN: Perdón… Perdón… Pensé que iba a poder hacerlo, pero estoy demasiado acostumbrado…

WILLIAM: No sea marica ¿quiere? ¡Déjese de lloriquear! ¿Qué quiere ahora?

SIMÓN: Nada.

WILLIAM: Dígalo, amigo… Dígalo…

SIMÓN: No me torture más por favor…

WILLIAM: Confiéselo. Simón…

SIMÓN: Confieso que siento envidia…

WILLIAM: ¿Por qué, hijo mío?

SIMÓN: De usted… de su nueva vida con el auto… Yo…estoy solo… Yo he perdido mi coche… Yo he perdido a mi hija… ¿Sabe dónde está?… Yo he perdido a mi madre… Y ahora lo he perdido a usted… Usted ya no me necesita, es demasiado doloroso…

WILLIAM: Confiesa todo hijo…

SIMÓN: Necesito el auto…

WILLIAM detiene el automóvil. Se baja.

WILLIAM: Noté que le tirita un ojo… ¿es astigmático?

SIMÓN: ¿Cómo lo notó?

WILLIAM: Este producto es extraordinario en estos casos…

LE LANZA SPRAY en el ojo.

WILLIAM: Déjese de gritar ¿quiere? ¿Busca algún auto en particular? ¿Quiere que probemos este coche?

SIMÓN: ¿Es posible?

WILLIAM: ¿Por qué no?

SE SUBEN AL AUTO.

 

SECUENCIA 40. AUTO. INTERIOR. DÍA

WILLIAM AL VOLANTE.

WILLIAM: Usted me cayó bien. No es frecuente… Normalmente detesto a la gente… Mire lo que voy a hacer… Le voy a demostrar por qué este automóvil es una joya…

WILLIAM ACELERA.

WILLIAM: ¿Notó la diferencia? Es inmediato. Apenas pone su trasero uno comienza a notar los cambios. Lo primero, el arranque por eyección es hiper garantizado… Yo acelero, muy ligeramente, y los sensores trabajan a full por contacto fluido… ¿Vio?…

No puede comparar este auto noble y prodigioso con la chatarra oriental que nos invade día a día, amigo… ¿Tiene hijos? ¿Los disfruta? Y ahora concéntrese… tomemos un engranaje de construcción regular… ¿Qué tenemos? Tracción superior a mil por ciento… ¿Me está siguiendo?…

Abra la ventana… me da asco su perfume… Lo que yo puedo es prepararle un plan de pagos muy conveniente. Usted me recuerda a alguien… Pasa muy de vez en cuando, es químico… ¿sabe?… ¿Me está siguiendo amiguito?

WILLIAM ACELERA CADA VEZ CON MÁS FUERZA

SECUENCIA 41. AUTOMOTORA. NOCHE

SIMÓN consume homeopatía, ensimismado, en su oficina en la automotora. Afuera truena.

SECUENCIA 42. INTERIOR AUTOMÓVIL. NOCHE

WILLIAM en su automóvil ve a PÉTULA en la penumbra, a la entrada de la automotora, sola. La observa un instante largo. Luego se aleja.

 

SECUENCIA 43. INTERIOR EXTERIOR AUTOMOTORA. NOCHE

PÉTULA A LA ENTRADA de la automotora en la noche tormentosa, hablando a cámara:

PÉTULA: “¿Me llevaría con usted?” le dije a William. “¿Me liberaría de esta cárcel?” le insistí…

“Iría con usted hasta el fin del mundo” me contestó William… Eso me dijo hace un año. Un año pasó desde que lo vi por última vez. “¿Me recordará siempre corriendo empelota en un campo en el sur de Chile?”, fue lo último que le dije.

FIN

Parlamento de Arte y Cultura: Carmen Luisa Letelier, Premio Nacional de Música.

La Corporación Cultural Nuevo Horizonte de Paine da inicio a la publicación de un ciclo de entrevistas relacionadas con el arte y la cultura en general: «Parlamento de Arte y Cultura», lo hemos llamado.

Buscamos con esto poner a disposición de la comunidad painina y al público en general conversaciones con artistas y estudiosos de distintos ámbitos para conocer así, de un modo cercano, los detalles de cada disciplina.

Regularmente, encontrarán una entrevista en nuestro canal Youtube (CCNHPAINE) y en nuestro sitio web (nuevohorizonte.cl) .

Esperamos de este modo despertar el interés en el arte, en las ciencias, en la historia, en el quehacer humano y profundizar en aquellos factores que hacen que una persona dedique su vida a una disciplina.

Nos gustaría que los más interesados fueran principalmente los más jóvenes, aquellos que ya han tenido un impulso que los acerca al arte, al pensamiento humanista, a la ciencia.

Los Indomables, musical de los Hermanos Carrera.

Opera y teatro, unidos en una valiosa obra.

Todos necesitamos saber cuál es nuestro hogar, el lugar al que pertenecemos, tanto en el ámbito familiar como en el social. Nos sentimos fortalecidos al reconocernos como partícipes de un conjunto de costumbres, hábitos alimentarios, fiestas, un idioma, etc. Por ello es que sentir que compartimos una historia, un punto de origen y una sucesión de hechos que nos condujeron hasta donde estamos hoy, resulta más una necesidad que una obligación. Todo aquello contribuye a lo que se llama “identidad nacional”.

Hasta fines de la década pasada, sin embargo, vimos como en la mayor parte del mundo, incluyendo Latinoamérica y nuestro país, se intentó restar importancia a la identidad nacional. En el ámbito de las artes, esto se abordó, por ejemplo, mezclando elementos culturales de distintas naciones. Pudimos ver obras de teatro donde se contaba una historia indígena latinoamericana y los personajes lucían máscaras propias del Carnaval de Venecia. Lo que parecía simple ignorancia, era en el fondo una maniobra de ingeniería social que buscaba borrar la idea de identidad nacional, quitar aquel punto de referencia que nos identifica.

Al comenzar esta década, sin embargo, el escenario parece estar cambiando. Las manifestaciones de revalorización de la idea de nación son cada vez más frecuentes. No me refiero al ámbito político, como ocurre en las elecciones europeas, por ejemplo, sino al social, aquel que se puede apreciar en el día a día. El caso de “Reddit Place 2022” parece ser bastante revelador. (Describirlo aquí tomaría más espacio del apropiado. Hay, sin embargo, bastante información al respecto en la web). ¿Qué hizo, me pregunto, que entre más de un millón de participantes de distintos países del mundo, la mayoría muy jóvenes, con perfil de “computines”, supuestamente alejados de la historia, hayan sido muchos los que prefirieron dibujar muy frecuentemente las banderas de sus países en medio variadas formas que incluían personajes ficticios, memes de internet, obra de arte famosas, etc.

En esto pensaba hace unos días en el Aula Magna Fundadores de la Universidad Central, antes de que comenzara “Los Indomables, musical de los Hermanos Carrera”.

Fui invitado por la soprano Ilse Simpfendorfer, quien fuera una gran colaboradora de la Corporación Cultural Nuevo Horizonte de Paine, hasta antes de irse a vivir a Rari, donde dirige la Corporación Cultural Espacio Rari.

“Los Indomables” es una obra de teatro musical que narra la apasionante, trágica y gloriosa vida de los cuatro hermanos Carrera, padres de la Patria Vieja.

Tres mujeres cercanas a los hermanos Carrera, Paula Verdugo (Ilse Simpfendorfer), Mercedes Fontecilla (Javiera del Real) y Ana María Cotapos, esposa de Juan José Carrera (Rebecca Bailey), narran los principales hechos de las vidas de los próceres. Desde el canto lírico se escucha la voz de los protagonistas: Doña Javiera (Cecilia Frigerio, Soprano), Don José Miguel (Juan Pablo Dupré, Tenor), Juan José Carrera (Sergio Gallardo, Bajo barítono) y Luis Carrera (Daniel Olmos, Tenor).

Son varias las virtudes de la obra.

Los textos son directos, sencillos, cuidados. El canto es en español. La narración se completa oportunamente. No olvidemos que una obra de teatro, una ópera, como todo arte, son actos de comunicación. En este caso, el mensaje llega con claridad al receptor del mensaje.

El contenido, el mensaje, extiende un simbólico lazo entre los hechos del pasado y la contingencia que vive nuestro país, lo que aleja la obra de ser una pieza de museo y, por el contrario, la transforma en una reflexión muy vigente.

El canto (muy bien ejecutado, por cierto) está a cargo de cantantes de primer nivel. Basta con ver el historial de cada uno de ellos.

Cecilia Frigerio es una soprano de reconocida trayectoria, diplomada en Canto Superior en el Conservatorio Luiggi Cherubini de Florencia, Italia, y participación en las más famosas óperas.

Sergio Gallardo (el más operático en esta obra) participa con frecuencia en los programas del Teatro Municipal de Santiago y es llamado desde las principales salas del país. En 2011 debutó en Europa como Don Bartolo, de El Barbero de Sevilla, en el Teatro del Capitolio, en Toulouse, Francia.

Juan Pablo Dupré, que combina presentaciones en Italia (reside en Módena) y Chile, ha sido galardonado con varios premios importantes durante su carrera, destacando en Italia el premio “Luciano Pavarotti”.

El tenor Daniel Olmos, aparte de cantar representando a Luis Carrera, es el compositor de la música y líder de la obra. Sus planes son convertir “Los Indomables” en un emblema del canto a figuras históricas. Piensa también en agregar elementos que le den mayor envergadura, como puede ser lo único que echamos de menos, una orquesta de cámara que toque en vivo.

Conviene destacar también el equipo de profesionales que apoya la puesta en escena: Orquestador, Director, Productores, así como la forma en que el área de Extensión de la Universidad Central ha enmendado rumbos de la mano de Franco Muzio.

Mientras aplaudo, me quedo pensando en cuánta falta hace que obras de este tipo sean presentadas en los colegios, en el Teatro de Paine, donde sea que haga falta recordar el lugar al que pertenecemos.

Rodolfo Silva
Corporación Cultural Nuevo Horizonte de Paine
Paine
Abril de 2023

BOM DESTINO en el Concierto Dominical en Paine

“Bom destino” es un cuarteto vigente hace ocho años, que reúne a músicos amantes y conocedores de la música brasilera, interpretando y dando a conocer en Chile el estilo musical llamado ”Choro o Chorinho”.

Con la presentación de «Bom Destino» en el Teatro de Paine, el pasado 16 de abril de 2023 se completó la edición número 54 del Concierto Dominical en Paine, producido por la Corporación Cultural Nuevo Horizonte.

El programa del concierto fue el siguiente:

• Flor amorosa (1880, Joaquim Callado)
• Odeon (1913, Ernesto Nazareth)
• Corta-jaca (1897, Chiquinha Gonzaga)
• Rosa (1920, Pixinguinha)
• Tico-Tico no fubá (1917, Zequinha de Abreu)
• Delicado (1950, Waldir Azevedo)
• Lamentos (1962, Pixinguinha)
• Carinhoso (1917, Pixinguinha)
• Vou vivendo (1945, Pixinguinha)
• Apanhei‑te cavaquinho (1913, Ernesto Nazareth)
• Noches cariocas (1957, Jacob do Bandolim)

Mónica Rozas

La agrupación está conformada por Mónica Rozas, cantante; Paulo Paranhos, guitarra de siete cuerdas y dirección; Gabriel Cruz, flauta traversas y bajo; y Marcello Teixeira, pandero.

Paulo Paranhos
Marcello Teixeira
Gabriel Cruz


Su repertorio abarca temas emblemáticos representativos de este estilo, con arreglos tradicionales y otros más modernos, cantados e instrumentales, con improvisaciones y diferentes ritmos característicos, especialmente de la parte más expresiva de la primera generación de compositores presentes en la segunda mitad del siglo XIX y primera parte del siglo XX.
Se destacan compositores como Pixinguinha, Ernesto Nazareth, Chiquinha Gonzaga y Waldir Acevedo entre otros.
“Bom destino” invita al espectador a encantarse de esta música y de su época, tocando, cantando y contando la historia del desarrollo y de los exponentes de este estilo musical.

Agradecemos la colaboración de los músicos invitados a estos conciertos y a la Corporación Municipal de Cultura de la Municipalidad de Paine, administradora del Teatro de Paine, que colabora habitualmente con nuestra Corporación Cultural. Las fotografías son de Paulina Orellana, de la Municipalidad de Paine.

Bernardino Bravo Lira en «Se Piensa en Paine»

La reveladora charla del Premio Nacional de Historia, Bernardino Bravo Lira, donde se comentan las causas de la independencia americana, de acuerdo a los últimos enfoques historiográficos.
Conferencia ofrecida en Paine como parte del ciclo «Se Piensa en Paine», organizado por la Corporación Cultural Nuevo Horizonte de Paine.

A continuación reproducimos íntegramente esta interesante conferencia.

Bernardino Bravo Lira es un historiador, abogado y académico chileno.
Ha dedicado la mayor parte de su carrera al estudio de la Historia del Derecho e historia institucional, además de ser un destacado profesor en las Facultades de Derecho de las Universidades de Chile​ y Pontificia Universidad Católica de Chile.
Es miembro de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía y miembro de número de la Academia Chilena de la Historia. En 1966 fue cofundador del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano.
Ha sido galardonado con la Orden Andrés Bello de Venezuela, el Premio Internacional Ricardo Levene, el Premio Mejor Docente de Pregrado de la Universidad de Chile y el Premio Nacional de Historia.

Hernán Valenzuela, Consuelo Baeza y Ruth Gaete, socios de la CCNH Paine, junto Bernardino Bravo Lira

«Se Piensa en Paine» busca ofrecer un espacio de reflexión acerca de múltiples temas de interés general. Contamos, como siempre, con la gentil colaboración del Centro Cultural de Paine, que nos ofrece una de sus salas para esta reunión.
Este programa responde a la vocación que sostiene a dicha Corporación Cultural: ser estimuladores de la actividad artístico-cultural en Paine, una localidad que vive las tensiones del choque rural-urbano y del encuentro de poblaciones campesinas y pueblerinas tradicionales y vulnerables y acomodadas cuya residencia es de reciente data.
Tenemos el desafío de ir creando un auditorio, un público, receptivo a los estímulos intelectual-culturales.

La CCNH Paine presenta «Parlamento de Arte y Cultura», un ciclo de entrevistas

La Corporación Cultural Nuevo Horizonte de Paine da inicio a la publicación de un ciclo de entrevistas relacionadas con el arte y la cultura en general: «Parlamento de Arte y Cultura», lo hemos llamado.

Buscamos con esto poner a disposición de la comunidad painina y al público en general conversaciones con artistas y estudiosos de distintos ámbitos para conocer así, de un modo cercano, los detalles de cada disciplina.

Regularmente, encontrarán una entrevista en nuestro canal Youtube (CCNHPAINE) y en nuestro sitio web (nuevohorizonte.cl) .

Esperamos de este modo despertar el interés en el arte, en las ciencias, en la historia, en el quehacer humano y profundizar en aquellos factores que hacen que una persona dedique su vida a una disciplina.

Nos gustaría que los más interesados fueran principalmente los más jóvenes, aquellos que ya han tenido un impulso que los acerca al arte, al pensamiento humanista, a la ciencia.

Con ópera dramática se dio inicio a la temporada 2023 del Concierto Dominical en Paine

Raisa Johnson (Soprano dramática).

La segunda semana de marzo, se dio inicio a la temporada 2023 del Concierto Dominical con un recorrido por la ópera dramática chilena (Letelier, Salas) y europea (R. Strauss, Glinka, Donizetti, Mozart), con énfasis especial en Verdi.
Una magnífica muestra de bel canto a cargo de la soprano dramática Raisa Johnson y el bajo barítono Pedro Alarcón.
El maestro Claudio Oliva acompañó en el piano.

Entrevista a la soprano dramática Raisa Johnson

EL RODEO, de Luis Durand

¿Qué ha permitido que “El Rodeo”, de Luis Durand, sea leído más de noventa años después de su publicación, especialmente, si se tiene en cuenta que se trata de un cuento cuyo vigor literario, su categoría como cuento, han sido ampliamente superados en el tiempo? Revisemos algunas ideas.

Los escritores crecen en una tierra, florecen en ambientes culturales ricos, donde antes hubo otros escritores. No es ese el caso de Durand. 

Desde la Conquista hasta la Colonia, llegaron a Chile sólo soldados y clérigos. Nuestra tierra, lejana y bélica, no permitía más. Poco espacio había para lo que algunos llaman «voluntad imaginativa». En un medio literario pobre como el chileno de aquella época no pudo existir más que la crónica, la de aquellos que querían contar, en lugar de inventar. Por múltiples razones, no hubo espacio para el cuento. La libertad de imprenta, por ejemplo, otorgada en América recién en 1810, facilitó la publicación de la primera novela americana recién en 1816 (México).

En el Chile independiente quienes escribieron fueron en su mayoría periodistas-escritores, más periodistas que escritores. A mediados del siglo XIX, nombres como José Victorino Lastarria, José Joaquín Vallejos (Jotabeche), dan inicio al costumbrismo latinoamericano, inspirado en el costumbrismo español, sin que deje se ser esa una labor periodística, que no incorpora la ruptura de los límites de la descripción, aquella que no recurre a la inventiva. Pasan los años y las narraciones siguen siendo cuadros de costumbres bien pintados, que incluyen el lenguaje coloquial y, con notas de humor y picardía, giran en torno a prácticamente las mismas ideas: la superioridad moral de la vida rural frente a la capitalina, las bondades de los patrones de fundo o la minería. No hay esfuerzos por crear perfiles psicológicos, caracteres especiales, alcanzando a ser solo testimonios naturalistas.

Se considera a Baldomero Lillo (1867-1923) como el primero en dar impulso al cuento chileno. Con cuentos realistas, amplía la observación de la realidad y construye tramas originales y elaboradas, y es el primero en dedicarse exclusivamente a la escritura inventiva. “Sub terra” (1904), “Sub sole” (1907) son un nuevo punto de partida. Sin embargo, su escritura no es bien recibida y se dice que “caricaturiza la realidad para patentizar las injusticias de los poderosos.” Nada cambió, entonces. Mientras tanto, fuera de Chile, en el resto de Hispanoamérica y en Europa, surgen grupos literarios: Modernismo, Ultraísmo, Futurismo, Dadaismo, Surrealismo. Los grandes escritores invaden los espacios.

Hacía 1920 surgen en nuestro país algunos nombres notorios, Neruda, Mistral, Huidobro. En el cuento, sin embargo, solo revive el criollismo de décadas anteriores, que no ve más que el paisaje natural y la geografía. Quien lidera esa tendencia es Mariano Latorre, maestro de Luis Durand.

Volvamos ahora a la pregunta inicial, la de los más de noventa años.

Lo que hoy pervive, sin lugar a dudas, es la fuerza con que “El rodeo” hace evidente un sentido de pertenencia y una identidad nacional en el Chile de hoy. Quienes vivimos en el campo chileno podemos reconocer en la vida diaria el paisaje, el carácter y las costumbres descritas magníficamente por este traiguenino, quien, desde tierras alejadas, en medio de pueblo araucano, extiende un lazo que llega a la zona central y más allá, con el caballo, con los aperos de este, con el arpa y la tonada, con el enamoramiento y la altiva fatalidad del huaso.

(Publicado en la revista Todo Paine de Marzo de 2023)


(Hemos conservado aquí la forma del texto tal como fue publicado en 1929. La ilustración es original de la Federación del Rodeo Chileno)

EL RODEO

Luis Durand

Amanecer. Sol radioso de Diciembre. Brisa olorosa a pastizal maduro. Frescor de rocío junto a las alamedas, a cuyos pies se desliza con suave rodar el agua de las acequias, oculta bajo las tupidas matas.

Pedro Juan tiene el Bayo amarrado del jaquimón en la esquina del rancho. Bajo la pequeña ramada, el Tafetán, el otro corralero que hace la pareja, devora triturando con sus poderosos dientes el pasto jugoso de que está llena la canoa. Verdes están los potreros. Las elevadas siluetas de los álamos se yerguen con suave ondulación en las ramas altas. El sol pone su luz dorada entre cada sombra que se alarga temblorosa sobre el suelo. El mozo está tusando su animal. Lo hace con cuidado, poniendo todo su amor propio en ello. El que tiene fama de ser el mejor peón para la media luna, debe cuidar que su caballo vaya tan bien presentado como sus arreos de montar.

-Hay que ponéle mucho empeño- se dice para sus adentros. – Esta tarde veremos quién es más pión. A ver si el mentao Baudilio es tan afamao como dicen.

Abstraído en su pensamiento y preocupado de su trabajo, ha olvidado al otro caballo, que de pronto da un fuerte estornudo, coceando satisfecho.

-¡Por la setenta! ¡Que soy bien caballo yo tamién! Por tar pensando vanidaes me le había olvidao este chuzo. ¡Vení pa acá, tragón! ¡Te llenaste como un costal! Así no vay a poder ni trotar en la media luna.

Ha puesto el bozal al caballo, hermoso animal de pequeña y erguida cabeza con enormes ojos inteligentes. De regular alzada, es vivo de movimientos. A un ademán del hombre que lo amenaza con la punta del ramal, se revuelve estremecido de energías con las fauces resoplantes. Amarrado junto al tranquero, vuelve a ratos la cabeza hacia la canoa llena de pasto que lo llama con su aroma deleitoso.

EI frescor de la mañana ha ido disminuyendo. Todo el campo está ardido bajo los rayos abrasadores del sol. Algunas gallinas espatarradas bajo los perales, picotean la tierra, revolcándose voluptuosas bajo el follaje. Cerca del rancho unos patos negros, con ojos ribeteados de sangre, disfrutan felices del barro de una acequia. Mueven la cola con todo el cuerpo sacudido para levantar después la cabeza y hacer un huiii… huiii, embriagados de placer. Después un cá cá cá… amplio y alegre es la máxima expresión de su felicidad.

Terminados ya todos sus preparativos, va ahora el mozo ataviado con sus mejores prendas de vestir, a través de las largas alamedas, al tranco de su airoso caballo bayo. Lleva del jaquimón al Tafetán, que, buen cabestreador, marcha a su lado con trancos ligeros, cabeceando vivaracho al lado del jinete, cuyas espuelas tienen un claro tintineo. Hay en el mozo un vigor nuevo, una robusta ansia de lucirse ese día en aquel torneo, que es una hermosa manera de evidenciar las energías de la raza. Pero por sobre todo, el deseo recóndito de lucirse ante los ojos de la Rosa. Poder demostrarle que él es el hombre a quien debe entregarla la pulpa encarnada de su boca, jugosa como un durazno maduro. Embriagado de sol y de aire, que le entra en los pulmones con delicioso rebullir, apura el tranco de su caballo para alcanzar a pasar donde aquélla, que hace las horas hermosas de su vida.

-¡Güenos días, Rosita!

Ella lo ha visto, pero, coqueta como toda mujer, ha seguido lavando el mote rubio en el cedazo por donde se filtra el agua cristalina del estero, a cuya margen está en cuclillas. Sus brazos robustos y hermosos están arremangados hasta más arriba del codo. Morena, con los senos henchidos bajo el corpiño, los ojos obscuros y profundos, levanta la cabeza para mostrar el rostro reidor.

-¡Güen día! ¡Por Dios que venís chatre! Ya se las tay ganando al patrón …

-¡No será tanto!-dice él.-El pobre como pobre…- agrega, luego, sin poder reprimir el deseo de echar una mirada a sus atavíos nuevecitos.

El agua del estero se desliza con clara y dulce canción. Entre los sauces próximos hay un zorzal que deshila en el espacio la hebra melodiosa de su trino. Arriba, en la colina, emergiendo del rancho, azulea la espiral del humo, que se eleva retorciéndose para diluirse en la luz. Se ha desmontado el mozo. Sentado sabre un tronco seco, cuyo extremo refresca inútilmente el agua del estero, observa a la muchacha que ha seguido lavando el mote.

-¿Vos yay a ir pa la media luna, Rosita?

-Hay que ir pa ver cómo se portan los guainas. Pa ver quiénes son los más hombres.

Luego, coqueta e intencionada, pone inquietud en el alma del muchacho, sabiéndolo enamorado con todo el ímpetu de sus años mozos.

-¡Icen que on Baudilio tamién va ir!

-Ojalá. Ey veremos quién sabe gobernar mejor su bestia. ¡Ni así de respeto le tengo!

Y con gesto desafiador muestra la punta de la uña.

Sonríe ella. Es una pícara morena que goza de ver al hombre prendado de toda su gracia de hembra joven. En son de broma añade en seguida:

-On Baudilio es muy afamao. Por muy hombre lo propalan los hablantes.

-Esta tarde lo veremos- responde él, reconcentrado y súbitamente taciturno.

Rosa también se ha puesto seria. Se ha tornado afectuosa cuando lo ve triste. A tiempo de montar, él le dice:

-Parece que vos tuvieras ganas de que yo quede desafamao.

Dulce acento de cariño hay en la palabra con que ella lo desarma:

-¡Tonto!

Y luego:

-¿Querís mote?

En el cuenco de su mano pequeñita y regordeta se lo ofrece. Feliz el mozo, lo recibe alegremente. Hay luminosidad desconocida en los ojos de ambos. En los de él un ruego. Bailadores los de ella, traslucen una promesa.

-No vay a dejar fea a la hacienda, Peiro Juan; mira que entonces no te guelvo nunca más a mirar.

-No hay cuidao-replica él, arrogante.

Y más audaz, agrega:

-¿Qué me vay a dar si salgo bien?

-Una cosita

-A ver qué

-¿Qué querís vos?

-Un beso.

-¿Uno? Si te portay bien, ¡así tantos te doy!

Y al abrir los brazos para expresar que serán muchos, parece que el ánfora de sus caderas se hace más amplia y todo su cuerpo adquiere una armoniosa vibración.

* * *

Resuenan los caminos con el galopar de las cabalgatas de jinetes ataviados con sus mejores prendas de vestir. Tintinean las espuelas y vuelan las puntas de los grandes pañuelos de seda. Nerviosos los corceles se alborotan sudorosos, con el hocico entreabierto y los ijares palpitantes. Chamantos multicolores y sombreros de borlas frondosas se lucen ese día. Las chaquetillas cortas refulgen de botones de concha, y cada jinete tiene un lazo encendido que aprisiona su cintura.

En los ranchos se ven las carretas listas para salir en dirección a la media luna. Percalas chillonas ostentan sus colores en las mujeres, en cuyas mejillas el sol y el viento, tiñó la carne de auténtica rojez. Los mozos arreglan sus caballos, vigilando cuidadosos que el lazo vaya caído con elegancia sobre el anca relumbrosa. Nubes de polvo dorado se han inmovilizado en las ramas altas de las alamedas.

Pedro Juan ha cruzado en su camino a don Baudilio, el famoso peón venido del Norte, que marcha acompañado de un grupo de sus admiradores. Moreno y esbelto, de facciones enérgicas y simpáticas. El guarapón echado al ojo le da un aire arrogante y desafiador. Se detiene un momento en el callejón para conversar sobre la fiesta, donde lucirán su destreza ante la «riquería».

Baudilio monta una yegua colorada, nerviosa y fina de cabos, graciosamente proporcionada. Con fría amabilidad los dos hombres se refieren a la faena que habrán de ejecutar ese día.

-Con tal de que el ganao no haiga sío corrío -dice Baudilio- too va andar bien. Porque esos novillos correteados, son muy molestosos con sus resabios.

-Es gueno el ganao- responde Pedro Juan; -tocante a eso no hay cuidado. Ta too en que las bestias afirmen las paletas no má.

-Y que los piones no aflojen- replica el otro con acento zumbón.

-En el trabajo se verá-contesta el aludido en el mismo tono, despidiéndose.

Junto a la media luna, hecha de ramas blandas, pero trenzadas en tal forma, que hacen un parapeto con cierta flexibilidad, capaz de soportar los recios estrellones de los jinetes, se ha levantado el tabladillo, donde estarán los patrones y sus convidados. Las cantoras también se instalarán allí. En la puerta del apiñadero se ven los capataces y sus ayudantes, con quienes sacarán los animales a la pista. Dentro, los novillos bravíos e impacientes, se estrechan dándose de cornadas, en un ondear de carne palpitante, sobre la cual flota un áspero olor a estiércol fresco y a cuerpo de animal. Es un jardín inquieto, de novedosos matices, aquella novillada que se revuelve huraña. Colorados, claveles y negros, cariblancos, todos miran con estupor, empinándose unos por encima de otros, con los belfos blanqueados de baba, y en los ojos sanguinolentos algo de estúpido sensualismo.

En brillante cabalgata llegan los dueños de la hacienda, luciendo chamantos hermosísimos. Los apuestos jinetes visten cortas chaquetillas negras, azules y blancas, adornadas profusamente de botones. Los pies calzados con finos zapatos de altos tacos, hacen vibrar las espuelas con un chasquido fugaz, semejante al del arpa, cuando una mujer arranca de ella los primeros acordes de la tonada, de esas tonadas que, como trasunto fiel del alma de la tierra, son un grito cálido y apasionado. En coches abiertos vienen las señoras y las niñas. Risas y voces alegres llenan el espacio, con rumor de cascabeles. En una carreta florecida de sayas caprichosas y extravagantes, han llegado las cantoras.

Buenas mozas y jóvenes algunas. Viejas y feas otras. Alegres todas, bajo la luz del sol. Tienen el pecho ancho y los ojos chispeados de júbilo. Los jinetes caballeros se confunden con los peones, y rodean la carreta con alborozadas exclamaciones de entusiasmo.

-Aquí mismo- gritan- la primera tonada, con un cogollo de esos que llegan a sacar fuego!

-Claro, eso es lo lindo- exclaman las chiquillas desde los coches- y una cueca con tamboreo y huifa!

La Cantalicia López tiene el arpa junto a ella. La Chayo Jiménez y La Rosa Insunza sus guitarras. Sonrientes se miran con un rodar de luces en los ojos; los labios húmedos y encendidos. Súbitamente, cual obedeciendo a una consigna, el arpa, honda y vibrante, como un grito acallado de pasión, hace melodioso el espacio. Las guitarras, de armonía romántica y quejumbrosa, la acompañan, y luego, a un simultáneo movimiento de cabeza, surgen las voces un tanto estridentes y ásperas, pero llenas de frescura e intención, con todo el saber del alma chilena, en que hay rebeldías, amores y dolientes desvíos:

¡Prenda querida del alma! ..

Que has sido mal pagadora,

¡cómo tanto te quería

te tenía en la memoria!

Clamorosos gritos de júbilo y entusiastas aplausos acogen la tonada. Arremolínanse los caballos junto a la carreta. Grandes potrillos de rubia chicha cocida, dulce y aromosa, se sirven a las cantoras.

-En un pie no podemos seguir- dicen todos- ¡Una cueca para el estribo!

No se hacen ellas de rogar. Gime el arpa, con acordes daros y hondos. Las guitarras, en tanto, hacen el acompañamiento, juguetonas, haciendo rebullir un deseo de bailar en el cuerpo de todos los presentes. Angel Larrondo, guapo jinete caballero, ha echado pie a tierra, para sacar a bailar a la María Faúndez, muchacha rubia y flexible como una espiga dorada. Bajos los ojos de ella. Cabrilleadora y dominante la mirada de él. Surgen las voces y ondean los pañuelos. Asediándola él, con sus rondas y sus pupilas de fuego. Tímida y rendida ella, bailan los dos armoniosamente la danza graciosa de la tierra.

¡Queridó…! ¡Queridó, vente a mis brazos! La vida y hasta cuándo… me querís tener penando!

Entre tanto, ya se oyen los gritos de los jinetes que han lanzado el primer novillo del apiñadero. Es un clavel con la cara salpicada de blanco, que sale avispado, impetuoso como un ventarrón. Al lado afuera lo esperan los peones, cuyas bestias, atentas, agiles, lo estrechan junto a la quincha, azuzándolo con sus gritos estentóreos. Cual un estampido formidable resuena la voz de ambos:

-Au…au…au…! ¡Toro lobo!

-¡Ah, hombriii! Vaca loba… !

Uno a la paleta requiriendo a su cabalgadura en el flanco exterior con la enorme rodaja tintineante, para no dejar alejarse al novillo de la quincha. El otro al anca del corrido, hostigándolo con su grito y los pechos de su caballo. Es una carrera loca y vertiginosa. El delantero va pendiente de atajar en el lugar preciso donde está la bandera. Es este el momento emocionante de la faena; el caballo ha sido requerido enérgicamente, y aunque pequeño y ágil, es una barrera formidable que detiene al novillo junto a la bandera. El animal casi se da vueltas en el aire con las manos en alto para volver grupas. No ve otro camino que el abierto entre los dos jinetes. El de la paleta ha pasado al anca y el otro va ahora estrechándolo. La atajada se ha hecho en forma espléndida. Estallan los aplausos y los gritos de admiración. Son tres animales y dos hombres lanzados en un vértigo de velocidad, con los músculos tensos y en el alma un fervor inaudito de energía. A la tercera vuelta, el novillo extenuado, con los ijares temblorosos, los ojos sanguinolentos, y el belfo rezumante de baba espesa, es recibido por los capataces para lanzarlo al potrero. En seguida los peones, que han iniciado el torneo, con el chamanto al hombro, se han acercado al tabladillo para recibir el gran vaso de chicha espumante.

Con entusiasmo sin igual, la faena ha seguido desarrollándose bajo el oro del sol, y junto a las alamedas que ya empiezan a proyectar su sombra sobre la media luna, refrescando un poco el bochorno fatigoso que invade a los hombres y a las bestias. Han alternado en la fiesta los dueños y convidados, con los sirvientes de la hacienda, todos convertidos en magníficos jinetes.

Pedro Juan ya se ha estrenado, pero con una suerte negra. Le ha tocado un huacho mañero, que se ha ido restregando junto a la quincha, sin salir de su trote empacado. Así, las atajadas fueron sin ningún interés y completamente deslucidas. En cambio a Baudilio le han largado, para suerte suya, un novillo ágil como un pensamiento. Medio a media de la bandera, que se ha desplegado ondeante, para saludar su triunfo, montando su yegua colorada, ha detenido al novillo en forma tan magistral, que arranca una verdadera ovación. Esbelto y bien montado, es un verdadero centauro de alas rojas, que corre como una ilusión junto a la quincha. Hasta su voz de clara tonalidad, tiene orgullosa arrogancia cuando la lanza fieramente.

-¡Juera, lobito, juera!…

La Rosa Insunza, a quien pretenden los dos hombres, lo ha saludado con una tonada cuando se acerca al tabladillo, para recibir el trago que le brinda el dueño de la hacienda. En la canción hay promesas que gritan las palabras y surgen de los ojos:

¡Es en vano, no puedo olvidarte,

por tu amor he perdido la calma,

ya no puedo vivir sin mirarte,

solo tu cariño entortura mi alma!

En el intervalo, los jinetes han salido al semi-círculo, para demostrar sus acrobáticas destrezas, «tirando en rienda», y ejecutando arriesgadas maniobras con sus caballos, para evidenciar su maestría.

En un extremo de la media luna, están todos nerviosos esperando su turno. Pedro Juan tiene un puñal de hielo clavado en medio del pecho. El deberá vencer al final. Los jinetes, rápidos como un proyectil, han disparado sus caballos con tal ímpetu, que parece que no van a detenerse jamás. Pero, en la misma raya trazada para el objeto, detienen sus corceles, revolviéndolos en un puñado de tierra. Una, dos y diez veces los hombres evolucionan su animal, sin más gobierno que las piernas y el movimiento de su cuerpo.

A Pedro Juan los nervios le tienen perdido. Con el ceño endurecido y en los ojos un fulgor extraño, se ha lanzado también a tirar su rienda, ejecutando varias pruebas en forma impecable. Ha hecho con su animal un numero «8» sobre la pista, que ha ido achicando hasta retorcerlo en el cuerpo mismo de éste. Pero, bruscamente, al disparar su bestia, para probarle la rienda, ésta falla de las cuatro patas, rodando por el suelo, perdiéndose con ésto toda la belleza del trabajo ejecutado anteriormente.

Baudilio, en tanto, junto a la Rosa, descansa allá en el tabladillo. Su actitud de vencedor se refleja en la sonrisa alegre y confiada con que pretende dominar a la moza, en quien, a pesar de corresponder a sus requiebros con coquetería, se advierte no obstante viva inquietud. La Cantalicia López, mientras tanto, acompañada por las demás mujeres, canta una festiva tonada muy celebrada por la concurrencia:

Y hácemela con chancaca

y la cama bien anchita,

y hácele tuto a la guagua …

y hácele li-li-lu-lá.

¡Papas con luche, hartito ají,

me querís negra, no me querís…

me echas al agua, no me echarís!…

La tarde ha ido refrescando y con ello la fiesta ha cobrado mayor entusiasmo. Una alegría desbordante hay en todos los pechos. La faena se hace con mayor empuje, con mayores bríos y seguridad. Los caballos, enardecidos, responden ágiles al requirimiento de sus amos, que ahora, con algunos vasos dentro del cuerpo, se tiran con despreciativo coraje sobre la quincha.

Baudilio ha estado de suerte ese día. Los mejores aplausos han sido suyos, y las muchachas tienen encendidas miradas de admiración para él. Pedro Juan, amargado, no ha cesado sin embargo, en su empeño de triunfar. Ha hecho hermosas atajadas, pero casi siempre algún tropiezo ha deslucido su trabajo. Pero hay en él una confianza invencible. Cuando ya quedan los novillos más hambreados en el apiñadero, ha ensillado al Tafetán, que nervioso manotea impaciente, por aquietar los ímpetus que le acometen antes de comenzar aquellos trabajos, en que es caballo maestro. La Rosa Insunza ha visto con misterioso fuego en las pupilas, de cómo el muchacho ha quitado las riendas a su animal. Correrá en él gobernándolo únicamente con las piernas y el impulso de su cuerpo.

Sale veloz el novillo y el Tafetán, con salto flexible de felino, parte tras él, alcanzándolo en seguida para paletearlo con gallarda elegancia. Junto al trapo flameador, la atajada es soberbia. Jinete y caballo, un solo cuerpo, cambian la postura y van ahora arreando, para recibir al otro extremo al animal, que les entrega el compañero, que también ha tenido fortuna en su trabajo. Hay un entusiasmo tan indescriptible, que la cueca alarmante y estrepitosa ha cesado, para fijar todas las miradas en el peligroso juego. Vuelven a la tercera vuelta, y en mitad de la carrera el vacuno, con un esfuerzo inaudito, se ha recogido bruscamente para saltar sobre la quincha, tratando de salvarla. Pero fracasa en su esfuerzo, y su mole palpitante se derrumba sobre el jinete, cuyo caballo, con las manos en alto, se ha detenido junto a él. Es tan espantoso el instante, que todos, silenciosos, experimentan el anhelar de un segundo de angustia.

Sobre el caballo ha caído el novillo, y en un montón han rodado hasta el suelo. El hombre no ha alcanzado a saltar de su montura, y ha caído bajo los animales. Un grito de horror ha brotado de todos los pechos.

-¡Se chupó el huacho bruto!

Atropellándose ha corrido la gente al lugar del accidente. El vacuno se ha incorporado y huye cimbrándose jadeante, en tanto el caballo semi-aturdido, no puede pararse. Bajo él, está Pedro Juan, con los labios crispados de dolor, el rostro bañado en sangre, con los brazos y las piernas rotas.

Y antes que nadie hay una mujer junto a él. Una moza robusta y enloquecida, que ha enderezado la cabeza del hombre para abrazarse a ella sollozando, mientras entrecortadamente sus labios gimen roncamente:

-¡Peiro Juan, mi Peiro! ¡Pura fatalidad la tuya, m’hijito! ¡Pero a hombre; a hombre, naide te la pudo ganar!

«Monogamia», de Marco Antonio de la Parra

Son pocos los que acostumbran a leer obras de teatro. Se trata, sin embargo, de una atractiva manera de conocer otra faceta de este arte que forma parte de la literatura: la Dramaturgia.

Los dramaturgos latinoamericanos tienen la costumbre de poner a disposición del público, gratuitamente, sus textos. Lo hacen a través del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT), de donde hemos tomado esta obra escrita a fines de los 90s por Marco Antonio de la Parra.

«Monogamia» nos presenta en tono de comedia uno de las últimas utopías que nos quedan «¿Que pasa con el amor en el matrimonio?» La obra esta plagada de interrogantes y en el devenir de la escena los personajes deambulan en la incertidumbre cuando se trata de hablar del amor, el adulterio, la pasión, la felicidad, la lealtad, la confianza, las relaciones familiares etc.

Pero «Monogamia» trata, sobre todo, de la dificultad que este presente de hoy nos lleva para intentar ser fieles a ideas y principios, a sueños y utopías de la juventud y con la propia historia personal. A esa delicia de enredos que es el amor, suma ese nudo ciego que es la relación fraterna. Y como todas las comedias (una «comedia aparente», como la llama el autor), es una tragedia vista de lejos.

Felipe (hermano mayor) y Juan (hermano menor) han depurado y extremado sus diferencias, aquello con lo que se identifican: Felipe es el loco, el creativo, se casó dos veces, tiene éxito con las mujeres, goza de la admiración de la familia, de actitud física relajada y atuendo informal; Juan es responsable, tímido, tenso, adora pertenecer a un club exclusivo, viste saco y corbata y, por sobre todo, se define monógamo.

En síntesis, relación entre hermanos, confesiones, fidelidad e infidelidad en tono de comedia.
(Presentación de la obra en el 25º Fiesta Nacional del Teatro en La Plata)

Marco Antonio de la Parra es dramaturgo, ensayista y psiquiatra chileno. Ha publicado más de setenta libros –entre obras teatrales y ensayos– donde ha retratado magistralmente la realidad de la sociedad chilena.
Otras de sus obras más conocidas son: «Lo crudo, lo cocido y lo podrido», «La secreta obscenidad de cada día», «Lindo país esquina con vista al mar», «King Kong Palace o el exilio de Tarzán».

MONOGAMIA

Marco Antonio de la Parra

El texto se corresponde con la versión estrenada en el Teatro CELCIT en julio de 2000, dirigida por Carlos Ianni

PERSONAJES: FELIPE y JUAN. Hermanos.

Edad media de la vida. El club. Mesa pequeña, sillas de diseño, ruido de fondo.

ACTO UNICO


JUAN: Llegás tarde, como siempre.
FELIPE: No es tan tarde…

JUAN: Media hora…
FELIPE: Menos… veinte minutos. 

JUAN: Tarde, Felipe, como siempre.
FELIPE: A veces no tiene importancia…

JUAN: Cuando tenés que encontrarte con tu hermano, por ejemplo… Yo nunca llego tarde a ningún lado.
FELIPE: Y yo siempre.

JUAN: ¿Por qué?
FELIPE: ¿Por qué, qué?

JUAN: ¿Por qué siempre llegás tarde?
FELIPE: ¿Y vos por qué nunca llegas tarde?

JUAN: Porque soy puntual…
FELIPE: Yo nunca fui puntual… ¿Por qué iba a serlo ahora?
JUAN: Porque te ibas a encontrar conmigo.
FELIPE: Siempre llego tarde… sabés que siempre llego tarde.
JUAN: Sí, cómo no lo voy a saber.

FELIPE: ¿Y si sabés que voy a llegar tarde por qué llegás a horario?
JUAN: Yo también llegué tarde.
FELIPE: ¿Entonces?
JUAN: Siempre me ganás, siempre. Llegaste después.
FELIPE: No quise. Tuve problemas. Me encontré con un amigo.
JUAN: No nos vemos casi nunca. Soy tu hermano. E igual llegás tarde.
FELIPE: Soy igual con todo el mundo… vos sabés… además, me costó encontrar el lugar.
JUAN: Es exclusivo. Quería que te costara encontrarlo.
FELIPE: No sé por qué protestás, entonces. Vos llegaste tarde, yo llegué tarde. Me citaste en un lugar difícil… 
JUAN: Pero igual me ganás. ¿Te das cuenta? Sabía que ibas a llegar tarde, entonces vine tarde también. Dije, Felipe va a tener que esperarme por primera vez en su vida y … llegás más tarde que yo.
FELIPE: No se trata de ganarte, Juanito… Qué obsesión.
JUAN: Juan.
FELIPE: Bueno, Juan. Llegué a la hora que pude. Y vos no pudiste ser más impuntual.
JUAN: ¿Qué insinúas?
FELIPE: Que quisiste pero no podés… No te sale.
JUAN: ¿Y eso qué quiere decir?
FELIPE: Nada. Sos como sos y no veo por qué tenés que ser como yo.
JUAN: ¿Vos nunca querés ser como yo?
FELIPE: A veces. ¿Qué te pasa?
JUAN: ¿Te gusta este lugar? ¿Te sorprende? ¿Conseguí sorprenderte?
FELIPE: ¿Qué te pasa, Juan? Tenés una cara…
JUAN: Tengo la misma cara de siempre. Decime una cosa: ¿Esperarías de mí que llegara tarde?
FELIPE: No.
JUAN: ¿Y te gustaría alguna vez ser puntual, llegar a horario?
FELIPE: Sí, me gustaría.
JUAN: Hoy quise ser impuntual…. y no pude. ¿Trataste de ser puntual? ¿Trataste?
FELIPE: ¡Siempre trato! Lo que pasa es que no…
JUAN: Mentira. Te gusta.
FELIPE: No es que me guste…
JUAN: Ser impuntual es una desconsideración.
FELIPE: Y yo soy un desconsiderado.
JUAN: Al fin entendiste. Sos un desconsiderado.
FELIPE: Y vos no.
JUAN: No. Tomo en cuenta al otro, lo considero.
FELIPE: Entonces… ¿por qué trataste de ser impuntual?
JUAN: Para que te pusieras en mi lugar. 
FELIPE: ¿Yo? ¿En mi lugar?
JUAN. No, en mi lugar.
FELIPE: Ah, ponerme yo en tu lugar.
JUAN: Sí, necesito que te pongas en mi lugar.
FELIPE: ¿Para qué?
JUAN: ¿Tengo que darte explicaciones? Necesito que te pongas en mi lugar y listo… Necesito que me oigas y te pongas en mi lugar.
FELIPE: Por eso querías llegar más tarde…
JUAN: Sí, para que sintieras lo que se siente cuando se espera.
FELIPE: Sé lo que se siente… ¿Cómo no lo voy a saber?
JUAN: Y si lo sabés, ¿por qué me hacés esperar? Me hiciste esperar toda la vida…
FELIPE: ¿A qué estamos jugando? ¿A quién dice la última palabra, como cuando éramos chicos?
JUAN: A hablar… Necesito hablar… Y la única persona con la que puedo hablar sos vos…
FELIPE: ¿Y eso qué tiene que ver con la hora a la que llego? Estamos perdiendo el tiempo… ¿Dónde estamos? Me costó un Perú llegar… Estás rarísimo, Juanito.
JUAN: Juan… Juan… Me llamo Juan…. Tengo tu mismo tamaño… No estamos en la pieza… ¿podés dejar de comportarte de ese modo infantil?
FELIPE: No hablo más mientras no me expliques qué es esto…
JUAN: Un lugar exclusivo
FELIPE: ¿Y?
JUAN: Para hablar en privado… cosas privadas. Por ejemplo, cómo estás… cómo te sentís…
FELIPE: ¿Yo?
JUAN: Sí, vos, ¿cómo estás?
FELIPE: Bien… supongo que bien.
JUAN: ¿Problemas?
FELIPE: ¿Yo?
JUAN: Sí. ¿Tenés problemas? 
FELIPE: ¿Problemas? ¿De qué tipo?
JUAN: ¿De salud? ¿De dinero? ¿De pareja?
FELIPE: ¿Me vas a tirar las cartas?
JUAN: No creo en esas taradeces. ¿Qué te pasa? Contestame directamente: ¿Cómo estás? ¿Problemas?
FELIPE: Bueno, más o menos, como todo el mundo… ¿Qué hacemos acá? ¿Me podés decir?
JUAN: ¿No lo conocías?
FELIPE: No. ¿Qué es?
JUAN: Te sentís raro, como pollo en collar ajeno. No es tu mundo.
FELIPE: ¿Esto también es para que me ponga en tu lugar?
JUAN: Es un club… Y yo soy socio.
FELIPE: Cómo te gustan esas cosas a vos, los clubes… Siempre quisiste ser socio de alguno…
JUAN: Un club privado… ¿Te preguntaron el nombre al entrar? ¿Tuviste que decir que venías a verme? ¿Eh? Dar mi nombre en la entrada…
FELIPE. No… Me encontré con un compañero… un conocido del gimnasio y pasé… ¿Había que mostrar algo?
JUAN: ¿Me querés decir que te dejaron pasar así nomás?
FELIPE: ¿También era para que me pusiera en tu lugar?
JUAN: Contestá lo que te pregunto, Felipe, sé serio y adulto alguna vez… ¿Te dejaron pasar así nomás?
FELIPE: Entré con un amigo… Por eso me atrasé… Fue un lío estacionar, llegar… Y lo vi en la puerta… Me empezó a hablar…
JUAN: Y me dejaste esperando…
FELIPE: Vos también llegaste tarde…
JUAN: Eso no importa… Vos creías que te estaba esperando… Creías que había llegado, como siempre, a la hora.
FELIPE: ¿Y?
JUAN: Desconsideración.
FELIPE: ¿Por qué me citaste acá? No encontraba esta cosa…
JUAN: Club… No es cosa, es club…
FELIPE: ¿Qué tanto remilgo? Juanito… nos vemos tarde, mal y nunca y… 
JUAN: Juan, Juan… ¿Tiene algo malo mi nombre? ¿Te digo Felipito yo? ¿Alguna vez te dije Felipito?
FELIPE: Pipe me decías… Cuando vivíamos con mamá me decías Pipe… Y ya éramos grandes…
JUAN: Mejor que Felipito…
FELIPE: Me rindo… ¿Acá se puede pedir algo? ¿Qué se hace?
JUAN: Es exclusivo. Eso es lo importante.
FELIPE: ¿O sea que si no me encuentro con Fernando no entro?
JUAN: Obvio.
FELIPE: Y si vos no habías llegado….
JUAN: Quería hacerte esperar, pero a mí no me salen esas cosas.
FELIPE: Y yo me habría sentido en tu lugar.
JUAN: Algo así.
FELIPE: Me llamaste para que me pusiera en tu lugar.
JUAN: … pero ya veo que no resulta… Igual soy puntual.
FELIPE: ¿Vamos a hablar todo el tiempo de mi impuntualidad?
JUAN: No, de mi puntualidad. No sos el ombligo del mundo, Pipe.
FELIPE: ¡Cómo vas a conseguir ser impuntual! Siempre estás acelerado, Juanito…
JUAN: Juan. Cuatro letras. J-U-A-N.
FELIPE: Bueno, Juan… ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás tan inquieto?
JUAN: No estoy inquieto.
FELIPE: Querés hacerme esperar. No podés hacerme esperar. Querés que me ponga en tu lugar… Que te pongas en mi lugar… Típico tuyo, Juan. Estás con los cables pelados.
JUAN: Soy puntual, que es bien distinto.
FELIPE: Puntual. Siempre me costó ser puntual… ¡Henry!
JUAN: ¿Quién es?
FELIPE: ¿Cómo que quién es?
JUAN: ¿Amigo tuyo? 
FELIPE: Cliente…
JUAN: Claro, sería raro que tuvieras amigos acá…
FELIPE: A ver… ¿qué onda es ésta? Hermanito… me llamás… vengo… ¿qué pasa?
JUAN: Llegás tarde… Me hacés esperar…
FELIPE: ¿Vine o no vine? Me rogaste que viniera y vine…
JUAN: No te rogué… te pedí.
FELIPE: Lo que sea… ¿En qué onda estás?
JUAN: Onda hermano. De buenos hermanos. Un hermano que pide ayuda al otro.
FELIPE: Bueno, supongo…
JUAN: Nunca antes te pedí ayuda.
FELIPE: Cierto.
JUAN: Pero cuando tuviste problemas te ayudé.
FELIPE: Sí.
JUAN: Pero no sos capaz de ser puntual…
FELIPE: ¡Otra vez, Juan! Soy un desastre, siempre fui más tarambana que vos…
JUAN: El artista de la familia, como decía el viejo…
FELIPE: ¿Vas a sacar el prontuario completo? Vos eras el traga…
JUAN: El imbécil.
FELIPE: ¡Juan!
JUAN: ¡Estoy tenso! ¿Puedo? ¿O acá el único que puede estar tenso sos vos? ¿Sos el único con derecho a la impuntualidad, el despelote, el desastre? ¿O es porque sos creativo, sensible, el artista?
FELIPE: Por supuesto.
JUAN: ¿Por supuesto qué? ¿Qué sos el especial?
FELIPE: No. Que podés estar tenso. Todos tenemos derecho a estar tensos o preocupados. 
JUAN: ¿Te dije algo cuando estuviste tenso? ¿Te dije algo cuando necesitaste que te bancara? ¿Te lo dije?
FELIPE. No. Estuviste genial. Casi ni hablamos.
JUAN: Un muy buen hermano.
FELIPE: Sí, muy bueno.
JUAN: Me puse en tu lugar.
FELIPE: ¿En serio? ¿Te pusiste en mi lugar?
JUAN: Me puse en tu lugar.
FELIPE: ¿Vos? ¿Podías imaginarte lo que se siente al separarse, enamorarse, equivocarse?
JUAN: Y endeudarse hasta la camisa, también.
FELIPE: Nunca te pasaron esas cosas…
JUAN: De eso quiero hablarte.
FELIPE: ¡Harold!
JUAN: ¡Felipe!
FELIPE: Disculpá, es el gerente de una cuenta muy importante.
JUAN. Ah, creí que era uno de tus poetas.
FELIPE: Boludo, los poetas no son tan estirados.
JUAN: ¿Qué dijiste?
FELIPE: Que no creo que encuentre poetas acá.
JUAN: Me dijiste boludo.
FELIPE: Pero, mirá que sos boludo, eh? Te dije boludo como le digo a mis amigos… Vos recién dijiste…
JUAN: ¿A tus amigos los tratas de boludos?
FELIPE: Sí, no soy precisamente la Real Academia.
JUAN: Y te ganás la vida escribiendo… Boludo. 
FELIPE:¿Qué te pasa? ¿Te estás falopeando?
JUAN: ¿Falo qué?
FELIPE: Estás super acelerado. No es por meterme en tu vida pero…
JUAN: Yo no me falopeo. No me falopeé nunca, Pipe.
FELIPE: Por eso te digo. Es raro verte tan acelerado. ¿Qué te pasa?
JUAN: Te llamé porque necesito hablarte y en privado…
FELIPE: ¡Roberto Berríos!
JUAN: ¿No podés dejar de saludar a todo el mundo?
FELIPE: Son clientes. Vos mismo me enseñaste…
JUAN: Esta no es una reunión de trabajo. Soy tu hermano.
FELIPE: OK. Me relajo. Perdoname.
JUAN: Nunca escuchás, no hay manera de centrarte.
FELIPE: Es cierto… ¡Aladino Assadi!
JUAN: ¡Pipe! ¿Te ponés o no en mi lugar?
FELIPE: Perdoná… pero, decime: ¿qué hago si me traés a un lugar donde me encuentro con todo el mundo?
JUAN: Te concentrás, cualquier cosa, un rato.
FELIPE: ¿Este no es un lugar gay, no?
JUAN: No, es un club. De elite. Por eso te encontrás con gente importante.
FELIPE: ¿Sos socio?
JUAN: Sí.
FELIPE: Impresionante. Raro el diseño no más. Un poco rebuscado…
JUAN: Nada mío te parece bien.
FELIPE: No digo eso, digo que el lugar está bien pero muy, muy…
JUAN: Elegante.
FELIPE: Un poquito cursi.
JUAN: ¿Me vas a escuchar?
FELIPE: Soy todo oídos. Huy…
JUAN: ¿Huy qué?
FELIPE: Esa mina…
JUAN: ¿Qué mina?
FELIPE: La camarera…
JUAN: Te estoy hablando, Felipe.
FELIPE: Cierro los ojos. Me pongo lentes oscuros. Ya está.
JUAN: No te hagas el payaso.
FELIPE: Me pongo serio.
JUAN: ¡No te rías!
FELIPE: Perdoná, pero… me da parece divertido.
JUAN: ¿Qué?
FELIPE: Nada, todo tan elegante.
JUAN: Es el progreso del país… Es un club privado… De empresarios, Pipe. ¿Podemos hablar?
FELIPE: ¿Qué es esto?
JUAN: Una corbata, ponétela.
FELIPE: ¿Me la tengo que poner?
JUAN. No quiero que llames la atención.
FELIPE: Ahora sí que no me reconoce nadie…
JUAN: ¡Felipe! Necesito tu consejo y tu opinión. Por favor, sé serio alguna vez. Te hablo como hermano.
FELIPE: OK. La paz sea contigo.
JUAN: ¿Ahora te vas a burlar de mis creencias?
FELIPE: Es una broma, boludo histérico. Estás como la mierda….
JUAN: Te lo dije. Estoy muy mal. De eso quiero hablarte… ¿recién te das cuenta? Ando en problemas. Verdaderos problemas.
FELIPE: Perdón. No quise tomarte a la ligera. 
JUAN: No podés ponerte en mi lugar. Eso es lo que pasa.
FELIPE: Perdón. Hablemos de lo que quieras.
JUAN: ¿Vos? Venís bien, ¿no? ¿Carla? ¿Tus hijos? Nunca más líos con Daniela…
FELIPE: No, nunca más. Gracias.
JUAN: Nunca te pedí ayuda, Felipe. Yo…
FELIPE: Lo sé. Suerte la tuya. Me alegro. ¿Hablamos?
JUAN: ¿De qué?
FELIPE: Vos me llamaste.
JUAN: Sí, te llamé. Exactamente.
FELIPE: ¿Tenés… problemas?
JUAN: Que te llame no te permite sentirte superior ¿Eh?
FELIPE: No me siento superior, Juan. Hablemos. Bueno, mirá si es… No, no dije nada. Juan… ¿Tenés problemas con el laburo?
JUAN: ¿El laburo? Mejor que nunca. ¿Te conté del otro día? En el banco, me vieron y no me creyeron. No tengo deudas ni hipotecas. Patrimonio solvente. No tengo créditos. Cero con la tarjeta. American… y de Platino. Pero cero, limpia. ¡Creyeron que era un narcotraficante!
FELIPE: Antes no fumabas…
JUAN: No, juego con el cigarro, nada más. Me cuido. ¿Qué tal el tenis?
FELIPE: ¿Qué te pasa, Juan?
JUAN: ¿Por qué?
FELIPE: Nunca jugué al tenis.
JUAN: Daniela jugaba. Se casó de nuevo… La vi en una revista…
FELIPE: Eso no es ninguna novedad…. ¿Qué te pasa, Juan?
JUAN: Felipe, quiero hablarte en serio, bien en serio, yo… no, no sé si podés ponerte en mi lugar. 
FELIPE: Soy tu hermano.
JUAN: ¿Y? Desconsiderado, impuntual…
FELIPE: ¿Qué es lo que te atormenta? Por favor.
JUAN: Escuchame, Felipe…. No se lo digas a nadie… ¿Lo prometés?
FELIPE: Lo prometo… ¿Qué pasa?
JUAN: Escuchame bien… muy bien. Felipe… yo nunca engañé a mi mujer…

PAUSA.

FELIPE. ¿Con quién te metiste?
JUAN: Te digo que nunca engañé a mi mujer.
FELIPE: Si alguien dice nunca hice esto es porque ya lo hizo o está a punto de hacerlo. Lo que no se hace no se dice. Cuando alguien pregunta ¿me querés? no necesita que le contesten. Y si necesitás que te contesten mejor no hagas la pregunta.
JUAN: Ya estás dictando cátedra.
FELIPE: No.
JUAN: Te pusiste a dictar cátedra. ¿Qué dije mal? ¿Te corrijo yo?
FELIPE: Mirá como me tenés… hasta con corbata…
JUAN: ¿Qué querés decir? ¿Qué es eso de lo que no se hace no se dice?
FELIPE: Hermanito, estás todo transpirado, me tenés loco con el cigarro… Te pregunto que te pasa y me decís que nunca engañaste a tu mujer. ¿Se puede saber de qué estamos hablando?
JUAN: Me costó mucho llamarte, Felipe, no lo hagas más difícil.
FELIPE: Es que no entiendo.
JUAN: ¿No?
FELIPE: No, entiendo que me llamás y querés pedirme algo y no sé qué es.

PAUSA. JUAN SOLLOZA.

FELIPE: Juan…
JUAN: No me gusta que me tengas lástima. Siempre fuiste el que no tuvo problema con las mujeres, el macho de América, te metiste con cuanta mina conocimos. No tenés derecho a censurarme.
FELIPE: No te estoy censurando.
JUAN: Antes era más corto de genio… más tímido… tenía mejores calificaciones además… que conste que siendo menor terminé la carrera antes que vos…
FELIPE: Juanito… ¿Qué pasa? ¿Se pelearon?
JUAN: ¿Quienes?
FELIPE: Vos y tu mujer.
JUAN: No, Elisa está super bien. No tuvo más problemas. Está muy bien. ¿Supiste que estuvo enferma, no?
FELIPE: Claro, sí estuvimos en la Clínica…
JUAN: Yo estaba trabajando… Por eso no estaba…
FELIPE: Pero en el verano se veía estupenda…
JUAN: Se conserva estupenda…

PAUSA.

FELIPE: ¿Y?
JUAN: ¿Y qué?
FELIPE: ¿Vas a encender el cigarro o no?
JUAN: ¿Cómo se te ocurre? Hace pésimo. ¿O querés que se me echen a perder los bronquios?… ¿Eh?… Tus amigos fuman mucho… Y chupan…
FELIPE: No sé, no les llevo la cuenta…
JUAN: Yo me cuido… ¿Qué edad me das? Decime, Felipe, francamente, cuántos años…
FELIPE: Bueno, si tengo…
JUAN: No, no, así no. Imagínate que no sos mi hermano. Me ves y decís… ¿Qué? ¿Un cuarentón, un cincuentón, de treinta y pico? ¿Qué?
FELIPE: ¿Seguro que no es un lugar gay?
JUAN: ¡Felipe! Mírame y decime. Si no me conocieras… 
FELIPE: Le preguntamos a la señorita…
JUAN: Te pregunto a vos…
FELIPE: Diría… Que los llevás muy bien…
JUAN: No evadas mis preguntas. No te hagas el diplomático. Sé honesto. Decime qué pensás…

PAUSA.

FELIPE: ¿Te enamoraste de una mujer más joven?
JUAN: ¡Yo nunca engañé a mi mujer!
FELIPE: Te enganchaste con una pendeja.
JUAN: Yo no… (SOLLOZA). No me mires así…
FELIPE: Juanito, qué complicado…
JUAN: Juan, Juan…
FELIPE: Igual es complicado.

JUAN ROMPE A LLORAR.

JUAN: Mierda, es que es tan dulce…
FELIPE: Te descubrió Elisa…
JUAN: ¿No te dije que nunca engañé a mi mujer? No debería haberte llamado. Pensé… como a vos te pasaron estas cosas…
FELIPE: ¿Qué?
JUAN: Enamorarse, separarse, volverse a juntar, volverse a casar… Yo tuve un matrimonio sólido de veintitrés años, sin la menor alteración, sin un roce, sin una diferencia, con absoluto respeto… He sido absolutamente monógamo…
FELIPE: ¿Y?
JUAN: Vos no.
FELIPE: Me llamaste para decirme que no fui monógamo…
JUAN: No.
FELIPE: Desconsiderado, impuntual y además infiel…
JUAN: ¿Me escuchás? ¿Hablamos de vos o de mí? 
FELIPE: ¿Cuál es el problema? ¿Conociste a alguien?
JUAN: Felipe, esto te va a parecer banal. Claro, a vos te daba lo mismo…
FELIPE: ¿Hablamos de mí o de vos?
JUAN: Felipe, yo nunca engañé a mi mujer. Nunca me sentí atraído por otra mujer. Nunca falté a mis principios.
FELIPE: ¿Te vas a presentar para presidente?
JUAN: Siempre riéndote de tu hermano menor. Siempre. Lo que pasa no puedo contárselo a cualquiera. No aguanto más. Tengo que tomar una decisión. Hoy mismo. No duermo. No puedo vivir así. No sé qué hacer…
FELIPE: Yo tampoco. Mientras no me expliques…
JUAN: ¿A quién se lo cuento? ¿A quién? Mis amigos son todos monógamos.
FELIPE: O lo aparentan.
JUAN: Tenemos un grupo de reflexión de parejas. Vos sabes… Nadie, nunca, le ha fallado a nadie.
FELIPE: Bueno, me alegro… si lo pasaron bien. Yo no me hubiera separado de Daniela…
JUAN: O sea… me vas a decir que no estás enamorado de Carla…
FELIPE: Super enamorado. Estamos mejor que nunca.
JUAN: Pero de repente…. una secretaria… una promotora… una alumna… una actriz joven…
FELIPE: Hay algunas… preciosas…
JUAN: ¿Y? ¿No te dan ganas?
FELIPE: ¿De qué?
JUAN: No sé, son preciosas, seductoras…. (SOLLOZA) Son taaan lindaaass…
FELIPE: ¿Quiénes?
JUAN: No puedo decirte.
FELIPE: ¿Está… embarazada?
JUAN: ¿Cómo se te ocurre? No pasó nada. No es lo que te imaginás. No es una calentura ni un ataque de juventud en medio de la crisis de los cuarenta o de los cincuenta… A propósito… no contestaste mi pregunta. 
FELIPE: ¿Cuál?
JUAN: ¿Me veo atractivo? ¿Parezco un viejo verde?
FELIPE: ¿Querés que yo te lo diga?
JUAN: Quiero que seas claro y preciso. ¿Me veo bien conservado, juvenil, decrépito, patético, vigoroso? ¿Qué? Decime una, una sola.
FELIPE: Te ves bien. Para ser monógamo…
JUAN: ¿Qué querés decir?
FELIPE: Es un chiste.
JUAN: ¿Querés decir qué? Que los monógamos nos vemos ridículos. Que la falta de actividad sexual nos deteriora. Que se nos nota.
FELIPE: ¿Estás cogiendo poco con Elisa?
JUAN: No te llamé para hablar de mi vida privada con Elisa. Además, a todos los matrimonios les pasa un poco… Hay épocas… Ciclos.. Altos y bajos… ¿Vos? ¿Con Carla?
FELIPE: Bien…
JUAN: Claro, es más joven… ¿No cambió después del embarazo?
FELIPE: Era su segundo hijo, Juan… ¿Qué querés saber?
JUAN: ¡Qué pasa con el amor en el matrimonio! ¡Eso!
FELIPE: Pero… ¿no estás metido en un grupo de parejas?
JUAN: Ese es el último lugar donde contaría lo que me pasa.
FELIPE: Tenés un problema de pareja…
JUAN: ¡No! Me siento… me siento…
FELIPE: ¿Sí?
JUAN: ¿No te vas a reír de mí?
FELIPE: No hemos hablado de nada muy divertido…
JUAN: Siempre te reís de mí. 
FELIPE: No me río de vos.
JUAN: De chicos, siempre te reías de mí. Te reíste de todas mis novias…
FELIPE: Juan… a estas alturas….
JUAN: Decime la verdad: ¿Te metiste con Nora?
FELIPE: ¿Nora?
JUAN: Sabés perfectamente de quién estoy hablando.
FELIPE: No tengo la menor idea.
JUAN: Lo tengo grabado. Hubo muy pocas mujeres en mi vida y sé muy bien quién es quién.
FELIPE: Digamos que yo me acuerdo más de unas que de otras…
JUAN: Eso te pasa por no ser monógamo.
FELIPE: Soy monógamo.
JUAN: ¿Y lo de Andrea?
FELIPE: Juan, hace cinco años que vivo con Carla…. Tenemos un hijo… No me metí con nadie…
JUAN: Eso quiero saber… ¿por qué no te metiste con nadie?
FELIPE: ¿Qué sé yo? Estoy más maduro… No tengo necesidad…
JUAN: ¿Y si Carla se metiera con otro?
FELIPE: Sería problema mío, ¿no te parece?
JUAN: Yo sé que te levantaste a Nora.
FELIPE: Perdoná pero no me acuerdo.
JUAN: La mala memoria, siempre… Si te he visto no me acuerdo… 1972, Miramar.
FELIPE: ¿1972? No me acuerdo ni como me llamaba en esa época.
JUAN: Franeleaste como loco con Nora, en la playa… y era mi novia. 
FELIPE: ¿En Miramar? Juanito… ¿Nora? ¡Nora! Era una novia de verano… Si se la debe haber levantado todo el mundo.
JUAN: Era mi primera novia seria.
FELIPE: Me parece que muy seria no.
JUAN: ¿Qué?
FELIPE: Ella… Vos sí… Además, está horrible.
JUAN: ¿Cómo lo sabes?
FELIPE: Tiene un negocio en Flores con el marido. No lo pude creer cuando la vi.
JUAN: ¿Y? ¿Te preguntó por mí?
FELIPE: La muy pelotuda por el único que preguntó fue por vos…
JUAN: ¿Ves? Fui una relación seria para ella.
FELIPE: Pero no se acordaba cómo te llamabas. Me dijo… ¿Vos no tenías un hermano, no?
JUAN: ¿No se acordaba de mi nombre?
FELIPE: Ni del mío.
JUAN: No puede haberse olvidado de mi nombre… Le compré un brazalete de artesanía con mi nombre y ella… me regaló un osito… La amé todo el año… La llamé antes del verano siguiente… ¿te acordás? y se hizo negar…
FELIPE: Papá estaba vivo.
JUAN: Y estaban juntos con mamá.
FELIPE: En la casa de Caballito.

PAUSA.

JUAN: Felipe ¿vos crees que papá le metió los cuernos a mamá?
FELIPE: Mamá está bastante mayor. Dejemos los recuerdos en su sitio…
JUAN: No, en serio, ¿le habrá metido los cuernos a mamá?
FELIPE: ¿Antes de lo de Lucía? 
JUAN: ¿La conoció antes?
FELIPE: No sé…
JUAN: Saliste a él ¿no?
FELIPE: Juan, mucha gente le mete los cuernos a mucha gente. A veces de buena, a veces de mala. A veces por tonterías, a veces porque se enamoran de verdad. No tengo idea de la vida sexual del viejo. Capaz que sí. Era pintón, llegaba tarde… ¿por qué no? Da lo mismo.
JUAN: ¿Cómo va a dar lo mismo?
FELIPE: Ahora da lo mismo.
JUAN: No… vos viviste con él… ¿Sí o no?
FELIPE: Pero no lo andaba controlando…
JUAN: ¿Y mamá?
FELIPE: Tuvo sus novios también.
JUAN: Des-pués… Es muy distinto.
FELIPE: Y a lo mejor antes… ¿Cómo saberlo? Era una mujer…
JUAN: Es. Yo la veo todos los fines de semana.
FELIPE: Paciencia la tuya…. Juan, no entiendo de qué estamos hablando.
JUAN: De principios. Principios en los que siempre creí. Por ejemplo, la monogamia.
FELIPE: Hablás de la monogamia como si fuera una religión, una especie de club.
JUAN: Es el respeto por tu pareja.
FELIPE: Totalmente de acuerdo… Lo que quieras… La monogamia es magnífica… pero es muy difícil… diría más, es casi antinatural.
JUAN: O sea, pensás que los monógamos son unos ridículos.
FELIPE: No, exactamente lo contrario. Son afortunados. Gente esforzada. Eligieron el camino más complicado y si lo pasan bien, doble premio. Es una maravilla ver una pareja fiel y feliz y activa y sin problemas.
JUAN: ¡Sabía que te ibas a burlar de mí! 
FELIPE: ¿Juan?
JUAN: Pensás que Elisa y yo somos pura fachada.
FELIPE: Estás loco, me encantan. Invitan a almorzar a mamá… Hacen fiesta para Nochebuena… Elisa me cae… bien.
JUAN: No es cierto.
FELIPE: Me cae bien… Yo no le caigo bien a ella.
JUAN: La encontrás formal, chapada a la antigua…
FELIPE: Ella me encuentra informal a mí… Pero no sé de qué te quejás… Tus hijos son estupendos… Elisa se ve como de treinta…
JUAN: No se quiere acostar conmigo.
FELIPE: ¿Cómo?
JUAN: No se quiere acostar conmigo.
FELIPE: ¿Por qué?
JUAN: O sea, nos acostamos… pero… mirá… al principio todo anduvo bien… no, miento, al principio todo anduvo mal… me lo dijo después… creía que andábamos bien pero yo…
FELIPE: ¿Vos qué?
JUAN: ¿No te vas a reír de mí?
FELIPE: No me estoy riendo de vos.
JUAN: Pero te cogiste a Nora en Miramar.
FELIPE: Era un adolescente, Juan. Todos éramos adolescentes.
JUAN: ¿Y eso qué? ¿Acaso es una autorización para hacer lo que se te dé la gana?
FELIPE: Mirá, en la adolescencia nadie está muy seguro de nada. Hace lo que puede. Cree que hace lo que quiere pero hace lo que puede.
JUAN: ¿Y te metiste con Andrea de puro adolescente?
FELIPE: Juan, estaba casado. Me confundí. Quería a Daniela. ¿Qué querés que haga? Pasó hace mucho….
JUAN: Ya no eras un adolescente. ¿O le vas a echar la culpa a la dictadura?
FELIPE: A lo mejor. Qué sé yo. Se murió el viejo… no sé.
JUAN: Algunos maduramos…
FELIPE: No, no era un adolescente. Está bien. Me porté como un adolescente. Seguramente todavía lo era… Creí que me enamoraba de Andrea… y, bueno, ¿qué hago ahora con todo eso?
JUAN: ¿Carla te perdonó?
FELIPE: Juan, no estamos en el colegio… ¿Qué es esto, un examen de conciencia? A Carla lo conocí después, separada…
JUAN: Lo conocías de antes… Había sido alumna de Daniela.
FELIPE: ¿Adónde querés llegar?
JUAN: Era mucho más joven que vos.
FELIPE: ¿Y qué querés que haga? Sigue siendo mucho más joven que yo…
JUAN: ¿Nunca… tuviste miedo de que te deje?
FELIPE: Juan, todos podemos ser abandonados. Nadie puede tener propiedad sobre nadie.
JUAN: O sea, aprobás la infidelidad.
FELIPE: Me cansé, Juanito. Estás rayado… Algo te pasó… No se ve un carajo… Lindo tu club…
JUAN: Felipe, con la mano en el corazón… ¿No tenés miedo de sentirte atraído por una muchacha joven… primorosa… fresca… lozana…?
FELIPE: Al fin. Estás hablando del Deseo…
JUAN: No entiendo.
FELIPE: ¿De quién estás hablando? ¿Quién te sacudió las hormonas? ¿Quién despertó tu deseo?
JUAN: No importa… O sí. No son exactamente deseos… No sé, a lo mejor tengo… deseos… Me siento ridículo. Leo novelas de amor, escucho heavy metal… Me regaló un poema… Le mandé…. Felipe, no se lo cuentes a nadie… le mandé un ramo de flores… Nunca hice nada… parecido.
FELIPE: ¿Nunca?
JUAN: Nunca.

FELIPE LO ABRAZA.

JUAN: Te estás riendo de mí.
FELIPE: No. Me enternecés. Nunca creí que te pasaran esas cosas… Siempre tan cuadrado.
JUAN: ¿Qué?
FELIPE: Que mandes flores, que escribas poemas…
JUAN: ¡Te estás burlando de mí!
FELIPE: Juanito…
JUAN: Soy un profesional de prestigio. Un adulto. Padre de familia…
FELIPE: Sé lo que sufrís… Lo que sentís… Es una cagada… Enamorarse es una cagada…
JUAN: No empieces a sermonearme.
FELIPE: Te estás sermoneando solo.
JUAN: Soy monógamo.
FELIPE: Contame: ¿Por qué crees que Elisa no se encama con vos?
JUAN: Es problema mío. No debería haberte llamado… Debería olvidarme de todo y chau…
FELIPE: ¿Qué tal te va con el matrimonio?
JUAN: Muy bien.
FELIPE: Pero recién me dijiste…
JUAN: La pasamos muy bien. Somos una familia muy unida, viajamos a todas partes juntos. Nos llevamos bárbaro… Olvídate de todo, Felipe… Saludos a Carla… No te dije nada… ¿OK? Vámonos.
FELIPE: Juan, la pareja no tiene nada que ver con la familia…
JUAN: No trates de meterme tus ideas en la cabeza. Soy un monógamo auténtico, no como vos.
FELIPE: Todos somos monógamos, todos somos infieles. Alguna vez, de alguna manera…
JUAN: No tengo ningún problema con Elisa.
FELIPE: No cogés… Me lo acabás de decir.
JUAN: ¿Tenés que decirlo en voz alta?
FELIPE: Te lo digo despacito… No cogés.
JUAN: Poco. ¿Y qué? ¿El matrimonio es puro sexo? ¿Eso me querés decir? ¿Que el amor de dos personas solamente se prueba en la cama con el pene entrando en la vagina?
FELIPE: Ahora sos vos el que está hablando fuerte.
JUAN: El amor no es puramente genital…
FELIPE: Eso es lo que te dice ella.
JUAN: ¿Quién?
FELIPE: Elisa.
JUAN: ¿Qué?
FELIPE: Te dice esas cosas cada vez que te acercás.
JUAN: ¿Cómo sabes? ¿Hablaste con ella? ¿Estás metido con Elisa?
FELIPE: Dios me libre, Juan. Todas empiezan a decir eso cuando están atravesadas…
JUAN: ¿Todas? No lo sé. Yo no conocí otra mujer.
FELIPE: Pero no se quiere encamar con vos.
JUAN: La quiero mucho…
FELIPE: Te entiendo, Juanito… perdón, Juan. Daniela también se puso así, igual. No sé por qué se ponen así. En mi caso, bueno, lo entiendo, no era muy fácil aguantarme.
JUAN: Eras un inmaduro. No sabías ser monógamo.
FELIPE: Supongo que sí. Carla es distinta. Creo que incluso soy yo el que le dice esas cosas. Ella me busca, ¿sabés?
JUAN: ¿Te busca?
FELIPE: Sí.
JUAN: ¿Después de cinco años?
FELIPE: Sí.
JUAN: ¿Muy seguido?
FELIPE: Depende. Hay épocas. A veces todas las noches.
JUAN: ¿No se pone a ver la tele?
FELIPE. No, la sacó del dormitorio.
JUAN: Claro, es más joven.
FELIPE: ¿Elisa te buscaba?
JUAN: Bueno, ella nunca fue muy… apasionada. Es divertido… Con el cuerpo que tenía… que tiene… cualquiera diría… bueno, no es lo mismo… pero después que nació la Pachi…
FELIPE: Mierda, hermano. Es una lástima. Ustedes son un matrimonio ideal. No pensé jamás…
JUAN: Ahora debés estar contento.
FELIPE: No. Me da mucha pena lo que te pasa.
JUAN: No te dije lo que me pasa y ya me tenés lástima.
FELIPE: ¿No pensaste en ver un profesional?
JUAN: ¿Con mi prestigio en la empresa? Ni cagando.
FELIPE: Juanito, yo fuí cinco años a una analista.
JUAN: Me llamo Juan. ¿No podés acordarte siquiera de mi nombre?
FELIPE: Lo que te digo, hice terapia, mamá también…
JUAN: Por algo sería… Yo no tengo por qué ir a ver a una psicóloga.
FELIPE: O un psicólogo… o un psiquiatra… Todo el mundo se analiza.
JUAN: ¡No estoy loco!
FELIPE: Mamá estaba deprimida, no loca. 
JUAN: Igual que Elisa… “Sos igualito a tu mamá”.
FELIPE: ¿Así te dice?
JUAN: Sí.
FELIPE: A mí me decían que era igual a papá.
JUAN: Sos. Y yo.. no soy como mamá… Soy monógamo.
FELIPE: Ella fue monógama.
JUAN: Yo soy más.
FELIPE: Tenés que hacer una consulta… Estás hecho un lío.
JUAN: Pero tengo hermano ¿no? ¿O lo tengo sólo para cagarme con sus levantes y la marihuana?
FELIPE: No fumaba marihuana.
JUAN: Fumabas.
FELIPE: Juan, me llamaste porque tenías problemas…
JUAN: ¿Y cómo me vas a ayudar? ¿Con un porro?
FELIPE: No.
JUAN: ¿Con pastillas?
FELIPE: No.
JUAN: ¿Cómo me vas a ayudar? Decime ¿cómo? Yo me voy… ¿Qué estás haciendo?
FELIPE: Me estoy sacando la corbata.
JUAN: Esperá… No, cómo se te ocurre…
FELIPE: No me hagas el nudo, parecemos maricones.
JUAN: ¿Ah, sí? ¿Te inhiben mis “demostraciones de afecto”?
FELIPE: No es eso.
JUAN: ¿Podés ser… un poco…. más cariñoso conmigo? Con tu hermano. 
FELIPE: Siempre te quise, Juan, de verdad… siempre.
JUAN: ¿Soy o no soy tu hermano? Aceptémoslo. Los viejos eran poco cariñosos. ¿Tenemos que tratarnos nosotros así? ¿Cómo dos desconocidos? ¿Solamente porque soy monógamo?
FELIPE: Cuando me cuentes qué te pasa, tal vez pueda ayudarte.
JUAN: Siempre ponés las condiciones. Siempre las pusiste. Felipe… conocí… No, así no… Me voy… No, no me voy… Tengo un problema… ¡No te rías de mí! Siento una tremenda atracción… No soy un adolescente, Felipe… Yo…
FELIPE: Estás enamorado…
JUAN: ¿Cómo se te ocurre? Já já já… O sea…. ¡Ay! A lo mejor… No, no, no… No estoy enamorado…. Já já já…. ¡Enamorado! ¿Yo?…. Enamorado… ¡Ay! Es uns muchacha… Tiene la edad de mi hija… ¿Cómo me voy a enamorar de alguien así? Yo no… ¿Yo? Se me va a pasar… Se me va a pasar… ¿Es la crisis de los cuarenta? ¿O la de los treinta?
FELIPE: ¿Quién es? ¿Cómo se llama?
JUAN: Me encanta….. No puedo dejar de pensar en ella… La veo y me derrito… Le mandé flores ¿te conté? y… y… no pude ponerle nada en la tarjeta… Nada…. Y ella…. se dio cuenta… perfectamente… Llegué a la oficina… al contestador y estaba la voz de ella… Gracias, tío, decía….
FELIPE: ¿Tío?
JUAN: Siempre me dice tío.
FELIPE: Tío… ¿Le estás mandando flores a Julia?
JUAN: ¿A tu hija? ¿Cómo se te ocurre? No soy ningún psicópata ni me ando metiendo con las mujeres de mis amigos… y menos con mi sobrina.
FELIPE: Pero te dice tío…
JUAN: ¿Y cómo te dicen las amigas de Julia?
FELIPE: Felipe. Mi mujer, mis amigos. Mi hija también.
JUAN: ¿También?
FELIPE: ¿Cuál es la novedad?
JUAN: Estás perdiendo autoridad. Sos su padre.
FELIPE: Pero me llamo Felipe. Me dice papá, viejo, Felipe, depende… 
JUAN: Es casi incestuoso…
FELIPE: Juanito…. ¿quién es?
JUAN: ¿Quién?
FELIPE: La de las flores… ¿Le mandaste orquídeas? Qué cursi…
JUAN: No es cursi, es caro.
FELIPE: Igual que a Elisa… Seguro… La florista de siempre… Puso tu tarjeta…
JUAN: ¿Mi tarjeta?
FELIPE: ¿Dónde compraste las flores?
JUAN: Donde las compro siempre… pero no escribí nada.
FELIPE: Ella la puso… Hace más de veinte años que le mandás flores a Elisa… Las mismas orquídeas, la misma tarjeta…
JUAN: ¿Creés que la florista se dio cuenta?
FELIPE: No. O sí. Da lo mismo. Mucha gente le regala flores a mucha gente. Las flores son hermosas, alegran la vida. A Daniela no le gustaban… A Carla sí. A Elisa le gustan ¿no?
JUAN: Ya no..
FELIPE: Pero… si cada vez que voy a tu casa parece un cementerio… quiero decir, un jardín.
JUAN: Las manda mi secretaria… Es una rutina, sí… Las rutinas son buenas… Ser puntual, pagar lo que se debe, ayudar a un hermano… No enamorarse de quién no debés… Las flores las pone la sirvienta…. Elisa tiene un poco… de alergia… Las tira… después.
FELIPE: Ya me olía mal tanta flor…
JUAN: Yo… no quiero separarme, Felipe. Es la primera vez que me pasa. No te rías, por favor.
FELIPE: No me estoy riendo… ¿Cómo se llama?
JUAN: ¿Quién?
FELIPE: La muchacha. 
JUAN: Te vas a reír de mí.
FELIPE: Si me seguís diciendo eso te voy a terminar dando una cachetada. Estamos hablando como dos hermanos grandes. Mi hermano menor me llamó porque tiene problemas. Y yo quiero ayudar a mi hermano menor.
JUAN: Tenés que remarcar eso de menor.
FELIPE: ¿Podés dejar de portarte como un acomplejado? No tengo la culpa de hacer nacido antes que vos. Yo también te tuve envidia. Eras el buen alumno, el prolijo, el lindo. Yo era el bueno para nada, el artista. Ya, lloremos toda la vida. Ese no es el problema ahora.
JUAN: Soy monógamo.
FELIPE: Y estás a punto de dejar de serlo.
JUAN: Lo decís como si fuera un chiste…
FELIPE: Bienvenido al club de los hombres comunes y corrientes. La pareja no cura todo. La felicidad va y viene. Un día aparece una muchacha como un rayo de sol y te hace descubrir lo oscuro de tu vida…
JUAN: ¡Estuviste leyendo mis apuntes!
FELIPE: ¿Qué?
JUAN: ¡Estuviste leyendo mis apuntes! Ese es un poema que le escribí…
FELIPE: Juan, ese poema lo escribimos todos. Hombres y mujeres. Apareciste y me cambiaste la vida. No sé qué hubiera sido de mí sin vos. Me hiciste renacer. Me tocás y me estremezco.
JUAN: Hablás de mis sentimientos como si fuera una canción de Paloma San Basilio. No es cualquier muchacha. Es una mujer especial. Tiene veinte y dos años…
FELIPE: Guau…
JUAN: ¿Guau qué?
FELIPE: Dinamita, hermano, veintidós es todo un riesgo… Un volcán…
JUAN: ¿Estás trivializando mis sentimientos? ¿Eso hacés?
FELIPE: No, hice un comentario idiota, ¿está bien? 
JUAN: No es una muchacha cualquiera. Es mucho más madura que su edad. Vivió en el extranjero.
FELIPE: ¿Cómo la conociste?
JUAN: Es compañera de Nicolás.
FELIPE: Ah, una joven arquitecto.
JUAN: Todavía no se recibió.
FELIPE: Pero es mayor de edad.
JUAN: ¡Y muy madura! Se aburre con los de su edad, me lo dijo.
FELIPE: Terrible…
JUAN: No puedo hacerle esto a mi familia. ¿Cómo se quita? Dame una solución, por favor. Hoy voy a verla. Tenemos una cita definitiva.
FELIPE: ¿Acá?
JUAN: No. En otra parte. Su…departamento.
FELIPE: Mierda… Con todo…
JUAN: Tengo que decirle algo. Algo… ¿No la veo más? ¿Fumo marihuana? ¿Ayuda? Alcohol no, es muy mal visto en la empresa. ¿Pido un vodka? No se nota en el aliento, no?
FELIPE: ¿Cómo se llama?
JUAN: ¿Quién?
FELIPE: La muchacha… la mujer de tu vida.
JUAN: Alondra.
FELIPE: ¿Alondra?
JUAN: Sí.
FELIPE: Hija de hippies.
JUAN: Es parte de sus problemas. No tuvo un padre bien estructurado. Su madre la tuvo jovencita, no estaban casados… 
FELIPE: Estás enamorado, eso es todo.
JUAN: ¿¡Eso es todo!?
FELIPE: Nunca conociste a alguien así. Seguramente muy liberal… Carla era así. También tuvo un lío con un hombre mayor, casado.
JUAN: Yo nunca engañé a mi mujer. Ni siquiera tengo fantasías sexuales con Alondra. No podría tocarla. Es pura, virginal, dorada. Tiene los ojos verdes y hermosos como… como…
FELIPE: Esmeraldas, lagunas silvestres, rocío…
JUAN: Sí, claro… ¿La conocés?… El pelo suelto, ondulado suavemente por el viento, huele a flores…. Su cuerpo es frágil y ligero… Es como una hoja que se curva al viento…
FELIPE: Y tiene un culo de veinteañera que te cagás…
JUAN: No dije eso.
FELIPE: Pero lo tiene. Usa los pantalones ajustados, el pelo suelto sobre los hombros, mira de reojo, se ríe dulcemente de tus costumbres pequeño burguesas y escucha música que no entendés ni por asomo.
JUAN: Me estuviste siguiendo.
FELIPE: Di clases en Arquitectura, eso es todo. Tengo una hija un poco menor que tu Alondra. ¿Habla francés?
JUAN: ¿Quién?
FELIPE: ¿De quién estamos hablando?
JUAN: ¿Cómo sabés?
FELIPE: Porque estás enamorado. Porque de una mujer así se enamora todo el mundo. Y vos estás débil.
JUAN: Otra vez soy el débil.
FELIPE: No, siempre fuiste fuerte pero… Tenés problemas con Elisa ¿no?
JUAN: No… Después de la operación…
FELIPE: ¿Sentís que te quiere? ¿De verdad? ¿Hablaste con ella?
JUAN: ¿De Alondra?
FELIPE: No. Ni se te ocurra hablarle de Alondra. Escuchame un minuto… No sé qué pasó entre vos y Elisa, pero algo está pasando. ¿Me oís? Un par de instrucciones. No más flores ni poemas. A Alondra dejala ahí. El mundo está lleno de Alondras y de Palomas y de bellísimas muchachas que no dejarán pasar la oportunidad de seducir un hombre maduro. No hay nada que les guste más. Una vez por lo menos.
JUAN: Es una muchacha inocente, no una seductora.
FELIPE: El inocente sos vos. Te cita en su departamento… En otros tiempos no me lo perdía.
JUAN: Es la primera vez que me siento así.
FELIPE: Y es lo máximo.
JUAN: Sí.
FELIPE: Y no sabés estar enamorado.
JUAN: Sé estar enamorado. Soy monógamo.
FELIPE: No es lo mismo. Estás enamorado…. No te vas a casar… No es happy end… Es un polvo… y chau.
JUAN: No es una frivolidad… Para vos quizás.
FELIPE: No, no es una frivolidad… Es preciosa… encantadora, sexy… y no cogés.
JUAN: Silencio. Es mi club.
FELIPE: ¿Nadie coge acá?
JUAN: ¿Podés tomarme en serio? Estoy sufriendo…
FELIPE: ¿Qué pasó con Elisa?
JUAN: Nada. ¿Qué tiene que ver?
FELIPE: Todo. Todo tiene que ver con vos y con Elisa. Si no estuvieras casado ni siquiera me llamás… Vas a lo de Alondra y la pasás bárbaro… Nueve semanas y media, hermanito…
JUAN: No, me da miedo…
FELIPE: Todo te da miedo… La caída de la bolsa te da miedo… la crisis asiática te da miedo… Los japoneses te dan miedo… ¿Qué pasó con Elisa? ¿Te dio miedo?
JUAN: ¿Qué tiene que ver?
FELIPE: ¿Qué pasó antes? Cuando pasaban cosas. ¿Por qué dejó de pasar lo que pasaba?
JUAN: Cuando te metiste con Andrea, decías que Daniela no tenía nada que ver…  
FELIPE: Todo tenía que ver.
JUAN: Te estás haciendo el psicólogo conmigo.
FELIPE: Estoy tratando de entender qué te pasa
JUAN: ¡Estoy enamorado! ¿Es muy raro eso? ¿Puedo?
FELIPE: ¿Cómo ha sido tu vida íntima con Elisa?
JUAN: ¿Qué tiene que ver?
FELIPE: Todo tiene que ver con la vida íntima… Todo… Vos sabes por qué se fue papá de casa…
JUAN: Mamá lo echó…
FELIPE: El viejo se fue.
JUAN: Vos decías que era por el golpe…
FELIPE: No era el golpe, era la vida íntima con mamá.
JUAN: ¿Vos creés que tiene que ver con Elisa?
FELIPE: ¿Cómo te llevabas en la cama con Elisa?
JUAN: Bueno…yo… acababa rápido.
FELIPE: Ah…
JUAN: Me controlaba… pensaba en otra cosa, pero igual.
FELIPE: ¿No consultaste a nadie?
JUAN: ¿Cómo se te ocurre?
FELIPE: Podrías haberlo hablado conmigo.
JUAN: ¿Y que te rieras de mí?
FELIPE: Hasta a papá le pasaba.
JUAN: A papá no le pasaba nada.
FELIPE: Yo hablaba con él… Viví con él… ¿Por qué creés que la vieja no me lo perdona?
JUAN: Te habrías reído de mí si te cuento.
FELIPE: Hermanito, tenés razón. En esos tiempos era tan pelotudo que quizás me hubiera reído de vos. Papá estaba vivo… Creía que me las sabía todas… Ahora no… Yo también algunas veces acabé rápido, también algunas veces no hay función… De todo.
JUAN: No se te…
FELIPE: A veces.
JUAN: ¿Vos? ¿Impotente? ¿Sos impotente?
FELIPE: ¿Estás pidiendo un trago? ¡Un impotente on the rocks, por favor! Y una ejaculatio praecox con naranja…
JUAN: No es broma… Pero confesar tu impotencia…
FELIPE: No soy impotente. Dos o tres veces que no se me paró…
JUAN: ¿Y Carla que hizo?
FELIPE: No me pasó con Carla. No importa con quién. Y me puede pasar de nuevo y mejor no pensar en eso.
JUAN: Bien buena. Yo acomplejado y el famoso Felipe es impotente.
FELIPE: No seas desgraciado, hermano.
JUAN: Jamás me acosté con una novia tuya.
FELIPE: No supe que era novia tuya y me temo que ella tampoco…

BOFETADA DE JUAN.

JUAN: ¡Yo siempre quise a Elisa!
FELIPE: Pero…
JUAN: Y ella siempre me dijo: ¡Debí haberme casado con tu hermano! ¡Mucho más hombre! ¡Mucho más divertido! Yo le decía, es un hijo de puta, se mete con todas las minas que se le ponen delante… Y ella me dijo: quiero un hombre, un hombre.

FELIPE LO ABRAZA CONMOVIDO.

FELIPE: Sos todo un hombre, Juan. Debe haber estado enrabiada. No debiste hacerle caso. Hermanito…. Siempre envidié tu solidez… De verdad… Podría haberte ayudado más… Siempre… hubiera querido ser como vos.
JUAN: ¿Qué hago?
FELIPE: Con Alondra nada. 
JUAN: Me vuelve loco…
FELIPE: Mirá, Juan, ¿por qué no nos vamos este fin de semana… a Miramar?
JUAN: Está venido a menos… Ni loco.
FELIPE: Por eso. Creo que tenemos mucho que hablar…
JUAN: ¿Y si alguien me ve en ese lugar de mierda?
FELIPE: Los mejores años de nuestra vida los pasamos en Miramar.
JUAN: Pero… soy… un miembro selecto de este club… ¿Qué va decir Elisa?
FELIPE: ¿Elisa?
JUAN: Se volvió una mujer celosa, distante, terrible. Se da cuenta que estoy enamorado de otra… ¡Y soy monógamo!… ¡Sólo amo a Alondra!
FELIPE: Juan… es mejor tomar distancia…
JUAN: Además… no te conté lo peor.
FELIPE: ¿Qué?
JUAN: Me la presentó Nico.
FELIPE: ¿Nico?
JUAN: Sí, me dijo que era la mujer de sus sueños… la mujer de su vida.
FELIPE: ¿Es su novia?
JUAN: No, no es su novia. Son compañeros, amigos… pero ella…
FELIPE: ¿Ella qué?
JUAN: Ella me dijo que lo encuentra muy… inmaduro.
FELIPE: ¿A Nico?
JUAN: ¿A quién más? ¿Qué insinúas?
FELIPE: Nada, digo que encuentra inmaduro a tu hijo…
JUAN: Como vivió afuera… Es una mujer hecha y derecha… Siente que es un nene…. Mi Nico…
FELIPE: ¿Qué?
JUAN: La adora. 
FELIPE: Nico. A Alondra.
JUAN: Está locamente enamorado.
FELIPE: Dios nos guarde…
JUAN: Y me dijo que siempre había pensado en un hombre con experiencia… en un hombre hecho y derecho… que se sentía muy mayor para la gente de su edad… que… si me hubiera conocido en otro momento… si no fuera el padre de Nico… si no estuviera casado…
FELIPE: Que se sentía profundamente atraída por vos…
JUAN: Sí… y yo le dije…
FELIPE: Que te sentías profundamente atraída por ella…
JUAN: ¿Es necesario que me hables con ese tonito de suficiencia? ¿Te trato así alguna vez?
FELIPE: No, pero esas cosas… las dijimos todos…
JUAN: ¿Y por qué no las puedo decir yo? ¿Porque soy monógamo? ¿No tengo derecho a que mi corazón estalle de dolor alguna vez? ¿Qué hago? ¿Y si Alondra es la mujer de mi vida?
FELIPE: No existe la mujer de tu vida.
JUAN: Ah, claro. Después que probaste todo el frutero llegás a esa conclusión. Elisa era la mujer de mi vida. Quise que lo fuera. Esto no me había pasado nunca. Yo me dije: una sola mujer en mi vida. Una sola. Voy a separarme.
FELIPE: ¡Juan! ¡Estás loco!
JUAN: ¿Y qué hago? Hoy hablo con Alondra. Y después con Elisa…
FELIPE: Calma, hermanito.
JUAN: No soy un cínico adúltero como vos… Soy monógamo… ¡Hace diez días que no duermo!
FELIPE: Juan, no… ¿Qué te pasa? Es la novia de Nico…
JUAN: No es la novia de mi hijo.
FELIPE: Estás casado.
JUAN: La verdad y la sinceridad antes que todo.
FELIPE: A veces no hay nada más peligroso que la verdad y la sinceridad. 
JUAN: Vos y tu moral acomodaticia… Vos, el “consecuente”. ¡Siempre fuiste un hipócrita! Yo no puedo faltar a mi moral… ¿Sabés qué siento cuando entro a casa y la veo a Elisa de lo más campante y guapa y madura y leal… pero… inalcanzable?
FELIPE: Juan, tengo algo que decirte.
JUAN: Hasta pensé en hacerme cura.
FELIPE: Juan, escuchame… Vos y Elisa…
JUAN: Me voy a separar y me voy a ir a otro país. Voy a pedir un traslado temporario. Voy a esperar que esto se me pase y volver a los brazos de mi legítima esposa. ¿Será lo mejor? Me queda una hora, Felipe… Alondra, lo nuestro no puede seguir… Elisa, lo nuestro no puede seguir… ¿Qué hago?
FELIPE: Elisa…. estuvo saliendo con alguien…
JUAN: ¡Elisa! No me hagas reír… ¡Esa esfinge! Odia el sexo, odia todo lo romántico…
FELIPE: Con vos. No quería que lo supieras. No tenías por qué saberlo. Creo que ustedes se quieren pero tienen que entender que la fidelidad….
JUAN: Es relativa… ¿no? ¡Cínico!
FELIPE: No, no digo eso. Es difícil. Es muy difícil.
JUAN: ¿Con quién salió?
FELIPE: No es lo más importante.
JUAN: ¿Con quién salió? El último en enterarme. Yo, lleno de culpa por lo de Alondra y Elisa, la muy puta…
FELIPE: No me consta que haya tenido nada sexual, pero…
JUAN: Pero qué… ¿Se mandaron flores? ¿Poemas?
FELIPE: Como vos con Alondra….
JUAN: Estás mintiendo. Estás celoso. Tenés celos de mi sólida relación con Elisa. Tenés envidia de lo atractivo que puedo ser para una muchacha de veinte años. Tenés envidia de mi absoluta y coherente monogamia. Hermano, siempre fui mejor que vos…
FELIPE: Es muy probable. 
JUAN: ¿Qué?
FELIPE: Que hayas sido y seas mejor que yo.
JUAN: Pero vos sos el artista famoso, ¿no? ¿No es injusto? Y ahora me decís que tengo que renunciar a mi pasión….
FELIPE: No quiero que sufras.
JUAN: Sufro lo que quiero. No necesito de tu paternalismo. Ni de tus consejos. Nadie te da derecho a decirme qué hago con mi vida. Nadie… Además, ya no acabo rápido…
FELIPE: ¿Cómo lo sabes?
JUAN: Con Alondra tenemos un sexo espléndido…
FELIPE: Pero si hace un rato me dijiste…
JUAN: Ella me ama. Yo la amo. Eso es todo.
FELIPE: ¿Pero no querías olvidarla…?
JUAN: ¡Claro que sí! ¿Por qué crees que te llamé? ¡Para que me ayudes! ¿Y cómo me ayudás? Diciéndome que soy un eyaculador precoz, que mi mujer me engaña, que Alondra es una puta adolescente, que soy un imbécil, que todos las monógamos somos unos pelotudos…
PAUSA.

FELIPE: ¿Querés saber la verdad? ¿Vas a ser capaz de oírla sin chillar?
JUAN: Bueno.
FELIPE: ¿Estás calmado?
JUAN: Sumamente calmado.
FELIPE: Dejá de mover los pies.
JUAN: No los estoy moviendo.
FELIPE: Estás moviéndolos.
JUAN: ¡Son mis pies!
FELIPE: Con Elisa nos vemos todas las semanas.
JUAN: ¡Hijo de puta!
FELIPE: Silencio que te echan del club.
JUAN: Hijo de puta…
FELIPE: Al final si querés me pegas, pero primero me escuchás.
JUAN: Eras vos… siempre el culpable de mis desgracias…
FELIPE: No nos tocamos. Solamente almorzamos y me habla de vos. Y me dice que se siente mal. Que quiere arreglar las cosas. Que no sabe qué le pasa.
JUAN: Te acostaste con ella.
FELIPE: No. No.
JUAN: Te acostaste con ella… Te acostaste con mi esposa. ¿Cuándo? ¿Dónde?
FELIPE: No la toqué.
JUAN: Claro, te parece vieja, fea, arrugada. Total, es la esposa de tu hermano…
FELIPE: No, me parece una mujer muy atractiva, muy confundida y que necesita conversar con su marido y no sabe cómo hablar con él.
JUAN: ¿No te acostaste con ella?
FELIPE: Ni siquiera se habló del asunto.
JUAN: ¿Y por qué se encuentran?
FELIPE: Me tiene confianza, qué sé yo…
JUAN: A ella no la mandaste a un profesional. A mí sí. El loco soy yo.
FELIPE: Sí, le dije que pidiera ayuda.
JUAN: ¿Es cierto?
FELIPE: Sí, es toda la verdad.
JUAN: No, no es.
FELIPE: No te miento, Juan. De veras.
JUAN: Yo te mentí.
FELIPE: Bueno, fuiste poco a poco contándome todo… 
JUAN: No, te mentí.
FELIPE: Sos incapaz de mentir.
JUAN: Eso crees vos.
FELIPE: Juan, nunca me mentiste… Sos mi hermano menor…
JUAN: Ella ya me había contado que se encontraba con vos.
FELIPE: Para que veas lo inocente del asunto…
JUAN: Para ella no. Siente que se equivocó de hermano ¿Entendés? Está enamorada de vos. Del tío de sus hijos.
FELIPE: No, no es así…
JUAN: Sí, es así… Nos guste o no, es así.
FELIPE: El mejor de los dos sos vos, Juan.
JUAN: Además… Carla también lo sabe.
FELIPE: ¿Carla? ¿Qué tiene que ver en esto?
JUAN: Es tu pareja, ¿no?
FELIPE: No me dijo nada.
JUAN: Yo se lo dije.
FELIPE: ¿Qué me quieres decir?
JUAN: Me acosté con Carla, Felipe.
FELIPE: ¿Vos?
JUAN: Yo, el enclenque, el bueno para nada, el frío, el puntual, el boludo.
FELIPE: El monógamo.
JUAN. El monógamo.
FELIPE: ¿Con Carla? ¿Qué estás tratando de hacer?
JUAN: Lo hecho, hecho está… Estuvimos juntos… Me acosté con ella… Quería ponerme en tu lugar… Ya no importa.
FELIPE: Me estás mintiendo.
JUAN: ¿Creés que solamente vos podés ser el que ríe al final? 
FELIPE: Está bien. Saquémonos las caretas… Carla me lo contó. Lo sé. No se acostaron.
JUAN: Nos acostamos.
FELIPE: Casi se acostaron… Fueron momentos difíciles. Ella se angustió con lo de Elisa. Pero vos no pudiste.
JUAN: ¡Pude! ¡Claro que pude!
FELIPE: ¿Importa eso ahora? Hablemos claramente. Lo sé todo. Lo sabés todo. Lo hablé con Carla. Lloré con ella. Ella y yo sabemos lo difícil que es esto. La adoro. Creo que me quiere. No puedo hacer nada para controlarla. Tengo que confiar en que no se va a ir. Lo que sé es que si tenemos problemas los hablamos.
JUAN: ¿Te dijo que no pude?
FELIPE: No me pidas detalles. Yo no se los pedí.
JUAN: Bueno, con Alondra pude. Y puedo. Y voy a poder.
FELIPE: ¿Por qué no hablas con Elisa?
JUAN: ¿Yo? ¿Con esa traidora? Alondra es pura, sana, limpia.
FELIPE: Es una pendeja, Juan.
JUAN: Pero es el futuro. Es distinta. ¿No me puedo dar una vida distinta? Vos te la diste.
FELIPE: ¡Y sufrí un infierno!
JUAN: Bueno, ahora me toca sufrir a mí. Casi me acosté con Carla, quiero que lo sepas. Tuviste suerte. Tu maldita buena estrella. Pero apareció Alondra en mi vida.
FELIPE: Y vas a lastimar a tu hijo. El no te hizo nada.
JUAN: Se ríe de mí. Me dice que soy un viejo, se burla de mis costumbres, me saca el auto.
FELIPE: Es inmaduro.
JUAN: ¿Y por eso tiene licencia para matar? Bueno, llegó la hora de ser inmaduro. Ahora me toca a mí.
FELIPE: Elisa te quiere…
JUAN: No, te quiere a vos. Y Nicolás te admira. Y Pachi siempre dice que quisiera tener un padre como el tío Felipe. Y Carla te es fiel, la muy puta ¿Te das cuenta cómo se fueron invirtiendo los papeles? Ahora sos vos el monógamo, el formal, el correcto, el ideal. Y yo me voy a dar el gusto de ser el que hace lo que quiere. Y lo que quiero es Alondra.
FELIPE: La conozco.
JUAN: No me digas que también…
FELIPE: Nico me la presentó. Es un bombón. Linda y con una gran confianza en sí misma. Como era yo, como era Andrea, como fuimos todos alguna vez. Vos no, vos eras distinto. Eras más riguroso.
JUAN: No…. No me lo digas… ¿Te acostaste con Alondra?
FELIPE: No. Pero… también me dijo lo de Nico.
JUAN: ¿Qué cosa?
FELIPE: Que a tu hijo lo encontraba muy chico para ella, que buscaba un hombre más maduro.
JUAN: Te acostaste con Alondra…
FELIPE: No, no, jamás… ¿Querés saber la verdad?
JUAN: ¿Hay alguna mujer con la que no te hayas acostado?
FELIPE. Muchas, infinitas… Ya no me interesa. No soy un coleccionista… ¿Querés saber la verdad de lo que pasó con… Alondra?
JUAN: ¿Queda otra salida?
FELIPE: La miré a los ojos. Preciosos, de verdad, preciosos, un cuerpo de morirse. Y le dije que ya era un lobo viejo. Que sabía que no somos los hombres los que elegimos. Que ella estaba en plena cacería y yo ya no tenía ganas ni necesidad de sentirme el rey de ninguna selva ni el macho de ninguna película. Si quieres contárselo a Carla, ya lo sabe. Se dio cuenta ni bien la vio. Siempre hablamos. Ella se da cuenta cuando una mujer me mira. Yo me doy cuenta cuando alguien la mira. Sabemos que si estamos juntos es porque queremos. Podríamos tener otras parejas. No queremos. ¿Sabes por qué te aceptó?
JUAN: Por lástima ¿no? Para hacerle un favor al hermanito menor.
FELIPE: No. Se sintió muy atraída. Me dijo: tu hermano tiene algo muy pero muy atractivo pero no lo sabe… Tiene que encontrar una mujer que lo ame, pero primero tiene que darse cuenta el hombre que es.
JUAN: Yo sé perfectamente… el hombre que soy. 
FELIPE: No, no lo sabés… yo tampoco lo sabía. Y no soy ninguna maravilla… Vos… Nos la pasamos comparándonos… Ellas saben… Ellas son las que nos enseñan… Elisa no pudo enseñartelo… Alondra a lo mejor… No sé… No quiero que sufras… Hacé lo que quieras… Yo te quiero mucho, y voy a estar ahí, siempre… Soy tu hermano… Y, de verdad, Juan, te quiero y te admiro.
JUAN: ¿Me admirás?
FELIPE: Te admiro.
JUAN: ¿Por qué?
FELIPE: Te va bien en la vida… Tenés una familia fantástica…
JUAN: ¡Una familia burguesa! ¡Con una mujer de hielo! ¡Llena de reuniones de padres y grupos de reflexión y boludeces! Autito, playita, resort, viaje a Disneylandia, cumpleaños…
FELIPE: ¡Esas no son boludeces! Son cosas de la vida.
JUAN: ¿Qué sabés vos? Son boludeces.
FELIPE: Bueno, son boludeces… La vida, hermano, se hace a punta de boludeces… Maravillosas y pequeñas boludeces…
JUAN: ¿Y el amor? ¿Y la pasión?
FELIPE: No sé.
JUAN: Tenés que saberlo, sos mi hermano mayor.
FELIPE: Estamos igual de perdidos, Juanito.

PAUSA.

JUAN: Pipe… ¿creés que Alondra me quiere?
FELIPE: Puede ser.
JUAN: ¿Para siempre?
FELIPE: ¿Quién quiere para siempre? ¿Quién puede asegurarlo?
JUAN: ¿Elisa me quiere?
FELIPE: Nunca se deja de querer. Nunca. Nunca se olvida. No vas a olvidar a Alondra. Ni a Elisa. No hay monogamia posible. Yo nunca olvidé a Daniela. Ni a Andrea. Amo a Carla. No la voy a olvidar nunca. 
JUAN: No ayudaste en nada. ¿Te das cuenta? Voy a ver a Alondra y no sé qué decirle…
FELIPE: No. Me temo que no. Puedo quererte, ayudarte, bancarte, pero no puedo vivir tu vida.
JUAN: Me da miedo equivocarme, Pipe.
FELIPE: Te da miedo vivir, Juanito. Siempre te dio miedo. Y tenías razón. Nos arrepentimos igual. Por el dolor de vivir o la tristeza de no haber vivido.
JUAN: Parece un tango.
FELIPE: Es.
JUAN: ¿Esto es amor, Felipe? ¿Es amor? Si no lo sabes vos quién lo puede saber… Sos mi hermano mayor… ¡No me falles ahora! ¿No tenés nada que decir? ¿Qué hago?
FELIPE: Cuidate, cuidate mucho.
JUAN: ¿Tenés un encendedor?
FELIPE: ¿Un encendedor?
JUAN: Sí, un encendedor… Ah, el Ronson de los viejos tiempos…
FELIPE: Boludeces de pendejos..
JUAN: Así, en los vaqueros…
FELIPE: Te vas a destrozar los pantalones…
JUAN: Me da lo mismo.
FELIPE: Es lindo el traje
JUAN: ¿Te gusta? ¿En serio? Gracias… Italiano…
FELIPE: Quédatelo.
JUAN: ¿Me lo regalás?
FELIPE: Sí, pero no te destroces los pantalones.
JUAN: Siempre quise tener uno. A lo Bruce Springsteen… En los vaqueros…
FELIPE. El viejo me regaló el primero.
JUAN: Fumaba Particulares el viejo…
FELIPE: Fumar hace mal… Juan… Nunca fumaste…
JUAN: Hay que vivir ¿No es cierto, hermano? Papá decía eso. Estábamos como la mierda y decía lo mismo. Corrían con mamá de la mano…
FELIPE: Por Miramar… Deberíamos habernos quedado en Caballito.
JUAN: Jugábamos a los soldaditos, al ludo…
FELIPE: Sí, pero te hacía trampa…
JUAN: Me daba cuenta.
FELIPE: ¿Sí?
JUAN: Pero… eras mi hermano mayor…
FELIPE: ¿Qué hacemos, Juan?
JUAN: Vivir…

FIN

Marco Antonio de la Parra.
Todos los derechos reservados Buenos Aires, Argentina. Septiembre de 2000 – CELCIT. Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral

CULTURA Y FOLKLORE

Por Pedro Banoviez
Formado en Antropología Social en la Universidad de Chile
Fundador de la Corporación Cultural Nuevo Horizonte de Paine
Ex Profesor e investigador en Historia de Chile Contemporáneo (UMCE).
Ex Director del periódico El Colono, de Traiguén.
Ex Director de Extensión Cultural y Comunicación Social, Universidad de La
Frontera, Temuco.

Cuando se habla de “cultura” o lo “cultural”, estamos frente a una polisemia, o sea, frente a una palabra que tiene varios significados. Hay tres grandes dimensiones semánticas, de significado, del término “cultura”, dentro de las cuales a su vez hay algunas variaciones.

La cueca (Chile central)

El primero es un nivel que podríamos llamar planetario, donde “cultura” aparece contrapuesto a “naturaleza”, lo natural, por un lado, lo que es propio de la naturaleza de las cosas, lo cultural por otro lado, todo lo que ha sido hecho por el hombre. Allí nos encontramos con la agricultura, o sea, la cultura agrícola; la mano cultura, todo lo que es producido, lo que no es heredado de la naturaleza. También hablamos de ideo cultura, todas aquellas manifestaciones del pensamiento, las creencias, las costumbres.

Un segundo nivel de uso del término “cultura” es el que podríamos llamar de la sociedad. De acuerdo a este, “cultura” es todo lo que es transmitido de generación en generación en una comunidad o en una sociedad determinada y que identifica a esta. Se trata, entonces, de una idea caracterizada por la transmisión generacional y la identidad. Aquí entra el folklore, lo tradicional, lo identitario en un sistema social concreto. Como una sociedad es un sistema, desde el otro lado de la medalla, los sistemas forman parte de sistemas mayores o suprasistemas, pero también cuentan en su interior con subsistemas. Si tomamos, por ejemplo, la sociedad y cultura chilena como un sistema, este forma parte de un sistema mayor, como puede ser el supra sistema de todas las sociedades castellano parlantes de América. Mientras que hacia su interior hay subsistemas, llamados también subculturas, como son las distintas tradiciones locales, regionales o de determinados conjuntos de personas dentro de la sociedad. Allí encontramos las subculturas de los mineros, de los pescadores, de los huasos, etc.

Una chingana

Hay también un tercer nivel en el que se usa la palabra “cultura”, que podríamos llamar “de las personas” por ser independiente de una sociedad determinada. Se trata del cultivo de expresiones intelectuales y artísticas que trascienden el condicionamiento social. Surge entonces la apreciación de un patrimonio que trasciende las sociedades. Allí encontramos la música, la literatura, la filosofía, las humanidades en general.

Dentro de este nivel también está todo lo que podemos considerar como innovación, que responde a la creatividad de las personas. Como esta creatividad al surgir de una o más personas no es algo tradicional, puesto que no ha sido traspasada de una generación a otra, cuando es asimilada por la sociedad, recién entonces pasa a ser un elemento cultural, en el sentido de que forma parte del patrimonio que se transmite de una generación a otra. El folklore, por lo tanto, es una parte de la tradición, de la cultura de un pueblo determinado. Aquello que es creatividad personal o grupal que se inspira en el folklore está en el último nivel mencionado, el de la creatividad, a la espera de ser asimilado por la sociedad. Si ello ocurre, y la innovación pasa de una generación a otra, entonces pasará a formar parte el folklore, de la tradición, de la cultura en el sentido identitario de una sociedad.

Clases de cueca
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Huasos en La Victoria, Paine
Huasos en La Victoria, Paine